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sobre Villalcampo
Municipio cercano a la confluencia del Esla y el Duero; destaca por su puente y el paisaje de los Arribes
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En el extremo occidental de Zamora, donde la meseta castellana se despide antes de fundirse con las tierras lusas, Villalcampo se alza sobre un promontorio a unos 778 metros de altitud. Este pequeño municipio de alrededor de 400 habitantes forma parte de la histórica comarca de Aliste, una de esas esquinas de Castilla y León donde todavía se escucha a la gente hablar en la calle, donde el invierno se nota y donde el verano son los que se fueron volviendo por unos días.
Villalcampo no es solo un tranquilo pueblo alistano. Su nombre suena en el panorama energético español por la presa que lleva su nombre, una de las grandes obras de ingeniería del Duero que ha transformado el paisaje creando un extenso embalse. Esa mezcla de pueblo rural de siempre y gran infraestructura da una imagen muy concreta: tractores, chimeneas y gallinas, sí, pero también torres eléctricas y un río domado en forma de lago.
La arquitectura popular de piedra y adobe, las amplias vistas sobre el río Duero y la cercanía a Portugal hacen de Villalcampo un buen punto de base para quien quiere desconectar del bullicio urbano y asomarse con calma a una comarca auténtica, poco masificada y sin demasiadas concesiones al turismo… ni falta que le hace.
¿Qué ver en Villalcampo?
El patrimonio de Villalcampo se concentra en su casco urbano, donde la iglesia parroquial preside la vida del pueblo con su sobria arquitectura tradicional. Pasear por sus calles permite descubrir la arquitectura popular alistana, con casas de piedra, portones de madera y corredores que recuerdan tiempos en que la vida rural seguía otros ritmos. No esperes un casco histórico monumental ni calles peatonales de postal, sino un pueblo vivo donde aún se ven cuadras, huertos y corrales mezclados con casas reformadas.
El gran protagonista paisajístico es el embalse de Villalcampo, creado tras la construcción de la presa en los años cincuenta. Con más de 60 metros de altura, esta infraestructura del Duero ha generado un lago artificial que se extiende por el cauce del río, creando un entorno que, según la luz del día, puede parecer desde plácido pantano hasta río encajonado. Los miradores naturales del entorno permiten buenas vistas sobre las aguas y los cañones que el Duero ha excavado durante milenios; conviene preguntar en el pueblo por los puntos más accesibles, porque no todo está señalizado y algunos accesos tienen su truco.
La ubicación de Villalcampo permite también acercarse al paisaje de Aliste, con dehesas de encinas y robles, prados comunales y un horizonte amplio donde la vista se pierde entre ondulaciones suaves. Es un territorio interesante para los aficionados a la ornitología: por aquí sobrevuelan especies como el buitre leonado, el águila real y otras rapaces, aunque verlas ya es cuestión de paciencia, prismáticos y suerte.
Qué hacer
El embalse de Villalcampo se ha convertido en el centro de las actividades al aire libre de la zona. La pesca deportiva atrae a aficionados de toda la región, especialmente en busca de especies como la carpa y el black bass. Las orillas del embalse cuentan con varios puntos de acceso donde pasar una jornada tranquila junto al agua; mejor informarse antes de las zonas permitidas y de la normativa [VERIFICAR], porque cambia según la época y no todo lo que “parece buen sitio” lo es a efectos legales.
Para los amantes del senderismo, los caminos rurales que rodean el pueblo permiten realizar rutas de diferente dificultad, todas con el mismo denominador común: caminos de tierra, campos, cortinas de piedra y mucho silencio. Un paseo hasta los miradores sobre el Duero tiene su recompensa con las panorámicas que mezclan el azul del agua con los ocres de la tierra alistana, pero conviene ir con tiempo y buen calzado: aquí las distancias engañan y las cuestas, vistas en el mapa, parecen más suaves de lo que luego son.
La gastronomía es otro de los grandes atractivos. La comarca de Aliste es tierra de productos de calidad: carnes de vacuno, embutidos artesanos, quesos y la célebre ternera de Aliste. En el pueblo y sus alrededores es posible probar platos tradicionales como el arroz alistano, las patatas con costilla o el bacalao a la tranca, casi siempre en raciones abundantes y sin demasiadas florituras. Cocina de mesa camilla, más que de foto para redes.
La cercanía a Portugal (apenas unos kilómetros separan Villalcampo de la frontera) invita a realizar escapadas transfronterizas, descubriendo pueblos transmontanos y enlazando, si se quiere, con otros tramos del río Duero ya en territorio luso. Es un “salto” cortito, de los que se hacen en media mañana sin darse cuenta.
Fiestas y tradiciones
El calendario festivo de Villalcampo mantiene vivas las tradiciones alistanas. Las fiestas patronales se celebran en verano, generalmente en agosto, con verbenas, procesiones y comidas populares que reúnen tanto a vecinos como a emigrantes que regresan para estas fechas. Es cuando el pueblo pasa de la calma absoluta al “no cabemos en la plaza” en cuestión de dos días.
Como en toda la comarca, San Antón (mediados de enero) se celebra con hogueras y bendición de animales, manteniendo una tradición ganadera centenaria. La Semana Santa, aunque sin las grandes procesiones de otras localidades, se vive con recogimiento y con ese silencio que en los pueblos se nota más.
Las romerías a ermitas cercanas y los bailes tradicionales forman parte del acervo cultural que los vecinos se esfuerzan por transmitir a las nuevas generaciones, muchas veces más como excusa para juntarse que como acto folklórico pensado para turistas. Si caes por allí en esas fechas, serás más espectador que “cliente”, y esa es parte de la gracia.
Si solo tienes…
Si solo tienes 1–2 horas
- Paseo tranquilo por el casco urbano y entorno de la iglesia.
- Subir a algún punto alto del pueblo para asomarte al valle y situar el embalse en el paisaje.
- Tomar algo (si hay abierto) y charlar un rato: en media conversación ya te salen dos o tres pistas de sitios cercanos a los que ir.
Si tienes el día entero
- Mañana de paseo por el pueblo y ruta corta hacia algún mirador sobre el Duero.
- Comida en la zona (con reserva o previsión, según época).
- Tarde de coche: recorrido por carreteras secundarias hacia otros pueblos de Aliste o escapada exprés a Portugal, enlazando con más tramos del río.
Lo que no te cuentan
Villalcampo es pequeño y se ve rápido. El paseo por el casco urbano y la zona de la iglesia se recorre sin prisa en una mañana corta. El resto del tiempo tiene sentido si lo combinas con rutas por el embalse, pueblos cercanos de Aliste o una escapada a Portugal. Si llegas pensando en “hacer base una semana” en el pueblo en sí, puede que al tercer día se te quede corto, salvo que vengas a leer, pescar y pasear.
Las fotos del embalse y los cañones del Duero pueden llevar a pensar en un “gran cañón” continuo. No es eso: hay tramos muy espectaculares y otros más llanos, y el nivel del agua cambia mucho según la época y la gestión de la presa [VERIFICAR]. Si vas solo a por la foto de postal, puede que te lleves una imagen distinta a la que tenías en mente, pero ganarás en una cosa: la sensación de estar en un Duero real, de uso diario, no de catálogo.
Errores típicos
- Subestimar distancias y tiempos: en el mapa todo parece cerca, pero entre curvas, carreteras secundarias y paradas improvisadas en miradores se te va el día. Calcula con margen, sobre todo si quieres enlazar varios pueblos o saltar a Portugal.
- Ir sin margen de comida: no siempre vas a encontrar bares abiertos a cualquier hora, y menos fuera de verano o fines de semana. Lleva algo en el coche por si acaso y no des por hecho que habrá menú del día a las cuatro.
- Confiarse con la señalización: algunas rutas y accesos al embalse no están bien marcados. Mejor preguntar en el pueblo o llevar el recorrido descargado en el móvil, porque la cobertura tampoco es maravillosa en todos los puntos.
¿Cuándo visitar Villalcampo?
La primavera (abril-mayo) y el otoño (septiembre-octubre) suelen ser los momentos más agradecidos: temperaturas suaves, campos verdes o ya dorados y el embalse con un nivel de agua razonable, en general. El verano puede resultar caluroso en las horas centrales, pero las noches refrescan y es cuando hay más ambiente en el pueblo. En invierno, el frío y la niebla pueden ser protagonistas; a cambio, tendrás la zona casi para ti solo y un ambiente muy de vida cotidiana, con chimeneas encendidas y poco ruido.
Si hace mal tiempo, los paseos se reducen, pero el pueblo y la carretera hacia la frontera siguen teniendo ese punto de “fin de mundo” que Aliste conserva bastante bien. Eso sí: trae ropa de abrigo y plan B que no dependa de estar todo el día al aire libre.