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sobre Hoyorredondo
Pequeño municipio en el valle del Corneja; paisaje de prados y sotos de ribera
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En las estribaciones de la Sierra de Ávila, donde los valles se abren entre montañas cubiertas de robledales y pastizales, se encuentra Hoyorredondo, una pequeña aldea que parece detenida en el tiempo. Con apenas 58 habitantes y situada a unos 1.038 metros de altitud, esta localidad de la comarca de Barco-Piedrahíta condensa bastante bien lo que es la Castilla rural: poca gente, mucho campo y un silencio que aquí no es una metáfora.
El topónimo de Hoyorredondo evoca la geografía del lugar: un hoyo, una hondonada natural rodeada de elevaciones que han protegido históricamente este asentamiento de los vientos más severos del invierno serrano. Aquí, la arquitectura tradicional abulense se ve en serio en cada rincón, con construcciones de piedra granítica y mampostería que hablan de siglos de adaptación al medio montañoso y a inviernos largos. No hay mucho maquillaje urbano: se nota que es un pueblo hecho para vivir y trabajar el campo, no para la foto.
Venir a Hoyorredondo es optar por un turismo sosegado de verdad. No hay grandes monumentos, ni rutas marcadas por todas partes, ni colas para hacer una foto. Lo que hay es un pueblo pequeño, muy tranquilo, rodeado de paisaje y con vida rural todavía visible, sobre todo fuera del invierno.
Qué ver en Hoyorredondo
El patrimonio de Hoyorredondo es humilde pero representativo de la arquitectura religiosa rural abulense. Su iglesia parroquial preside el núcleo urbano con su campanario, visible desde casi cualquier punto del pueblo. El templo, de construcción sobria, refleja esa austeridad castellana donde lo funcional prima sobre lo ornamental. No esperes grandes retablos barrocos ni visitas guiadas: forma parte del día a día del pueblo y se usa como tal.
Pero el verdadero museo de Hoyorredondo es su conjunto urbano tradicional. Pasear entre sus calles permite descubrir la arquitectura popular serrana: casas de dos plantas construidas en piedra granítica, balcones y estructuras de madera, corrales y pajares que en algunos casos siguen en uso. Las chimeneas de remate cónico, diseñadas para resistir el viento y favorecer el tiro, son un elemento distintivo del paisaje edificado. Es un pueblo pequeño: en poco rato te lo habrás recorrido entero, así que el plan es más pasear sin prisa que ir “tachando” puntos de una lista.
Los alrededores del pueblo muestran paisajes de dehesa y monte bajo muy típicos de la zona, con robles, encinas y zonas de pastizal donde todavía pace el ganado. Desde diversos puntos ligeramente elevados cercanos al núcleo urbano se obtienen vistas panorámicas del valle y las sierras circundantes, especialmente agradables al amanecer y al atardecer, cuando el sol baja y la luz cambia el color de las laderas.
Qué hacer
Hoyorredondo encaja bien con quienes disfrutan del senderismo y las rutas a pie sencillas, más de caminar que de “hacer cumbre”. Los caminos rurales que parten del pueblo permiten adentrarse en la sierra, descubriendo arroyos estacionales, formaciones graníticas y una flora y fauna propias del ecosistema mediterráneo de montaña. En primavera, los prados se llenan de flores silvestres que atraen a numerosas especies de mariposas; en verano manda el amarillo de los pastos secos y se agradece salir pronto o al final del día.
La observación de aves funciona bastante bien en la zona, si vienes con prismáticos y algo de paciencia. Rapaces como el milano real, el busardo ratonero o el cernícalo común sobrevuelan estos campos, mientras que en las zonas de matorral pueden avistarse currucas, escribanos y otras especies de paseriformes. No hay observatorios ni infraestructuras específicas: es salir al campo, buscar un buen sitio y dejar pasar el tiempo.
Para quienes buscan tranquilidad absoluta, simplemente pasear por el pueblo y sus alrededores es una actividad en sí misma. El silencio solo roto por el canto de los pájaros, algún tractor, el murmullo del viento entre los árboles o el tañido ocasional de las campanas invita a tomárselo con calma. Si vienes con prisas, te sobrará tiempo; si vienes cansado de ciudad, probablemente lo agradezcas.
La gastronomía tradicional de la zona, aunque sin establecimientos especializados en el propio pueblo, puede degustarse en localidades cercanas. Conviene tener esto claro: en Hoyorredondo no hay apenas servicios, así que la comida tendrás que buscarla fuera o traerla contigo. Los productos de la tierra como el cabrito asado, las patatas revolconas, las judías del Barco y los embutidos ibéricos forman parte de una cocina contundente y sabrosa, muy de “después de estar todo el día fuera con el abrigo puesto”.
Fiestas y tradiciones
Como muchas localidades de la España rural, Hoyorredondo mantiene sus fiestas patronales en el calendario estival, generalmente hacia mediados de agosto, cuando los emigrantes regresan al pueblo. Estas celebraciones, aunque modestas en escala, conservan el espíritu usual de las fiestas de pueblo: misas, procesiones, música, bailes y encuentros vecinales que sirven tanto para la devoción como para el reencuentro.
Las festividades religiosas del calendario litúrgico, especialmente las vinculadas a la Semana Santa y las festividades marianas, también se celebran con la devoción característica de estas pequeñas comunidades rurales. No esperes grandes procesiones multitudinarias, sino actos sencillos en los que participa quien está en el pueblo en ese momento.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Ávila capital, se accede a Hoyorredondo tomando la N-110 en dirección a Piedrahíta y desviándose después por carreteras locales. El trayecto, de aproximadamente 70 kilómetros, transcurre por zonas de sierra con tramos de curvas y algún puerto. Conviene tomárselo con calma y, en invierno, consultar el estado de las carreteras cuando hay previsión de nieve o hielo.
Consejos prácticos: Hoyorredondo prácticamente carece de servicios turísticos, por lo que conviene aprovisionarse en localidades mayores como Piedrahíta o Barco de Ávila: comida, gasolina y cualquier cosa que puedas echar en falta. Se recomienda llevar calzado adecuado para caminar, ropa de abrigo incluso en verano (las noches pueden ser frescas) y respetar escrupulosamente el entorno natural y la tranquilidad de los vecinos: las voces resuenan y aquí todo se oye. Si vienes con perro, mejor con correa: hay fincas, ganado y puertas que no están para ir abriéndolas a cada paso.
Cuándo visitar Hoyorredondo
La primavera (mayo-junio) y el otoño (septiembre-octubre) suelen ser los momentos más agradables para caminar: temperaturas moderadas y el campo en su mejor cara, verde o con colores otoñales según la época. En verano el pueblo gana algo de vida con la llegada de veraneantes y el aire refresca por las noches, pero las horas centrales del día pueden ser calurosas y secas.
El invierno cambia bastante el panorama: días más cortos, frío marcado y posibilidad de nieve. Para quien disfrute del ambiente serrano en temporada fría puede tener su atractivo, pero entonces es básico venir bien equipado y con el plan muy claro, porque la oferta se reduce prácticamente a pasear y poco más.
Si solo tienes…
Si solo tienes 1–2 horas
Da una vuelta completa al pueblo, acércate a la iglesia, fíjate en las chimeneas y remata con un pequeño paseo por alguno de los caminos que salen hacia las fincas cercanas. Te harás una idea bastante real de lo que es Hoyorredondo.
Si tienes el día entero
Combina la visita al pueblo con una ruta más larga por pistas y caminos, enlazando con otros núcleos de la zona o con alguna zona de dehesa amplia. Piensa más en “día de campo con pueblo” que en “pueblo con mil cosas que ver”.
Lo que no te cuentan
Hoyorredondo es pequeño de verdad: se recorre en un rato y no está pensado como destino turístico al uso. No vengas esperando bares en cada esquina, tiendas de recuerdos ni una lista interminable de actividades. Es más un lugar al que venir a parar, a caminar un poco y a respirar campo, que un sitio donde pasar varios días sin salir de allí. Si lo que buscas es eso, puede encajar muy bien; si necesitas mucha animación, mejor usarlo como parada dentro de una ruta por la comarca.