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sobre Tormellas
En el límite con Cáceres; entorno de gargantas y bosques en Gredos
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Al avanzar por la carretera que conecta Piedrahíta con la Sierra de Gredos, en un recodo cercano al valle del Tormes y no muy lejos de El Barco de Ávila, aparece Tormellas. Un puñado de casas de piedra y adobe reunidas en silencio, con poco más de treinta vecinos censados y una vida que sigue girando alrededor del campo y del ganado.
A primera hora de la mañana, cuando aún queda algo de humedad en las cunetas, el pueblo suena a lo que suenan muchos lugares pequeños de esta zona: un motor arrancando, alguna puerta de madera que se abre, el cencerro de una vaca moviéndose despacio en una pradera cercana.
Desde la puerta de varias casas parten callejas estrechas que enseguida se convierten en caminos de tierra. A ambos lados aparecen fincas cercadas con muros de piedra seca, muchos ya cubiertos de musgo. Las construcciones conservan el aire tradicional: granito en los muros, tejados de teja árabe, portones grandes pensados más para el paso del ganado que para el coche.
En el centro del pueblo se levanta la iglesia de la Asunción. Es pequeña y sobria, como tantas de esta parte de Ávila, con una torre sencilla que se ve desde casi cualquier punto del caserío.
Caminos entre praderas y encinas
Alrededor de Tormellas el paisaje se abre en praderas donde pastan vacas y, algo más lejos, manchas de encina y roble. No hay rutas señalizadas como tal, pero sí muchos caminos que llevan décadas usándose para mover ganado o llegar a huertos y fincas.
Basta caminar unos minutos para salir del pueblo y encontrarse con pistas de tierra que avanzan entre muros bajos y pastos abiertos. Desde algunos altos suaves, si el día está claro, la silueta de Gredos aparece hacia el sur, más marcada al caer la tarde cuando la luz se vuelve rojiza sobre las cumbres.
Primavera y otoño suelen ser los momentos más agradecidos para andar por aquí. En verano el sol cae fuerte a mediodía y conviene salir temprano o esperar a última hora.
El sonido del campo
En estos caminos el silencio nunca es completo. Siempre hay algo: mirlos moviéndose entre los matorrales, perdices levantando el vuelo casi a ras de suelo, algún cuervo cruzando el cielo con ese graznido áspero que se oye desde lejos.
De vez en cuando se ven rapaces planeando sobre las laderas cercanas. En esta parte de la provincia es relativamente habitual observar buitres o águilas en vuelo alto, aprovechando las corrientes térmicas que suben desde el valle.
A primera hora, sobre todo en días frescos, la tierra húmeda huele a hierba y a estiércol reciente. Por la tarde el pueblo se queda en sombra bastante pronto, y el cielo cambia de naranja a violeta mientras algún tractor vuelve despacio por la carretera local.
Un pueblo pequeño, sin servicios turísticos
En Tormellas no hay bares ni restaurantes abiertos de forma regular. La vida aquí sigue otro ritmo y los servicios están en pueblos cercanos.
Para comer o comprar algo lo normal es acercarse en coche a localidades de alrededor, sobre todo a El Barco de Ávila o a Piedrahíta, donde sí hay más movimiento y opciones de alojamiento y restauración.
Algunos vecinos mantienen todavía huertos, gallinas o pequeñas matanzas familiares, y no es raro que en temporada se muevan por la zona legumbres o embutidos hechos en casa, aunque no se venden como si fuera un destino gastronómico.
Agosto: cuando el pueblo se llena un poco más
Durante buena parte del año Tormellas permanece muy tranquilo. En agosto la cosa cambia ligeramente cuando regresan familiares que viven fuera.
Por esas fechas suele celebrarse la fiesta vinculada a la Asunción. Se organiza una misa en la iglesia y, si el tiempo acompaña, alguna comida compartida entre vecinos y gente que vuelve al pueblo unos días. Son celebraciones sencillas, más de reencontrarse que de montar grandes actos.
Cómo llegar y cuándo ir
Para llegar a Tormellas es necesario coche. Las carreteras de la zona son secundarias pero normalmente están en buen estado, atravesando un paisaje amplio de praderas, encinares dispersos y pueblos muy pequeños.
Entre abril y octubre el acceso suele ser más cómodo para caminar por los alrededores. En invierno puede hacer bastante frío y, algunos años, la nieve aparece en las zonas más altas cercanas a Gredos.
Tormellas no es un lugar con grandes reclamos turísticos. Es más bien uno de esos pueblos donde el tiempo se mide por las estaciones, por el sonido del ganado al pasar y por la luz que cambia sobre las praderas al final del día. Quien llegue hasta aquí lo que va a encontrar es eso: campo abierto, pocas casas y mucha calma.