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sobre Tormellas
En el límite con Cáceres; entorno de gargantas y bosques en Gredos
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En el corazón de la comarca de Barco-Piedrahíta, donde las estribaciones de la Sierra de Gredos comienzan a suavizarse, se encuentra Tormellas, una pequeña aldea abulense que encarna bastante bien la vida en la España interior actual: poca gente, ritmo tranquilo y campos trabajando alrededor. Con apenas 37 habitantes censados, este diminuto núcleo rural se alza a 1.065 metros de altitud y funciona más como lugar de calma que como destino turístico al uso.
Tormellas es uno de esos pueblos donde el tiempo va más despacio, pero sin mitificarlo: hay silencio, sí, y se oye el ganado y los pájaros, pero también tractores, perros y la vida normal de un pueblo pequeño. Sus casas de piedra y adobe, bien integradas en el paisaje montañoso, mantienen un conjunto tradicional que no ha cambiado demasiado, más allá de alguna rehabilitación reciente.
La aldea se sitúa en un entorno agradable para quien disfruta caminando sin prisas por caminos entre fincas y dehesas, rodeada de pastizales y bosques que cambian de color según la estación. No hay grandes atracciones ni servicios; es un lugar para estar tranquilo, pasear y poco más.
Qué ver en Tormellas
El principal atractivo de Tormellas reside en su arquitectura popular tradicional, con viviendas construidas en piedra granítica y mampostería que reflejan siglos de adaptación al clima de montaña. Un paseo corto por sus calles estrechas permite fijarse en detalles típicos de la zona: portones de madera, balcones de forja sencilla y tejados de teja árabe que han resistido el paso del tiempo.
La iglesia parroquial, aunque modesta en dimensiones, constituye el edificio más significativo del pueblo. Como en tantas localidades de esta comarca, el templo ha sido durante siglos el centro de la vida social y religiosa de la comunidad, y conserva ese carácter de punto de encuentro que va más allá de lo meramente religioso.
El entorno natural de Tormellas es, sin embargo, su mayor valor. Los alrededores invitan a realizar caminatas tranquilas entre dehesas de robles y encinas, donde es habitual encontrar ganado pastando en libertad. Las vistas hacia las montañas circundantes ganan especialmente al atardecer, cuando la luz dorada baña las cumbres de la Sierra de Gredos en la distancia.
Qué hacer
Tormellas funciona mejor como punto de partida o base tranquila que como lugar con muchas actividades. Desde la aldea salen caminos para rutas de senderismo de baja y media dificultad. Son recorridos sencillos, sin grandes desniveles, que se adentran en paisajes de dehesa y bosque mediterráneo de montaña.
La observación de aves puede resultar interesante en primavera y otoño, siempre con prismáticos y algo de paciencia. No es un santuario ornitológico, pero sí un entorno rural donde resulta fácil ver rapaces, córvidos y pequeñas aves de matorral.
Para quien disfrute de la fotografía de paisaje, los alrededores dan juego al amanecer y al atardecer, más por la luz y las nieblas en el valle que por vistas espectaculares concretas. La niebla que a menudo cubre los valles en las primeras horas de la mañana crea atmósferas que merecen la caminata temprana.
La gastronomía de la zona está marcada por los productos de la tierra: carnes de vacuno y cordero criados en la comarca, embutidos artesanales y legumbres de cultivo local. En Tormellas no hay bares ni restaurantes, así que toca desplazarse a pueblos próximos si se quiere comer fuera o probar cocina tradicional abulense después de la ruta.
Fiestas y tradiciones
Como pequeña aldea, Tormellas mantiene sus celebraciones tradicionales vinculadas al calendario agrícola y religioso. Durante el verano, generalmente en agosto, se celebran las fiestas patronales, momento en que la población se multiplica con el retorno de antiguos vecinos y familiares. Estas celebraciones suelen incluir misa, procesión y comida popular, con un ambiente muy de pueblo de los de siempre: poca parafernalia y todo bastante casero.
Las festividades religiosas del calendario litúrgico, aunque más modestas, también se observan en la comunidad, reflejando el arraigo de costumbres que siguen marcando el ritmo de la vida rural.
Información práctica
Cómo llegar:
Desde Ávila capital, la opción habitual es tomar la N-110 en dirección a Piedrahíta. El trayecto, de en torno a 70 kilómetros, atraviesa paisajes amplios de la Meseta antes de acercarse a la zona de Barco de Ávila, cabecera comarcal. Tormellas está cerca de esta localidad y se accede por carreteras locales en buen estado. Es prácticamente imprescindible viajar en coche propio, ya que la aldea no cuenta con transporte público regular.
Mejor época:
La primavera (abril-mayo) y el otoño (septiembre-octubre) son los momentos más agradecidos para andar por los caminos, con temperaturas suaves y el campo en buenas condiciones. El invierno puede ser riguroso debido a la altitud, con frío, nieve ocasional y días cortos, aunque tiene su interés si se busca silencio y no importa el mal tiempo. El verano suele ser más fresco que en las llanuras castellanas, sobre todo por las noches.
Consejos:
Tormellas es un destino rural muy pequeño, pensado para quienes no esperan servicios turísticos: no hay tiendas, ni bar, ni cajero. Conviene llevar provisiones, agua y tener el alojamiento resuelto en localidades cercanas. El respeto por el entorno y el modo de vida local es clave: los caminos pasan junto a fincas y ganado, así que mejor no salirse de los senderos, no dejar basuras y mantener perros atados.
Si solo tienes…
Si solo tienes 1–2 horas
- Entrar al pueblo, dar un paseo tranquilo por las calles y la zona de la iglesia.
- Bajar o salir por alguno de los caminos cercanos para asomarte a las fincas y vistas hacia Gredos.
- Es más un paseo de estirar las piernas que una visita monumental.
Si tienes el día entero
- Usar Tormellas como punto de partida o parada en una ruta por la comarca (Barco de Ávila, Piedrahíta, otros pueblos del entorno).
- Hacer una caminata circular por los caminos rurales, comer en otro pueblo cercano y rematar la tarde con una vuelta tranquila al atardecer.
Lo que no te cuentan
- El pueblo es muy pequeño y se ve rápido. Si buscas un casco histórico grande, no es aquí.
- Las fotos con Gredos al fondo pueden dar una sensación de montaña inmediata que no es real: las grandes cumbres se ven, pero quedan a cierta distancia.
- Es más una parada tranquila dentro de una ruta por la comarca que un destino para pasar varios días sin moverse. Si ajustas las expectativas, se disfruta mucho mejor.