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sobre Coomonte
Localidad limítrofe con León situada en la vega del río Órbigo; destaca por su fertilidad agrícola y sus fiestas tradicionales muy participativas
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Hay pueblos que funcionan como el botón de pausa. Llegas, aparcas el coche, y en diez minutos notas que todo va un poco más lento. Turismo en Coomonte va justo de eso. No de monumentos ni de planes apretados, sino de pasar unas horas en un sitio pequeño de verdad, de los que siguen midiendo el día por el sonido de las campanas y el movimiento del campo.
Coomonte está a unos quince kilómetros de Benavente y ronda los 180 vecinos. Lo suficiente para que haya vida, pero no tanto como para que el pueblo pierda ese aire tranquilo que tienen muchos pueblos de esta parte de Zamora.
Un pueblo que gira alrededor de la iglesia
Si entras sin mapa, acabarás igual en el mismo sitio que todos: la iglesia de San Pedro. Pasa en muchos pueblos de la zona. Las casas se fueron agrupando alrededor y las calles salen de ahí como radios.
El edificio actual suele fecharse en el siglo XVI, aunque con reformas posteriores. No es una iglesia monumental ni mucho menos. Piedra, líneas sencillas y ese aspecto de haber visto pasar bastantes generaciones sin cambiar demasiado.
Alrededor aparecen casas bajas, algunas de adobe, otras ya reformadas. Muchas siguen teniendo huerto pegado a la vivienda. Ese detalle dice bastante de cómo se ha vivido aquí siempre: casa, corral y tierra cerca.
Calles cortas y cosas que parecen pequeñas
Coomonte no tiene un casco histórico marcado en el mapa. Simplemente es el pueblo. Calles como la Calle Mayor o el Camino del Cerro suben y bajan suavemente entre fachadas sencillas, portones de madera y patios interiores que apenas se intuyen desde fuera.
A veces ves detalles que pasan desapercibidos si vas con prisa. Un horno antiguo en una pared, una bodega excavada en un talud, una puerta que parece llevar ahí más tiempo que el asfalto de la calle.
No son monumentos. Pero explican bastante bien cómo ha funcionado el pueblo durante décadas.
El paisaje: campo abierto y horizonte largo
Aquí el paisaje no intenta impresionar. Es la típica llanura agrícola del norte de Zamora. Parcelas de cereal, caminos de tierra y algún grupo de árboles rompiendo la línea del horizonte.
En verano todo se vuelve amarillo. En invierno el campo tira a gris y marrón. Si has conducido por Tierra de Campos o por Los Valles, ya sabes de qué tipo de paisaje hablo: largo, abierto y muy silencioso.
Cerca del pueblo aparecen pequeños arroyos o charcas que se forman con las lluvias. A veces se ven garzas o cigüeñas buscando comida. No es raro tampoco escuchar alondras o ver algún aguilucho moviéndose sobre los cultivos.
Caminos que conectan pueblos
Una de las mejores formas de entender Coomonte es salir andando por los caminos agrícolas. No hay grandes rutas señalizadas dentro del pueblo, pero sí muchos caminos que enlazan con localidades cercanas.
Algunos vecinos mencionan recorridos que se acercan hacia el entorno del río Guareña. Son trayectos fáciles, bastante llanos, de esos que puedes hacer sin mirar mucho el reloj.
Lo bueno de caminar por aquí es que todo está abierto. Ves el pueblo a lo lejos, los tractores trabajando cuando toca campaña y algún rebaño moviéndose despacio por los ribazos.
Fiestas y vida de pueblo
Las fiestas suelen celebrarse alrededor de San Pedro, a finales de junio o principios de julio. Es cuando el pueblo cambia de ritmo. Vuelven familiares que viven fuera y las calles se llenan más de lo habitual.
Hay procesión, encuentros entre vecinos y muchas conversaciones largas en la plaza o a la puerta de casa. Si alguna vez has estado en fiestas de un pueblo pequeño, sabes el ambiente: todo el mundo se conoce y siempre aparece alguien que te acaba contando cómo era el pueblo hace cuarenta años.
¿Merece la pena acercarse?
Coomonte no es un destino al que vengas desde lejos solo para verlo. Y decir lo contrario sería vender humo.
Pero si te mueves por la comarca de Benavente y Los Valles, parar aquí un rato tiene sentido. Das una vuelta tranquila, entiendes cómo es el paisaje de esta parte de Zamora y, durante un rato, el tiempo parece ir un poco más despacio. A veces con eso ya vale.