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sobre Santovenia
Localidad situada en la Vía de la Plata con albergue de peregrinos; paisaje de transición entre Tierra de Campos y Benavente
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A media tarde, la luz entra de lado por las ventanas de la iglesia de la Asunción y dibuja franjas largas sobre el suelo de piedra. Apenas pasa nadie. Alguna voz se oye al fondo de una calle y enseguida vuelve el silencio, ese silencio amplio de los pueblos pequeños. El turismo en Santovenia empieza casi siempre así: con la sensación de haber llegado a un lugar donde el ritmo no lo marcan los relojes, sino el trabajo del campo y la hora a la que cae el sol.
Santovenia tiene algo más de doscientos vecinos y queda en la comarca de Benavente y Los Valles, rodeado por un paisaje que cambia poco pero nunca es exactamente igual. Los campos de cereal se abren en líneas largas hasta el horizonte, y cuando sopla el viento el trigo se mueve como una superficie continua. La vida aquí sigue muy ligada a esa tierra. Se nota en las casas: construcciones sencillas, portalones anchos pensados para carros y tractores, corrales donde todavía se guardan herramientas o algo de ganado.
No es un lugar al que se llegue buscando monumentos grandes ni calles llenas de comercios. Santovenia se entiende mejor caminándolo despacio, fijándose en cómo están organizadas las casas, en los caminos que salen hacia las parcelas, en el movimiento tranquilo de una tarde cualquiera.
La iglesia y las calles alrededor
El edificio que marca el centro del pueblo es la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción. Desde casi cualquier calle se ve la torre asomar por encima de los tejados. La fachada es sobria y el interior también: madera oscura, bancos gastados por los años y ese olor a cera y polvo que tienen muchas iglesias de pueblos pequeños. Cuando la puerta está abierta —no siempre lo está— se agradece entrar un momento y notar el cambio de temperatura.
Alrededor de la iglesia salen varias calles cortas, algunas todavía con tramos de tierra o con el asfalto irregular. Las casas mezclan piedra, adobe encalado y ladrillo más reciente. Hay portones de madera gruesa que ocupan media fachada, pensados para guardar maquinaria o para dar paso al corral. En algunos tejados siguen las tejas curvas de toda la vida; en otros se ven arreglos más prácticos hechos con materiales modernos. Esa mezcla cuenta bastante bien cómo han ido cambiando las cosas aquí.
Si paseas sin rumbo acabarás saliendo al borde del pueblo en pocos minutos. Santovenia no es grande, y eso también tiene su gracia: enseguida vuelves a ver las mismas esquinas y empiezas a reconocer los lugares.
El paisaje alrededor del pueblo
En cuanto sales de las últimas casas aparecen los caminos agrícolas. Son pistas de tierra compactada que se abren entre parcelas de cereal, girasol o barbecho, según el año. En primavera todo es verde brillante; a mediados de verano el paisaje se vuelve dorado y el polvo se levanta con cada coche que pasa.
No hay grandes masas de bosque ni ríos cerca, pero sí pequeñas vaguadas donde crecen matorrales y alguna encina suelta. En esas zonas a veces se ven conejos o liebres cruzando el camino al amanecer. También es territorio de aves esteparias: con un poco de paciencia pueden verse avutardas a lo lejos o rapaces planeando sobre los campos.
Un buen momento para caminar es a última hora de la tarde, cuando el calor baja y la luz rasante marca los surcos de la tierra. Conviene llevar agua y algo para cubrirse del sol si vas en verano: la sombra escasea.
Caminos para recorrer la zona
Varios caminos unen Santovenia con otros pueblos cercanos de la comarca. Muchos se usaron durante años para ir de una finca a otra o para moverse entre localidades vecinas, y todavía hoy se pueden recorrer andando o en bicicleta sin demasiada dificultad.
No siempre están señalizados, así que un mapa o el GPS del móvil ayuda a orientarse cuando los cruces se multiplican entre parcelas. Aun así, el terreno es bastante abierto y es difícil desorientarse del todo: basta con levantar la vista y buscar la torre de la iglesia para volver al pueblo.
Si te gusta observar aves o simplemente caminar sin ruido, madrugar merece la pena. A esas horas apenas circula nadie por los caminos y el paisaje tiene otro tono, más frío y silencioso.
Llegar a Santovenia
La forma más sencilla de llegar es en coche desde Benavente o desde Zamora, utilizando las carreteras comarcales que atraviesan la llanura cerealista de la zona. Los últimos kilómetros suelen discurrir por vías secundarias entre campos abiertos.
Dentro del pueblo se aparca sin problema en las calles más anchas o cerca de la plaza. El transporte público por esta parte de la comarca es escaso, así que lo habitual es llegar con vehículo propio y aprovechar para recorrer otros pueblos de alrededor el mismo día.