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sobre Lerma
Villa ducal barroca que domina el valle del Arlanza; conjunto histórico artístico de gran monumentalidad
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Desde la atalaya del Palacio Ducal, la llanura castellana se abre en todas direcciones: campos de cereal, alguna línea de chopos siguiendo el curso del Arlanza y, en medio, el cerro calcáreo sobre el que se asienta Lerma. El municipio está a unos 38 kilómetros de Burgos, en un punto que históricamente controlaba el paso entre el valle del Duero y la meseta norte. El asentamiento es antiguo —suele mencionarse presencia vaccea en la zona—, pero el aspecto actual del pueblo responde sobre todo a una operación política muy concreta de comienzos del siglo XVII.
La ciudad que levantó un valido
A finales del siglo XVI, Francisco Gómez de Sandoval y Rojas se convirtió en el hombre fuerte de la corte de Felipe III. Como duque de Lerma, decidió transformar esta localidad burgalesa en una residencia ducal capaz de acoger a la corte.
Entre los primeros años del siglo XVII se levantaron el palacio, la colegiata, varios conventos y una plaza mayor de dimensiones poco habituales en un pueblo de este tamaño. La intervención fue tan profunda que la trama medieval quedó prácticamente absorbida por el nuevo proyecto urbano.
La Plaza Mayor sigue siendo el centro de todo. Es un espacio amplio, porticado en parte, presidido por estatuas ecuestres de monarcas vinculados a la historia de la villa. Desde aquí parten varias calles rectas que organizaban el conjunto: hacia el palacio, hacia la colegiata y hacia los antiguos conventos. Más que crecer de manera espontánea, la Lerma actual fue diseñada para escenificar poder.
El palacio sobre la plaza
El Palacio Ducal domina el lado norte de la plaza con una fachada larga y sobria de piedra rojiza. No es un palacio ornamental, sino un edificio severo, casi militar, donde la repetición de balcones y ventanas crea una sensación de orden muy marcada.
El patio interior, cuadrado y porticado, recuerda a la arquitectura clasicista que se estaba desarrollando en España en esa época. La comparación con El Escorial aparece a menudo cuando se habla del edificio, aunque aquí las dimensiones son más contenidas.
Desde mediados del siglo XX el palacio funciona como alojamiento gestionado por la red pública de paradores. La intervención permitió recuperar el edificio y mantenerlo en uso, algo que no siempre ocurre con construcciones de este tamaño. Desde la parte alta del conjunto se entiende bien la posición estratégica del pueblo: el Arlanza serpentea por el fondo del valle y, más allá, el paisaje se vuelve casi horizontal.
Colegiata y conventos
Adosada al palacio está la Colegiata de San Pedro, creada a comienzos del siglo XVII tras una autorización papal que elevó su rango dentro de la diócesis. El exterior es bastante sobrio, pero el interior conserva retablos barrocos y una orfebrería religiosa notable.
El proyecto del duque incluía también varios conventos alrededor de la plaza y en las calles cercanas. Formaban una especie de cinturón religioso vinculado a la corte que se instalaba aquí en determinadas temporadas.
De aquellos edificios, algunos han cambiado de uso con el tiempo. El convento de Santa Clara sigue ocupado por una comunidad de clausura, mientras que otros espacios conventuales se utilizan hoy para actividades culturales o institucionales. En uno de ellos fue bautizada en 1610 una hija de Felipe III, episodio que da una idea de la importancia que llegó a tener Lerma durante esos años.
Cocina de horno y producto de la tierra
La cocina de Lerma se parece mucho a la del resto de la provincia de Burgos: platos directos, ligados al producto y al horno de leña. El lechazo churro asado sigue siendo el referente en la zona, preparado de forma bastante sencilla, con agua y sal, en cazuela de barro.
También aparecen embutidos de la matanza —morcilla de Burgos con arroz, chorizo, lomo curado— y guisos de cerdo que se cocinan despacio. En los alrededores hay tradición ganadera y cerealista, así que el pan, los quesos de oveja y la miel de la comarca forman parte habitual de la mesa.
A lo largo del año se celebran ferias y fiestas ligadas al calendario tradicional. La de San Blas, a comienzos de febrero, suele reunir puestos y actividad en la plaza mayor, mientras que las fiestas de San Pedro marcan el inicio del verano en el pueblo.
El Arlanza como eje de la comarca
Lerma suele visitarse junto a otros dos lugares cercanos: Covarrubias y Santo Domingo de Silos. Los tres forman lo que a veces se llama el triángulo del Arlanza, una pequeña ruta por esta parte del sur de Burgos.
La carretera que sigue el valle conecta los tres en pocos kilómetros. Por aquí también pasa el Camino de la Lana, una de las rutas jacobeas que atraviesan el interior de la península camino de Burgos.
Cerca de Silos está el desfiladero de La Yecla, una garganta estrecha excavada por el río entre paredes de roca. Desde los miradores del entorno se entiende bien la geografía de esta comarca: valles encajados, páramos abiertos y pueblos que suelen aparecer en lo alto de pequeños promontorios, como ocurre en Lerma.
Cómo organizar la visita
El casco histórico se recorre andando sin dificultad. La plaza mayor, el palacio, la colegiata y el entorno de los antiguos conventos se ven en poco tiempo.
Se puede aparcar en las zonas habilitadas en la parte baja del pueblo y subir caminando hacia la plaza. Los fines de semana suele haber bastante movimiento, sobre todo de gente que llega desde Burgos a pasar el día.
Con un par de horas se ve lo principal de Lerma. Si se combina con Covarrubias o Santo Domingo de Silos, la excursión ocupa fácilmente toda la jornada.