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sobre Benavente
Importante cruce de caminos y centro comercial del norte de la provincia; posee un rico patrimonio histórico ligado a los Condes de Benavente y una famosa fiesta del toro enmaromado
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En el corazón de la provincia de Zamora, donde confluyen importantes rutas históricas que han marcado el devenir de Castilla y León, se alza Benavente. Esta villa de casi 20.000 habitantes es mucho más que un punto de paso de autovía: es un lugar que conserva vestigios de su esplendor medieval, cuando los Condes de Pimentel establecieron aquí una de las cortes más refinadas del reino. A 744 metros de altitud, Benavente se despliega sobre una loma que domina la fértil vega del río Órbigo, con un patrimonio más variado de lo que muchos se esperan y una gastronomía que, para muchos, ya justifica una parada larga.
Conocida históricamente como la "ciudad de los condes", Benavente fue durante siglos un enclave estratégico en el camino entre León y Zamora. Su posición privilegiada la convirtió en escenario de acontecimientos históricos y en residencia de nobles linajes. Hoy, pasear por sus calles es ir encontrando ese pasado señorial en los restos de su fortaleza, en las casonas blasonadas del casco histórico y en una trama urbana que mezcla lo viejo y lo nuevo sin grandes maquillajes. Aquí no han hecho “decorado de piedra vista” por todas partes: lo antiguo es antiguo y lo reciente se nota.
Benavente combina la tranquilidad de una villa castellana con la vitalidad de un centro comarcal importante. Hay colegios, tráfico a ciertas horas, bares llenos entre semana y vida de pueblo grande. Si estás pensando en usarla como base, funciona bien: tiene servicios, movimiento y te plantas rápido en muchos pueblos de la comarca.
Qué ver en Benavente
El símbolo indiscutible de Benavente es la Torre del Caracol, también conocida como Torre del Homenaje. Este imponente torreón de origen medieval es lo que queda del antiguo castillo de los Condes de Pimentel, destruido durante la Guerra de la Independencia. Su nombre proviene de la espectacular escalera de caracol interior que asciende por sus muros. Hoy acoge el Parador de Turismo y, aunque el acceso es limitado, su silueta domina el perfil de la villa y sus alrededores desde los llamados "Jardines de la Mota", un espacio verde desde donde se obtienen buenas vistas sobre la vega y donde la gente del pueblo pasea, corre o baja a “tomar el fresco”. Si vas al atardecer, es cuando más ambiente vecinal hay.
En el casco histórico destaca la iglesia de Santa María del Azogue, un templo de cinco naves de transición del románico al gótico que data del siglo XII. Su portada sur, con arquivoltas decoradas, es una joya de la arquitectura medieval y, si te fijas despacio, irás encontrando detalles que se suelen pasar por alto en una visita rápida. No menos interesante resulta la iglesia de San Juan del Mercado, de estilo románico tardío, con una cabecera que merece atención pausada y un entorno donde todavía se aprecia el Benavente más tradicional. Conviene comprobar horarios de apertura, porque no siempre están accesibles en cualquier momento del día.
El Hospital de la Piedad, fundado en el siglo XVI, conserva un patio renacentista de gran belleza, mientras que el Convento de San Francisco guarda entre sus muros siglos de historia franciscana. Un paseo por la Plaza Mayor permite admirar casonas señoriales y la arquitectura popular castellana, con sus característicos soportales y el ambiente de plaza vivida, con mercado, terrazas y reuniones a diario. Aquí se nota que es una plaza usada por la gente del pueblo, no montada para la foto.
Para quienes buscan un poco de verde, los Jardines de la Mota y el paseo fluvial junto al río Órbigo invitan al descanso y al contacto con la naturaleza. Son zonas usadas por la gente local para caminar, ir en bici o bajar con los niños a quemar energía, más que un “parque de postal”. No esperes un gran paseo urbano diseñado al milímetro, pero sí un espacio agradable para estirar las piernas.
Qué hacer
Benavente es un buen punto de partida para rutas de senderismo suaves por la comarca de Benavente y Los Valles. Los caminos que bordean el río Órbigo permiten observar la fauna y flora ribereña, mientras que las rutas por los alrededores conducen a pequeños pueblos con iglesias rurales y ermitas que mantienen todavía un aire muy auténtico. Aquí las distancias engañan: el mapa parece llano y sencillo, pero entre pistas agrícolas y desvíos, una caminata corta se puede alargar más de lo previsto.
La villa forma parte del Camino de Santiago Sanabrés, por lo que es frecuente encontrar peregrinos que descansan aquí antes de continuar su ruta hacia Galicia. Seguir algunos tramos de este camino es una experiencia interesante incluso para quienes no realizan la peregrinación completa: te da otra perspectiva del paisaje agrícola y de cómo se articula la comarca.
En el aspecto gastronómico, Benavente tiene fama merecida en la zona. La villa cuenta con una larga tradición hostelera y aquí podrás degustar platos típicos zamoranos como el bacalao a la tranca, el arroz a la zamorana o las excelentes carnes de la zona. Los embutidos caseros y los quesos artesanos de la comarca merecen también una mención especial. Hay bastantes bares donde salir de tapas y raciones, con mucho ambiente sobre todo a mediodía y al anochecer; no es un pueblo que se quede desierto a las ocho.
Fiestas y tradiciones
El calendario festivo de Benavente arranca con fuerza en torno al Toro Enmaromado, una de las celebraciones más conocidas de la villa y de Castilla y León, que se celebra en fechas ligadas al ciclo festivo de junio [VERIFICAR]. Esta tradición medieval, declarada de Interés Turístico Regional, consiste en recorrer las calles con un toro sujeto por maromas. El ambiente en esos días cambia por completo: cortes de calles, peñas, ruido y mucha gente. Si no te van las aglomeraciones, tenlo en cuenta; si te gusta ver el pueblo al natural, también, porque esos días Benavente no funciona “normal”.
Las fiestas patronales en honor del Santo Cristo de la Salud y la Virgen de la Vega tienen lugar a finales de agosto y principios de septiembre, e incluyen procesiones, verbenas, actividades culturales y deportivas que llenan de vida las calles de la villa. El tono es más de pueblo grande que de ciudad: familiar, repetido año tras año, con caras conocidas para quien es de allí.
En Semana Santa, Benavente vive con fervor sus procesiones, que cuentan con pasos de notable valor artístico y una participación destacada de las cofradías locales. No es una Semana Santa masificada, pero sí muy arraigada, con ese punto de recogimiento castellano que se nota en el silencio de algunas procesiones.
Cuándo visitar Benavente
La mejor época para visitar Benavente suele ser la primavera y el otoño, cuando las temperaturas son más suaves y apetece pasear por el casco histórico o bajar al río. Los veranos pueden ser calurosos al mediodía, aunque las noches refrescan bastante y la gente se echa a la calle en cuanto cae el sol. Los inviernos son fríos, propios de la meseta castellana, con días cortos y, a veces, nieblas persistentes: no es incómodo si vas abrigado, pero conviene asumir que el plan será más de paseo corto y bar calentito.
Si te interesa el ambiente festivo, el Toro Enmaromado y las fiestas de finales de verano cambian por completo el ritmo del pueblo. Si lo que buscas es ver monumentos tranquilo y aparcar sin dar vueltas, cualquier fin de semana fuera de esas fechas te lo pondrá más fácil. Entre semana, fuera de verano, el ritmo es bastante más calmado.
Lo que no te cuentan
Benavente no es un parque temático medieval ni una ciudad amurallada monumental. Es una villa castellana viva, con su parte histórica concentrada en unas pocas calles y plazas. El casco antiguo se recorre a pie en poco tiempo; lo que marca la diferencia es parar, entrar en los templos si están abiertos, mirar los detalles de las fachadas y sentarse en una terraza a observar el día a día.
Las fotos de la Torre del Caracol y los Jardines de la Mota son muy fotogénicas, pero el resto del pueblo es más funcional que de postal: bloques de viviendas, tráfico, zonas nuevas… Si llegas con esa idea, no decepciona; si esperas una ciudad medieval intacta y homogénea, te va a chocar. Benavente funciona mejor como lugar de paso largo o base para moverte por la comarca que como destino para pasar varios días sin salir.
Si solo tienes…
Si solo tienes 1–2 horas
- Acércate en coche a la zona alta y da una vuelta por los Jardines de la Mota y el entorno de la Torre del Caracol.
- Baja luego hacia la Plaza Mayor y asómate, aunque sea rápido, a Santa María del Azogue o a San Juan del Mercado, según te pille de camino.
Con eso te llevas una idea bastante fiel de lo que es Benavente.
Si tienes el día entero
- Mañana tranquila por el casco histórico: iglesias, Hospital de la Piedad, Plaza Mayor y callejeo.
- Comida larga, probando cocina local.
- Tarde de paseo por el paseo fluvial del Órbigo o alguna ruta corta por los alrededores, y remate al atardecer en los Jardines de la Mota.
Errores típicos
- Esperar una “ciudad histórica gigantesca”: el centro interesante es compacto. Se ve bien en medio día; el resto del tiempo es para vivir el pueblo, comer y usarlo como base, no para encadenar monumentos.
- Confiarse con el coche en fiestas: en días de Toro Enmaromado y patronales hay cortes, cambios de sentido y zonas llenas. Mejor dejar el coche algo más lejos y entrar andando.
- Ir solo a “bajar del coche, foto y seguir”: si solo ves la Torre desde el aparcamiento y te marchas, la impresión será muy pobre para lo que realmente da de sí la villa con un poco más de calma.