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sobre Quiruelas de Vidriales
Localidad del valle de Vidriales con tradición vinícola y bodegas; incluye la pedanía de Colinas de Trasmonte
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En el corazón de la comarca de Benavente y Los Valles, Quiruelas de Vidriales se alza a unos 720 metros de altitud como uno de esos pueblos zamoranos donde la vida sigue yendo a otro ritmo. Con poco más de 600 habitantes, este municipio mantiene un equilibrio sincero entre la tranquilidad rural y la actividad diaria de un pueblo que sigue viviendo del campo y de lo que lo rodea. Sus calles, algunas aún empedradas, y muchas construcciones de adobe y piedra recuerdan tiempos en los que las estaciones marcaban de verdad la agenda.
El nombre de Quiruelas evoca la historia medieval de estos territorios, vinculados durante siglos a las órdenes militares y a las rutas de comunicación entre Galicia y el interior peninsular. La luz castellana baña sus fachadas durante todo el año, creando ese paisaje de ocres y pardos tan característico de las tierras zamoranas. Aquí el silencio no es vacío: se llena con el sonido lejano de un tractor, las campanas o una conversación en la plaza.
Visitar Quiruelas de Vidriales es asomarse a esa España interior que suele quedar fuera de los folletos, pero que guarda pequeños tesoros para quien va sin prisas: arquitectura tradicional, producto local y un trato directo, sin florituras.
Qué ver en Quiruelas de Vidriales
El patrimonio religioso de Quiruelas de Vidriales se concentra en su iglesia parroquial, edificio que preside la plaza principal y que funciona como referencia cotidiana más que como monumento aislado. Como en tantos municipios zamoranos, el templo combina elementos de diferentes épocas, reflejo de las sucesivas reformas que ha experimentado a lo largo de los siglos. Su torre campanario es visible desde varios puntos del municipio y sirve de referencia para orientarse en el entramado urbano. Aunque no seas de entrar a iglesias, merece la pena al menos rodearla y fijarse en detalles como la piedra, las bóvedas o las imágenes más usadas en las procesiones.
El paseo por las calles del casco antiguo permite descubrir la arquitectura tradicional castellana, con casas de adobe, tapial y piedra que han resistido el paso del tiempo, algunas mejor conservadas que otras. Es un pueblo para andar sin mapa, dejando que las calles cortas y los callejos te lleven de nuevo a la plaza. Algunas construcciones mantienen escudos nobiliarios en sus fachadas, testimonio de la importancia que tuvo la zona en épocas pasadas. Las bodegas subterráneas, excavadas en la roca, son otro elemento característico del paisaje urbano, recordando la tradición vitivinícola de la zona, aunque muchas se usan hoy como merenderos familiares, cerrados al público.
Los alrededores de Quiruelas muestran los paisajes típicos de la meseta castellana, con extensas tierras de cultivo que cambian de color según la estación: el verde intenso de primavera, el dorado del verano durante la cosecha, o los tonos terrosos del otoño e invierno. Son campos abiertos, sin grandes alardes, pero agradecidos al atardecer, cuando el sol tiñe el cielo de rojos y naranjas y el pueblo se recoge.
Qué hacer
El senderismo y las rutas en bicicleta por los caminos rurales que conectan Quiruelas con los pueblos vecinos son una buena manera de conocer el territorio. Los antiguos caminos agrícolas permiten recorrer el paisaje de la meseta zamorana, observar aves y disfrutar del silencio del campo. La orografía es suave, pero conviene calcular bien las distancias: los pueblos parecen cerca, pero entre ida, vuelta y paradas se puede ir media jornada sin darse cuenta. No hay miradores espectaculares ni cumbres, pero sí ese horizonte largo que se agradece cuando se va con calma.
La gastronomía local merece una atención especial si te interesa la cocina castellana sin adornos. Los productos de la tierra, desde las legumbres hasta las hortalizas, forman la base de una cocina tradicional de sabores contundentes. El cordero asado, los embutidos artesanos y los quesos de la zona suelen aparecer en celebraciones y reuniones familiares. La repostería tradicional, con sus mantecados y rosquillas, sigue muy ligada a fechas concretas y a la cocina casera, no tanto a escaparates ni a tiendas de “recuerdos”.
Para quienes se fijan en cómo se organizaba la vida rural, el turismo etnográfico aquí es más de observación que de museos: palomares, corrales y bodegas ayudan a entender el aprovechamiento del terreno y del clima. Algunas de estas edificaciones mantienen su función original, mientras que otras se han reconvertido en espacios para el almacenamiento o el ocio de fin de semana. No esperes paneles explicativos: lo que hay se entiende paseando y preguntando.
Fiestas y tradiciones
El calendario festivo de Quiruelas de Vidriales mantiene vivas tradiciones que giran sobre todo en torno al verano y al calendario religioso. Las fiestas patronales se celebran durante el verano, generalmente en agosto, concentrando varios días de celebraciones que incluyen actos religiosos, bailes, juegos populares y verbenas. Es cuando el pueblo está más lleno, con el retorno de quienes viven fuera el resto del año, y cuando cuesta más encontrar calma en la plaza.
En primavera, las romerías y procesiones marcan el ritmo del calendario litúrgico, con celebraciones que congregan a buena parte de la comunidad. Estas festividades religiosas conservan rituales transmitidos de generación en generación, donde la devoción popular se mezcla con la convivencia vecinal y las sobremesas largas.
Las celebraciones de invierno, aunque más discretas, mantienen tradiciones como las matanzas o la elaboración de productos artesanos, momentos que refuerzan los lazos comunitarios y que en algunos casos se comparten con visitantes interesados en conocer estas costumbres, siempre que se vaya con respeto y sin convertirlo en espectáculo. Son meses de menos movimiento exterior, pero de mucha vida de cocina y chimenea.
Si solo tienes…
Si solo tienes 1–2 horas
Lo más sensato es aparcar cerca de la plaza, dar un paseo tranquilo por el entorno de la iglesia parroquial, recorrer un par de calles laterales para ver las casas de adobe y alguna bodega, y asomarte a las afueras para tener una vista rápida de los campos. En ese tiempo te haces una buena idea de cómo se vive aquí sin ir con prisas.
Si tienes el día entero
Puedes combinar un paseo por el pueblo a primera hora con una ruta a pie o en bici por los caminos de servicio hacia los pueblos cercanos. A ritmo tranquilo, entre salir, parar a hacer fotos, charlar un rato y volver, el día se va solo. Por la tarde, la luz baja funciona bien para volver a la zona de las bodegas y de los palomares y rematar con un paseo corto por la plaza cuando ya refresca.
Lo que no te cuentan
Quiruelas de Vidriales es un pueblo pequeño que se recorre a pie en poco tiempo. El “turismo” aquí se parece más a pasear, fijarse en los detalles y conversar, que a ir tachando puntos de una lista. No hay reclamos estridentes ni grandes infraestructuras, y eso forma parte de su manera de estar en el mapa.
Las fotos de campos verdes y cielos limpios corresponden, sobre todo, a primavera y primeros de verano; el resto del año el paisaje es más duro y seco, pero también más fiel a lo que es la meseta. Si buscas un casco histórico monumental o muchas visitas culturales, te quedarás corto: funciona mejor como parada tranquila dentro de una ruta por la comarca que como base para pasar varios días seguidos.
Errores típicos
- Esperar un pueblo “de postal” todo el año: aquí hay vida real, casas arregladas junto a otras a medio caer, naves agrícolas y maquinaria. Eso forma parte del paisaje.
- Subestimar el clima: en verano el sol pega fuerte y apenas hay sombras fuera del casco urbano; en invierno el frío es serio. Ropa adecuada y agua en la mochila si sales a caminar.
- Pensar que habrá de todo abierto: al no ser un destino turístico masivo, algunos servicios pueden tener horarios muy ajustados, sobre todo entre semana. Conviene llevar algo de comida y no apurar gasolina.
- Llegar con la idea de “ver cosas” en cadena: la visita funciona mejor si aceptas que el plan es sencillo: caminar, mirar, sentarse un rato y seguir ruta.
Cuándo visitar Quiruelas de Vidriales
La primavera es el momento más agradecido para caminar por los alrededores: temperaturas suaves, días más largos y campos verdes. El verano concentra las fiestas y más ambiente, pero también el calor y las horas centrales del día en las que apetece poco estar al sol; aquí manda la sombra y el banco a partir del mediodía. El otoño trae luz más suave y paisajes dorados, buen momento para paseos cortos y tranquilos.
En invierno, el frío corta, y algunos días la niebla o el viento pueden hacer menos agradable el paseo, pero se ve la vida diaria del pueblo sin maquillaje, con su ritmo pausado y sus rutinas. Si llueve, el plan pasa más por callejear poco rato, refugiarse y alargar la charla que por hacer grandes excursiones, así que conviene llevar algo pensado para seguir ruta por la comarca.