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sobre Villaferrueña
Pequeño pueblo del valle con tradición agrícola; destaca por su iglesia y la cercanía al río Eria
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En el corazón de la comarca de Benavente y Los Valles, Villaferrueña es uno de esos pueblos pequeños que Zamora esconde entre sus campos de cereal y horizontes interminables. Con poco más de cien habitantes y situada a unos 740 metros de altitud, esta aldea castellana mantiene la vida rural de siempre, con su ritmo lento y sus rutinas ligadas al campo. Aquí el sonido de fondo son los tractores, los perros y, según la hora, las conversaciones a la fresca.
El nombre de Villaferrueña evoca tiempos medievales, posiblemente relacionado con antiguas ferrerías o trabajos del hierro que dieron origen al asentamiento [VERIFICAR]. Pasear por sus calles es asomarse a la arquitectura tradicional zamorana, con viviendas de piedra, adobe y ladrillo que se adaptan al paisaje de la meseta castellana. Aquí no hay grandes monumentos ni fotos de postal en cada esquina: hay casas vividas, huertas, corrales y la gente a su ritmo, que es lo que realmente sostiene el pueblo.
El paisaje que rodea la localidad es típicamente cerealista, con extensas llanuras que cambian de color según la estación: verdes intensos en primavera, dorados en verano y ocres en otoño. Esta austeridad paisajística tiene su propia belleza, con cielos amplios y atardeceres muy largos, de esos que se ven bien desde cualquier camino de tierra, apoyado en una valla o sentado en un ribazo.
Qué ver en Villaferrueña
El principal elemento patrimonial de Villaferrueña es su iglesia parroquial, que domina la silueta del pueblo y conserva elementos arquitectónicos de interés. Como es habitual en los templos de la zona, combina una cierta sobriedad de origen románico con reformas posteriores, reflejo de los distintos momentos históricos de la localidad. No es una iglesia de gran museo, pero sí de pueblo que ha estado siempre ahí: bautizos, entierros, fiestas y campanas marcando el día.
El propio conjunto urbano invita a un paseo corto pero majo. Las casas tradicionales de arquitectura popular castellana, construidas con materiales autóctonos, muestran soluciones muy prácticas para el clima continental de la zona: muros gruesos, patios interiores, corrales resguardados del viento. Algunas conservan bodegas subterráneas, antiguos lagares y construcciones auxiliares que recuerdan la vida agroganadera de hace no tanto, cuando casi todas las casas tenían su huerta y su ganado.
En los alrededores del pueblo, el paisaje agrario ayuda a entender cómo se vive aquí. Los caminos que parten desde Villaferrueña atraviesan campos cultivados donde aún puede seguirse el ciclo agrícola tradicional, con palomares dispersos y pequeñas construcciones de apoyo al trabajo del campo. No hay grandes carteles ni miradores preparados: se trata más de caminar, mirar y dejar que el paisaje te cuente su historia.
Qué hacer
Villaferrueña puede servir como punto de inicio o de paso para rutas de senderismo suave por la comarca de Benavente y Los Valles. Los caminos rurales que conectan con localidades vecinas permiten caminatas sin grandes desniveles, siempre con la meseta castellana alrededor. Mejor en primavera y otoño, cuando el sol aprieta menos y el campo tiene algo más que mostrar. Es ese tipo de paseo de zapatilla cómoda, gorra, botella de agua y poco más.
Para quienes disfrutan con la observación de aves, los campos de cultivo y las zonas de barbecho atraen numerosas especies propias de ambientes esteparios. Alondras, cogujadas, perdices y algunas rapaces son relativamente fáciles de ver si se camina con calma y sin hacer demasiado ruido. No hace falta ser experto: basta con parar, escuchar y mirar el cielo y los ribazos.
La gastronomía tradicional zamorana sigue muy presente en la zona, aunque aquí no vas a encontrar una ruta de restaurantes ni nada parecido. Productos de la matanza, quesos de oveja, legumbres y pan de horno de toda la vida forman parte de una cocina sencilla pero contundente. En la comarca hay tradición vitivinícola y es fácil que aparezca algún vino de la zona en cualquier mesa, sobre todo en comidas familiares o fiestas.
Villaferrueña permite también asomarse al modo de vida rural de primera mano, especialmente en época de cosecha, cuando los campos se llenan de maquinaria y el pueblo tiene algo más de movimiento de lo normal. Si vas en esas fechas, es más interesante mirar cómo se organiza el trabajo que buscar “atracciones” al uso.
Fiestas y tradiciones
Como muchas localidades castellanas, Villaferrueña mantiene sus fiestas patronales, que suelen celebrarse en verano, cuando regresan los que viven fuera. El programa suele combinar actos religiosos, verbenas y comidas colectivas en las que se junta prácticamente todo el pueblo. Más que grandes eventos, son días de reencuentro y de ver caras conocidas año tras año.
Las romerías y procesiones forman parte del calendario anual: momentos en los que la tradición religiosa va de la mano de la convivencia vecinal. Aunque la población es reducida, estas celebraciones siguen siendo el principal pegamento social del municipio, donde se mezclan los que nunca se han ido con los que vuelven solo unos días.
En invierno, sobre todo en torno a Navidad, las celebraciones se vuelven más familiares y discretas, manteniendo tradiciones sencillas que se repiten año tras año, muchas veces de puertas adentro.
Lo que no te cuentan
Villaferrueña es un pueblo pequeño que se recorre en poco tiempo. Se ve en un paseo corto, sin necesidad de mapa. No esperes una lista larga de visitas ni un casco histórico monumental: es más un lugar de paseo tranquilo y parada breve que un destino para pasar varios días seguidos.
Las fotos de campos infinitos pueden llevar a pensar en grandes rutas o miradores espectaculares, pero el atractivo aquí es otro: caminar sin prisas, ver cómo se trabaja la tierra, escuchar el silencio (o los tractores, según la época) y poco más. Si buscas mucha actividad, tiendas, bares y propuestas culturales, quizá no sea tu sitio. Como parada dentro de una ruta por la comarca, funciona mucho mejor.
Cuándo visitar Villaferrueña
La primavera (abril-mayo) es probablemente el mejor momento: el campo está verde, los días alargan y las temperaturas son suaves. El otoño (septiembre-octubre) también funciona bien, con menos calor y el paisaje cambiando de color. Si te gusta hacer fotos sin gente, en estos meses lo tendrás fácil.
En verano el calor puede ser intenso durante el día, típico clima continental: da para madrugar, descansar al mediodía y volver a salir por la tarde. En invierno hace frío, hay heladas y a veces niebla persistente; la vida se concentra más puertas adentro y el ambiente en la calle es mínimo.
Si llueve, las pistas de tierra pueden embarrarse bastante, así que conviene fijarse en el estado de los caminos antes de aventurarse demasiado lejos del asfalto. Mejor preguntar a alguien del pueblo que fiarse solo del mapa.
Errores típicos al visitar Villaferrueña
- Esperar más de lo que es: Villaferrueña no es un pueblo monumental ni una “postal” continua. Es una parada tranquila en una ruta por la comarca, no un destino con agenda repleta.
- Ir en las horas centrales de verano: el sol cae a plomo y cualquier paseo se hace pesado. Mejor primeras horas de la mañana o última de la tarde.
- Contar con servicios que no hay: gasolineras, supermercados grandes o una oferta amplia de bares y restaurantes no están aquí. Conviene llegar con el coche organizado y sin apurar ni combustible ni provisiones.
- Olvidar que es un lugar vivido, no un decorado: las calles son de la gente del pueblo. Molesta menos una cámara de fotos que un coche mal aparcado o conversaciones en voz alta a deshora.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Zamora capital (a unos 55 kilómetros [VERIFICAR]), se accede a Villaferrueña tomando la carretera hacia Benavente por la A-66 y luego desviándose por carreteras comarcales. El viaje discurre entre campos de cultivo, sin pérdida pero con algún tramo de rectas largas. Desde Benavente, la localidad está más cerca y se llega por carreteras locales señalizadas.
Mejor época para visitar: Primavera y otoño, por temperatura y luz, son los momentos más agradables. En verano el calor se deja notar, y en invierno el frío y las heladas son constantes, así que ajusta ropa y expectativas a la estación.
Consejos: Villaferrueña se ve con calma y sin prisas. No esperes infraestructuras turísticas ni servicios de ciudad: el interés está precisamente en que sigue siendo un pueblo de verdad, con la vida girando alrededor del campo y del calendario agrícola. Lleva efectivo por si acaso, revisa el depósito del coche antes de llegar y entra con actitud de observador respetuoso más que de turista con lista de cosas que tachar.