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sobre Hoyos del Collado
Uno de los pueblos más altos; mirador natural de Gredos con arquitectura de piedra
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En el corazón de la sierra de Ávila, a 1.474 metros de altitud, Hoyos del Collado es uno de esos pueblos pequeños donde las cosas suceden despacio. Con apenas 29 habitantes censados, esta aldea de la comarca de Barco-Piedrahíta vive más al ritmo de las estaciones que al del calendario laboral: invierno duro, primavera corta pero intensa, veranos frescos y un otoño que parece hecho para andar.
Rodeada de pastizales de altura, pinares y dehesas, Hoyos del Collado encaja bien a quien busca silencio de verdad. Aquí no hay bullicio ni aglomeraciones, solo el murmullo del viento entre las encinas, el repiqueteo de los cencerros y vecinos que se conocen todos por su nombre. Es un pueblo que ha conservado su arquitectura tradicional serrana, con casas de piedra y madera que se apoyan unas en otras, más por necesidad que por estética.
La aldea forma parte de ese patrimonio rural castellano que se recorre mejor sin prisas, fijándose en detalles: una chimenea antigua, una puerta de madera gastada, una era medio perdida entre las hierbas. Desde la parte alta se abren buenas vistas hacia la Sierra de Gredos, sobre todo en días claros tras la lluvia.
Qué ver en Hoyos del Collado
El principal atractivo de Hoyos del Collado es su conjunto arquitectónico tradicional. Pasear por sus calles permite ver la arquitectura típica serrana, con viviendas de mampostería de granito, balcones de madera y tejados de teja árabe que han aguantado muchos inviernos de nieve y viento. La piedra, omnipresente en muros y cerramientos, cuenta a su manera la historia de generaciones de canteros y pastores. El pueblo es pequeño, así que el paseo se hace sin agobios y da tiempo a mirar con calma, no solo a pasar.
La iglesia parroquial, aunque modesta, merece una parada por su sencillez y por cómo resume la religiosidad rural de estas tierras altas. Su espadaña se recorta contra el cielo limpio de la sierra y sirve de referencia visual desde distintos puntos del pueblo cuando uno se va alejando por los caminos. Si la encuentras abierta, entra sin miedo al ruido: dentro suele hacer fresco incluso en agosto.
Pero el verdadero protagonista aquí es el entorno natural. Los alrededores de Hoyos del Collado tienen paisajes de montaña abiertos, con dehesas boyales donde pasta el ganado en libertad y bosques de robles y pinos que cambian de color según la estación. Las formaciones graníticas salpican el territorio, creando ese paisaje de berrocales tan típico del Sistema Central. Basta alejarse diez minutos a pie del casco para notar que el pueblo se queda atrás y manda el campo.
Qué hacer
Hoyos del Collado es territorio de senderistas tranquilos, de los que disfrutan más del caminar que de “hacer cumbre”. Desde el pueblo salen diversos caminos y pistas que permiten explorar la sierra: algunos ganan altura con rapidez y regalan buenas vistas sobre la comarca; otros descienden hacia valles y arroyos donde todavía se reconocen antiguos molinos y construcciones ligadas a la vida ganadera. El Camino de la Dehesa y las rutas hacia los puertos de montaña cercanos suelen funcionar bien en primavera y otoño, cuando no aprieta ni el calor ni el frío. Conviene calcular siempre algo más de tiempo del que marcan los mapas: entre el desnivel y las paradas para mirar, se va el reloj.
La observación de fauna es otra actividad interesante. La zona mantiene una población notable de aves rapaces, y no es raro ver buitres leonados planeando, águilas o alimoches. Los más madrugadores pueden llegar a ver ciervos y corzos al amanecer, sobre todo si se mueven con sigilo por las zonas de pasto. No hace falta entrar al monte a lo loco: muchas veces, con quedarse en un lindero y esperar en silencio, ya se ve movimiento.
Para quienes disfrutan de la gastronomía local, la comarca es tierra de carnes de ternera avileña y de cabrito, además de productos de una huerta serrana corta en calendario pero intensa en sabor. Las setas en otoño son otro de los tesoros de estos montes, aunque siempre hay que recolectarlas con conocimiento, permisos cuando toque y respeto al monte. Si no controlas, mejor comprarlas a quien se dedica a ello o limitarse a mirar y fotografiar.
La fotografía de paisaje aquí se disfruta poca a poco: primeras horas del día y últimos rayos de sol, cuando la luz baja resalta los pastizales y las sombras de las montañas se estiran sobre el valle. No hace falta irse muy lejos del casco urbano para sacar buenas fotos; a menudo, un simple camino entre paredes de piedra ya da juego.
Fiestas y tradiciones
Como en muchos pueblos pequeños de la sierra, las fiestas patronales son el momento del año en que Hoyos del Collado se llena de vida. Generalmente se celebran en verano, entre julio y agosto, cuando regresan quienes viven fuera y las casas vuelven a abrirse. Son días de verbenas, misa, procesión y comidas largas en familia y con amigos, más que grandes eventos organizados. Lo importante no es el “programa”, sino el reencuentro.
Las tradiciones ganaderas siguen marcando parte del calendario. La trashumancia, aunque ya no se practique como antes, sigue muy presente en la memoria del pueblo, y algunas familias aún mantienen rebaños que suben a los puertos de altura durante los meses de verano. En otoño y primavera el movimiento de ganado por caminos y cañadas forma parte del paisaje cotidiano: encontrarse con vacas o ovejas en mitad de la carretera entra dentro de lo normal.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Ávila capital, se accede por la N-502 en dirección a Barco de Ávila. Son aproximadamente 80 kilómetros que se recorren en algo más de una hora, según el ritmo y las paradas. El acceso final al pueblo se hace por carreteras comarcales estrechas y con curvas de montaña, así que conviene tomárselo con calma, sobre todo si hay nieve, niebla o se circula de noche. En invierno y primeros días de primavera no está de más revisar el parte meteorológico antes de arrancar.
Consejos: Lleva calzado cómodo para caminar y algo de ropa de abrigo en cualquier época: incluso en verano refresca al caer la tarde. La altitud se nota. La cobertura móvil puede fallar en zonas concretas, así que no está de más llevar descargados los mapas en el móvil. Y, como siempre en pueblos tan pequeños, conviene ser especialmente respetuoso con el descanso, las fincas privadas y los ritmos de la gente que vive aquí todo el año. Si vas con perro, mejor atado en el casco urbano y muy controlado cerca del ganado.
Cuándo visitar Hoyos del Collado
La primavera (mayo-junio) y el otoño (septiembre-octubre) suelen ser los momentos más agradecidos: temperaturas suaves, agua todavía corriendo por arroyos y el campo en su mejor cara, ya sea verde o dorado. El verano viene bien para escapar del calor de la meseta baja, con noches que invitan a chaqueta ligera y paseos después de cenar.
El invierno puede ser riguroso, con heladas y nevadas frecuentes. El pueblo gana en atmósfera, pero las carreteras se complican: antes de subir conviene comprobar el estado de la vía y no apurar con el horario de regreso, porque anochece pronto y el hielo aparece enseguida. Si lo que te atrae es la nieve, cuenta con que el paisaje es bonito, pero el día rinde menos y cualquier trayecto lleva más tiempo.
Lo que no te cuentan
Hoyos del Collado es muy pequeño y se recorre a pie en poco rato. El “pueblo” como tal se ve en una o dos horas, incluso yendo sin prisa; lo que realmente alarga la visita son los paseos por los alrededores. Hay que entenderlo más como un buen punto base tranquilo o una parada dentro de una ruta por la zona de Gredos que como un lugar para pasar muchos días sin moverse. Si buscas mucha oferta de servicios o actividad constante, es mejor combinarlo con otros pueblos cercanos.
Las fotos que se ven en redes suelen centrarse en los paisajes abiertos y en la nieve en invierno. Son reales, pero están tomadas casi siempre con buen tiempo y buena luz: en días grises o con niebla, el ambiente cambia mucho y el pueblo puede parecer más duro y áspero. Si buscas montaña amable, elige bien la época y el parte meteorológico.
Errores típicos
- Subestimar el frío y el viento: incluso en agosto puede refrescar de verdad al atardecer. No te fíes solo de la previsión de la capital de provincia; aquí el termómetro y, sobre todo, la sensación térmica bajan más.
- Esperar servicios de una villa grande: en un pueblo de menos de treinta habitantes no hay de todo. Mejor llegar con combustible, algo de comida y agua ya resueltos, por si acaso.
- Pensar que “como el pueblo es pequeño, todo está al lado”: las rutas salen desde aquí, sí, pero los desniveles y las cuestas se notan. Planifica salidas realistas con el tiempo que tienes y con la forma física que llevas ese día.
Si solo tienes…
Si solo tienes 1–2 horas
Un paseo tranquilo por el casco, subir a la parte alta para echar un vistazo a Gredos y asomarse a algún camino cercano ya dan una idea bastante fiel de lo que es Hoyos del Collado: piedra, aire fresco y campo muy cerca.
Si tienes el día entero
Puedes combinar la visita al pueblo con una ruta sencilla por las dehesas y pastizales de alrededor, parar a comer con calma y reservar la última hora de luz para volver a salir a caminar, ya sin prisas y con la sierra cambiando de color. Es un sitio para estar, más que para ir tachando cosas de una lista.