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sobre Cabrillanes
Corazón de la comarca de Babia; paisaje de alta montaña declarado Reserva de la Biosfera con gran tradición ganadera
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En el corazón de la comarca de Babia, Cabrillanes se sitúa a 1.249 metros de altitud como una de las puertas de entrada más claras a la montaña leonesa. Este municipio de algo más de 600 habitantes no es un gran destino turístico al uso, sino un territorio de pueblos dispersos, brañas y puertos de montaña donde la vida sigue girando alrededor del ganado y de las estaciones. Aquí el famoso “estar en Babia” tiene sentido: el silencio es real y la actividad, la justa.
Babia no es solo una comarca, es un paisaje cultural entero. Y Cabrillanes encaja bien en ese espíritu que mezcla alta montaña, trashumancia y una vida rural que no se ha convertido del todo en decorado. Rodeado de cumbres que superan los dos mil metros y atravesado por el río Luna, este territorio interesa a quien quiera caminar, entender cómo se ha vivido siempre en estos valles fríos y, sobre todo, bajar el ritmo.
La capital municipal, que da nombre al conjunto, se complementa con aldeas desperdigadas por el valle que conservan la arquitectura tradicional de piedra y pizarra, testimonio de siglos de adaptación al clima de montaña. Aquí, las casas se construyeron para resistir inviernos largos y duros, y ese carácter robusto pero acogedor resume bastante bien la esencia de todo el municipio.
Qué ver en Cabrillanes
El patrimonio de Cabrillanes se reparte entre sus diferentes núcleos, cada uno con su propia personalidad. En el pueblo principal está la iglesia parroquial de San Juan Bautista, un templo que combina elementos de diferentes épocas y que merece una visita tranquila. La arquitectura religiosa popular es uno de los hilos que vertebran el municipio, con pequeñas ermitas y capillas que salpican el territorio y recuerdan el peso de la religiosidad rural en estas montañas.
Pero el protagonista claro aquí es el entorno natural. Cabrillanes forma parte del Parque Natural de Babia y Luna, un espacio protegido de gran valor paisajístico y ganadero. Los picos de la Cordillera Cantábrica dibujan el horizonte, cambiando radicalmente de aspecto según la estación: en invierno, nieve y hielo; en primavera, agua por todas partes; en otoño, laderas de haya y roble encendidas en marrones y naranjas.
La Laguna de las Verdes es uno de los rincones más conocidos de la zona, un lago de origen glaciar que refleja las montañas circundantes. Para llegar hasta ella hay que tomarse la ruta como lo que es: una caminata de montaña, con desnivel y meteorología cambiante. No es un paseo corto desde el coche, así que conviene ir preparado y madrugar si vas en plena temporada.
Los pueblos que integran el municipio, como Mena de Babia, Piedrafita de Babia o Torre de Babia, conservan ejemplos de arquitectura tradicional babiana: hórreos, corredores de madera, muros de piedra y tejados de pizarra que se integran en el paisaje. No todo está restaurado ni pulido, y precisamente ahí está el interés: es un territorio vivo, con casas arregladas junto a otras cerradas o en ruina, como ocurre en muchos valles de montaña.
Qué hacer
Cabrillanes es territorio de senderistas, ganaderos y gente acostumbrada a andar. La red de rutas que surcan el municipio permite descubrir valles, puertos de montaña, brañas (pastos de alta montaña) y lagos glaciares. La Ruta de las Brañas es ya un clásico para entender cómo funcionaba la vida pastoril estacional: construcciones de piedra donde antiguamente los pastores pasaban el verano con el ganado, hoy muchas en desuso pero todavía legibles en el paisaje. Otra opción muy recomendable es la subida al Puerto de La Mesa, antiguo paso de comunicación entre Babia y el valle de Somiedo asturiano, con vistas amplias y esa sensación de estar caminando por un corredor histórico, no por una simple pista.
En invierno, la estación de esquí de San Isidro queda relativamente cerca, lo suficiente como para usar Cabrillanes como base si se busca nieve y un ambiente más tranquilo que el de los alojamientos a pie de pista. El esquí de fondo también tiene aquí cierto sentido, con rutas que serpentean entre zonas abiertas y pequeños bosques nevados cuando el invierno viene cargado. Conviene, eso sí, revisar el estado de las carreteras y no fiarse del tiempo solo por lo que se ve en el valle.
La observación de fauna funciona mejor si se tiene paciencia y horarios flexibles. La comarca de Babia es territorio de rebecos, corzos, jabalíes y una buena variedad de aves rapaces. No hay garantías de avistamientos espectaculares, pero madrugando y guardando silencio es fácil notar que el valle está muy lejos de estar vacío: huellas en el barro, cantos al amanecer y movimiento en las laderas ya cuentan parte de la historia.
La gastronomía babiana va en la misma línea que el paisaje: contundente y sin florituras. Aquí se elaboran quesos artesanales de oveja y vaca, embutidos de fabricación tradicional y el conocido cabrito asado, que no es un invento para turistas sino un plato de larga tradición en la zona. Los guisos de caza y las truchas del río completan una carta que habla de productos de la tierra, raciones generosas y poca complicación. No esperes grandes florituras de cocina creativa: aquí se come como en una casa de pueblo donde ha hecho frío todo el invierno.
Fiestas y tradiciones
El calendario festivo de Cabrillanes mantiene vivas tradiciones que vienen de lejos. Las fiestas patronales se concentran especialmente durante el verano, entre julio y septiembre, cuando cada pueblo celebra su día grande con procesiones, bailes y comidas populares. Es el momento en que muchos hijos del pueblo regresan desde las ciudades, y se nota: las casas se abren, la gente llena las plazas y los bares, y el ritmo del valle cambia por unas semanas.
En agosto se concentran algunas de las celebraciones más animadas, con verbenas que se prolongan hasta la madrugada. La música tradicional leonesa, con gaitas y tambores, sigue sonando en estas fechas, mezclada con orquestas y estilos más actuales. No es folklore de escaparate: son fiestas pensadas primero para la gente del lugar y luego, si cuadra, para quien venga de fuera.
Información práctica
Cabrillanes se encuentra a unos 90 kilómetros de León capital. La forma más práctica de llegar es en vehículo propio, tomando la carretera que remonta el valle del Luna (LE-493). El trayecto ronda la hora y cuarto, atravesando ya desde bastante antes un paisaje de montaña. Desde Asturias se puede acceder por el Puerto de La Mesa, aunque esta ruta es más exigente y en invierno puede presentar complicaciones por nieve o hielo, así que no está de más consultar el parte y llevar cadenas si hay avisos.
Recuerda que se trata de un municipio de alta montaña y pueblos dispersos: los servicios están concentrados y no vas a encontrar una tienda o un bar en cada esquina. Conviene llevar el depósito de combustible razonablemente lleno, algo de comida y ropa adecuada por si el tiempo cambia. Aquí el mal tiempo no es una anécdota: niebla, tormentas y cambios bruscos de temperatura son habituales fuera del verano.
Cuándo visitar Cabrillanes
La mejor época para visitar Cabrillanes depende de lo que busques, pero también de tu tolerancia al frío y a los días cortos.
- Primavera y otoño: temperaturas más suaves, días todavía (o ya) largos y paisajes muy marcados: deshielo y agua por todas partes en primavera; color en los bosques y primeros fríos en otoño. Son buenos momentos para senderismo, siempre vigilando el parte meteorológico y evitando confiarse con la ropa.
- Verano: la estación más amable para quien no está acostumbrado a la montaña. Las temperaturas son agradables durante el día y frescas por la noche, lo suficiente como para agradecer una chaqueta fina incluso en agosto. Es cuando más vida hay en los pueblos.
- Invierno: para quienes conocen la montaña y vienen preparados. Días cortos, frío serio y nieve frecuente. A cambio, paisajes muy limpios, silencio y menos gente. No es la mejor época para un primer contacto con la zona si no tienes costumbre de conducir con hielo o de caminar con nieve.
Lo que no te cuentan
Cabrillanes, como muchos municipios de montaña, se ve rápido si solo hablamos de “monumentos”. Lo que lleva tiempo es el territorio: las rutas, los cambios de luz, los pueblos dispersos. No vengas pensando en una calle mayor llena de tiendas y terrazas, porque no es eso.
Las distancias engañan: en el mapa los pueblos parecen muy cerca unos de otros, pero las carreteras son de montaña y se va más despacio de lo que marca el navegador. Si quieres enlazar varias rutas o visitar varios pueblos en un mismo día, planifica con margen.
Errores típicos
- Subestimar el clima: venir con ropa de ciudad “porque es agosto” y pasar frío en cuanto se va el sol o cambia el viento.
- Pensar en clave urbana: contar con comer o comprar algo a cualquier hora. Aquí los horarios son más cortos y se nota, sobre todo entre semana y fuera del verano.
- Tratar las rutas como paseos: muchas caminatas tienen desnivel, piedra suelta y cambios de tiempo. Zapatillas de deporte lisas y falta de agua son una mala combinación en estos valles.