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sobre Castrogonzalo
Ubicado estratégicamente junto a la autovía y el río Esla; conocido por sus polígonos industriales pero conserva zonas de pesca y recreo en el río
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A primera hora, cuando todavía hay algo de humedad en la tierra, el aire alrededor de Castrogonzalo huele a rastrojo y a río cercano. Algún coche cruza despacio la travesía y luego vuelve el silencio: un perro que ladra detrás de una tapia, el golpe metálico de una persiana que se levanta, las golondrinas pasando bajas sobre los cables.
Castrogonzalo es un municipio pequeño de la comarca de Benavente y Los Valles, a pocos kilómetros de Benavente y muy cerca del Esla. Con algo más de cuatrocientos vecinos, el pueblo mantiene ese ritmo tranquilo de los lugares donde casi todo ocurre por la mañana: el pan, los recados, las conversaciones breves apoyadas en una puerta.
Calles cortas y casas de tapial
El núcleo se recorre en poco tiempo. Las calles son rectas, con tramos de casas bajas donde aún se ven muros de tapial, ladrillo viejo y portones anchos que antes dejaban pasar carros o tractores. En algunos patios asoman higueras o parras que en verano dan una sombra espesa.
En el centro se levanta la iglesia parroquial dedicada a Nuestra Señora. No es un edificio monumental; más bien el tipo de templo que ha ido cambiando con los siglos, con partes de piedra más antigua y otras reformadas después. El campanario marca las horas con un sonido seco que se oye desde casi cualquier punto del pueblo cuando el aire está quieto.
Caminos entre cereal y vegas del Esla
Al salir del casco urbano aparecen enseguida los caminos agrícolas. Son pistas anchas, de tierra clara, que cruzan parcelas de cereal y algunas zonas de regadío más cercanas al río. En verano el paisaje se vuelve casi dorado, y al atardecer la luz cae muy horizontal sobre los campos.
En los bordes de algunos caminos todavía quedan palomares antiguos, algunos derruidos y otros medio reparados. Son construcciones humildes, de planta circular o cuadrada, que durante décadas formaron parte de la economía doméstica de muchos pueblos de la zona.
Si caminas sin prisa es fácil ver milanos planeando o escuchar perdices escondidas entre los rastrojos. En invierno aparecen bandadas de estorninos que se mueven juntas sobre los campos abiertos. No hace falta equipo especial: basta con detenerse un momento y mirar hacia el cielo.
El horizonte ancho de esta parte de Zamora
El paisaje aquí no tiene grandes relieves. El terreno se abre en horizontes largos donde la vista alcanza varios kilómetros sin obstáculos. Solo algunas líneas de chopos o almendros rompen esa horizontalidad, sobre todo en las zonas donde el agua está más cerca.
Ese carácter abierto también hace que el viento se note bastante. En días despejados de invierno sopla con fuerza y limpia el cielo hasta dejarlo de un azul muy duro.
Un paseo corto, mejor a primera o última hora
Para quien pase por Castrogonzalo, lo más sensato es dedicarle un rato tranquilo y luego seguir explorando la zona. Benavente queda muy cerca y concentra más movimiento, pero volver después a estas calles silenciosas cambia bastante la sensación del día.
Si vienes en verano, conviene caminar temprano o al caer la tarde. A mediodía el sol pega fuerte y apenas hay sombras fuera del casco urbano. En cambio, al anochecer el pueblo se llena de sonidos pequeños: bicicletas que pasan, conversaciones desde los bancos y el eco lejano de las campanas.
Fiestas y vida de pueblo
Las fiestas patronales suelen concentrar el momento de más movimiento del año. Muchos vecinos que viven fuera regresan esos días y las calles recuperan un bullicio que el resto del año apenas aparece. Hay procesiones sencillas, música en la plaza y mesas largas donde la gente se sienta a charlar hasta tarde.
El resto del tiempo, Castrogonzalo mantiene una vida discreta y bastante silenciosa. Un lugar donde lo más interesante no ocurre en un monumento concreto, sino en esos detalles que solo se notan cuando uno se queda un rato: la luz cayendo sobre los tejados, el olor del campo después de segar o el sonido del río cuando el viento viene del norte.