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sobre Navatejares
Pequeña localidad junto al Tormes y la garganta de los Caballeros; entorno idílico
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En las estribaciones de la Sierra de Gredos, donde los pastizales se funden con el bosque de robles y castaños, se encuentra Navatejares, una pequeña aldea abulense que parece detenida en el tiempo. Con apenas un puñado de vecinos todo el año, este minúsculo núcleo rural de la comarca de Barco-Piedrahíta refleja bastante bien cómo ha sido la vida en la montaña castellana: clima duro, invernos largos y una forma de vida ligada al ganado y al aprovechamiento del monte.
Situada a unos 1.043 metros de altitud, Navatejares no es un sitio de grandes reclamos ni de fotos virales. Y precisamente por eso interesa: casas de piedra con tejados de pizarra, corrales que aún se usan y un silencio que aquí no es un eslogan, es la realidad diaria.
Para quienes buscan desconectar del ruido urbano y conocer cómo se vive en un pueblo realmente pequeño —no “de fin de semana”, sino de todo el año—, esta aldea permite asomarse a un tipo de turismo de interior sin artificios, donde lo que hay es lo que ves.
¿Qué ver en Navatejares?
El patrimonio de Navatejares es discreto pero significativo, reflejo de siglos de vida rural en la montaña abulense. La iglesia parroquial, de advocación local, constituye el edificio más notable del pueblo. Aunque de dimensiones modestas, presenta elementos arquitectónicos tradicionales que se entienden mejor si se mira el conjunto: piedra, sobriedad y una integración total con el paisaje.
El verdadero interés de Navatejares, sin embargo, está en su conjunto urbano tradicional. Pasear sin prisa por sus calles permite fijarse en la arquitectura popular serrana: construcciones de mampostería de granito, balcones de madera, portones antiguos y aleros pronunciados pensados para aguantar nieve y agua. No es un casco histórico monumental; es arquitectura funcional de montaña, hecha para sobrevivir al clima y al uso diario.
El entorno natural que rodea la aldea completa la escena. Los bosques de roble melojo y castaño que tapizan las laderas cercanas ganan muchísimo en otoño, cuando el follaje se vuelve dorado y ocre. Los prados, separados por muros de piedra seca, dibujan un paisaje ganadero muy reconocible en toda la comarca, que aquí se mantiene bastante intacto y trabajado.
Qué hacer
Navatejares es territorio de caminar y mirar. Desde la aldea parten diversas rutas y caminos tradicionales que permiten adentrarse en la sierra, algunos de ellos antiguas vías de comunicación entre pueblos que ahora funcionan como senderos tranquilos. La llamada Ruta de los Castaños se disfruta especialmente en otoño, mientras que en primavera los prados florecidos cambian por completo el aspecto del valle. Muchas de estas rutas no están señalizadas con gran detalle, así que conviene informarse bien antes o llevar mapa y GPS; no des por hecho que habrá postes y marcas en cada cruce.
Los aficionados a la observación de aves encontrarán en los alrededores un buen terreno. La zona alberga especies típicas de montaña mediterránea, y es relativamente habitual ver rapaces planeando sobre las laderas si se camina en silencio y sin prisas. La fotografía de naturaleza y paisaje tiene aquí material de sobra, con cambios muy marcados entre estaciones y luces muy distintas según la hora del día.
La gastronomía local, aunque sencilla, tiene carácter. En la comarca se elaboran productos tradicionales como el hornazo, las patatas revolconas, las judías del Barco y carnes de ternera avileña. La micología suma otro aliciente en otoño, cuando los bosques cercanos se llenan de níscalos y boletus. Eso sí: recoger setas sin conocer bien la zona ni las especies es una mala idea; mejor ir acompañado de alguien que sepa o apuntarse a salidas organizadas.
Fiestas y tradiciones
Como corresponde a una población tan pequeña, el calendario festivo de Navatejares es modesto pero mantiene vivas tradiciones que van más allá del evento puntual. Las fiestas patronales se celebran en verano, generalmente en agosto, cuando muchos vecinos que viven fuera regresan y el pueblo cambia de ritmo durante unos días. Hay misa, actividades populares y, sobre todo, reencuentros.
La matanza del cerdo, aunque ya no se practica en todas las casas, sigue siendo una tradición invernal en algunas familias, momento de elaboración de embutidos artesanales siguiendo recetas antiguas. No es un espectáculo para turistas, sino una costumbre doméstica que explica bien cómo se organizaba antes el alimento para todo el año.
Información práctica
Para llegar a Navatejares desde Ávila capital hay que recorrer aproximadamente 80 kilómetros en dirección suroeste. La ruta más habitual pasa por Barco de Ávila, siguiendo la N‑110 y posteriormente tomando carreteras comarcales. El último tramo es de carretera secundaria, estrecha en algunos puntos, pero forma parte de la lógica de la zona: valles encajados y curvas.
Es importante llevar ropa adecuada para la montaña todo el año: aquí refresca rápido en cuanto se va el sol y el viento se nota. En invierno la presencia de nieve o hielo no es rara, así que conviene revisar el estado de las carreteras antes de subir y no apurar con el combustible.
Dado su tamaño, Navatejares no cuenta con servicios turísticos propios, por lo que lo más práctico es organizarse desde poblaciones cercanas como Barco de Ávila o Piedrahíta, donde encontrarás alojamientos, restaurantes y servicios básicos. Navatejares encaja mejor como base tranquila si ya tienes resuelto dónde dormir y comer, o como visita complementaria dentro de una ruta más amplia por la comarca.
Lo que no te cuentan
Navatejares es muy pequeño y se recorre rápido. Si vas pensando en pasar varios días sin salir del pueblo, probablemente te sobre tiempo. Su papel encaja mejor en un viaje por Gredos y la comarca de Barco‑Piedrahíta: parar, pasear, hacer una ruta cercana, entender cómo es un pueblo de menos de cien habitantes y seguir ruta.
Las fotos que se ven a veces en redes pueden dar la impresión de un lugar más monumental o con más servicios de los que realmente hay. Aquí no hay cafeterías en cada esquina ni tiendas de recuerdos; es un pueblo de gente que vive y trabaja, con el ritmo que marca el ganado, el clima y el calendario del campo. Si llegas entre semana y en invierno, lo normal es encontrar poco movimiento en la calle, y eso forma parte del carácter del sitio.
Cuándo visitar Navatejares
Navatejares cambia bastante con las estaciones. La primavera trae agua, verde y temperaturas más llevaderas; el verano suma días largos y noches frescas, algo que se agradece respecto al calor de la meseta; el otoño es probablemente el momento más agradecido para el paisaje, con los castaños y robles en pleno color; y el invierno puede resultar duro, pero deja estampas de nieve que explican muy bien por qué la arquitectura es como es.
Si no te gustan las aglomeraciones, evita los días centrales de agosto y algunos puentes, cuando se nota mucho la llegada de veraneantes y descendientes del pueblo. Si lo que buscas es ver el pueblo “en modo invierno”, con su ritmo real, entonces los meses fríos —con las precauciones de carretera y abrigo— tienen más sentido.
Errores típicos al visitar Navatejares
- Pensar que es un destino para varios días sin moverse: El pueblo se ve en poco rato; lo interesante es combinarlo con rutas por Gredos o con otros pueblos del valle.
- Dar por hecho que habrá de todo a mano: No hay una gran oferta de bares, tiendas ni servicios. Mejor llegar con lo básico resuelto (combustible, comida, efectivo) desde Barco de Ávila o Piedrahíta.
- Confiarse con la ropa y el tiempo: Aunque abajo en la N‑110 haga buen día, aquí refresca más y el viento se nota. En otoño e invierno, guantes y gorro no estorban.
- Salir a caminar sin informarse: Algunos caminos se pierden, se embarran o cruzan fincas ganaderas. Lleva calzado adecuado, mapa o GPS y respeta porteras y cierres.
Si solo tienes…
Si solo tienes 1–2 horas
Un paseo tranquilo por el pueblo, acercarte a la iglesia y asomarte a los alrededores para ver los prados y los muros de piedra es más que suficiente para hacerte una idea del lugar. No hace falta planificar mucho: aparcas, das la vuelta al caserío con calma y te llevas una imagen bastante clara de cómo se vive aquí.
Si tienes el día entero
Lo razonable es combinar Navatejares con una ruta a pie por los alrededores —por ejemplo, hacia las zonas de castaños o robles cercanos— y con la visita a otro núcleo de la comarca, como Barco de Ávila. Mañana de sendero, comida en algún pueblo mayor y tarde de paseo por Navatejares encajan bien en un mismo día.