Artículo completo
sobre Villageriz
Uno de los municipios más pequeños situado en el valle de Vidriales; entorno rural auténtico y tranquilo
Ocultar artículo Leer artículo completo
En el corazón de la comarca de Benavente y Los Valles, Villageriz se alza a 776 metros de altitud como uno de esos pueblos que parecen resistir al paso del tiempo. Con apenas unos 60 habitantes censados, esta pequeña aldea zamorana representa bien la esencia más austera de la Castilla rural, donde el silencio se interrumpe sobre todo por el repique de las campanas de su iglesia y el murmullo del viento entre los campos de cereal.
Llegar hasta Villageriz es adentrarse en una tierra de horizontes amplios y cielos muy abiertos, donde la arquitectura tradicional de piedra y adobe convive con naves agrícolas y casas más recientes. Aquí no encontrarás multitudes ni servicios turísticos organizados: lo que hay es vida de pueblo, con vecinos que aún mantienen, como pueden, las tradiciones agrícolas y ganaderas que han sostenido estos lugares durante generaciones.
Este rincón de Zamora, a menudo olvidado en las guías convencionales, interesa sobre todo al viajero que tiene curiosidad por la España más vacía: pasear sin prisa, ver cómo es un pueblo de menos de cien habitantes entre semana, y entender cómo era y cómo sigue siendo la vida en la meseta cuando se apagan las luces de las ciudades.
¿Qué ver en Villageriz?
El patrimonio de Villageriz se concentra principalmente en su iglesia parroquial, el edificio más visible del pueblo y todavía punto de referencia para la vida comunitaria. Como en tantas otras localidades de la comarca, el templo ha sido durante siglos el centro del pueblo, y conserva elementos arquitectónicos que se aprecian mejor si se mira con calma: fábrica sencilla, añadidos de distintas épocas, y ese cementerio cercano que recuerda la escala real del lugar y el goteo de generaciones.
Más allá de la iglesia, el interés de Villageriz está en su conjunto urbano tradicional. Un paseo corto por sus calles permite ver la arquitectura popular castellana: casas de piedra o tapial con portones de madera, corrales, pajares reconvertidos y alguna bodega excavada en la tierra. No todo está restaurado ni “bonito” para la foto; hay fachadas caídas, tejas hundidas y muros vencidos. Precisamente ahí está parte de su autenticidad, en esa mezcla de lo que se usa, lo que se ha abandonado y lo que se intenta mantener.
El entorno natural que rodea la aldea invita a caminatas tranquilas entre campos de cultivo, alguna encina dispersa y caminos rurales que conectan con otras pequeñas localidades de la zona. Desde pequeños altozanos cercanos se obtienen buenas vistas de la comarca de Benavente y Los Valles, especialmente agradables al atardecer, cuando la luz baja y los campos cambian de color en cuestión de minutos. Con media hora de paseo ya se nota esa sensación de estar lejos de todo, aunque en términos de kilómetros no lo estés tanto.
Qué hacer
Villageriz encaja bien con quien busca bajar revoluciones y observar cómo se vive en un pueblo mínimo. No hay una lista larga de actividades, pero sí varias formas de aprovechar la visita si se viene con esa mentalidad.
Los caminos rurales que parten del pueblo permiten realizar rutas sencillas a pie o en bicicleta, siguiendo antiguas vías pecuarias o sendas agrícolas. No están señalizadas como rutas oficiales, así que conviene usar un mapa o GPS y no improvisar demasiado, sobre todo si no se conoce la zona. A poco que te despistes puedes acabar al lado de una nave o en un camino que muere en una finca privada.
La observación de aves puede ser otro aliciente: los campos cerealistas de la zona son hábitat de especies esteparias, rapaces y aves ligadas al mundo agrario. No es un “destino ornitológico” como tal, pero quien ya tenga afición sabrá sacarle partido si viene con prismáticos y algo de paciencia.
Los aficionados a la fotografía rural encontrarán en Villageriz motivos muy concretos: texturas de paredes, portones viejos, maquinaria agrícola, horizontes limpios y cielos potentes al amanecer o al atardecer. No es un pueblo monumental, así que el atractivo está más en el ambiente, en las luces y en los pequeños detalles que en grandes edificios.
En cuanto a la gastronomía, en un pueblo tan pequeño no hay establecimientos comerciales permanentes. La referencia la tienes en la comarca de Benavente y Los Valles, conocida por quesos, embutidos y lechazo. Lo lógico es organizar la visita a Villageriz como parte de una jornada más amplia por la zona y comer o hacer compra en localidades mayores.
Fiestas y tradiciones
Como en la mayoría de los pueblos castellanos, el calendario festivo de Villageriz gira en torno a las fiestas patronales, que suelen celebrarse en verano, cuando regresan muchos hijos del pueblo. El ambiente cambia bastante respecto al resto del año: más gente, actividades sencillas, misa, procesión y muchas horas de charla en la calle.
Las festividades religiosas del ciclo anual, como la Semana Santa o las celebraciones navideñas, también tienen su reflejo en Villageriz, aunque de forma muy discreta, acorde con la población real que queda durante el invierno. Son buenos momentos para ver el pueblo en su faceta más cotidiana, sin decorado y con un ritmo todavía más lento.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Zamora capital, situada a unos 60 kilómetros, se accede a Villageriz tomando la carretera en dirección a Benavente y desviándose posteriormente por carreteras locales. El trayecto suele rondar la hora. Desde Benavente, cabeza de comarca, la distancia es menor y el acceso más directo. Es muy recomendable disponer de vehículo propio, ya que las conexiones de transporte público son muy limitadas o pueden ser inexistentes según el día [VERIFICAR].
Consejos prácticos: Villageriz no cuenta con servicios turísticos ni comercios. Conviene llegar con el depósito de combustible razonablemente lleno y llevar agua y algo de comida, sobre todo si se va a caminar. Para alojamiento y restauración tendrás que ir a Benavente u otros pueblos mayores de la comarca. Respeta la tranquilidad del lugar, la propiedad privada y las zonas de labor: muchas calles acaban en corrales o fincas. No aparques bloqueando portones ni tractores: pueda parecer una calle vacía, pero es zona de trabajo.
Cuándo visitar Villageriz
La primavera (abril-mayo) y el otoño (septiembre-octubre) son los momentos más agradables para caminar, con temperaturas suaves y el campo en transición. En verano, el calor aprieta, los paisajes se vuelven más secos y lo mejor es ajustar los paseos a primeras horas de la mañana o al final de la tarde. El invierno es frío, con heladas frecuentes y días cortos: el pueblo tiene su atractivo entonces, pero la visita se hace rápida y conviene calcular bien las horas de luz y el abrigo.
Si solo tienes…
Si solo tienes 1–2 horas
Te da tiempo a pasear el caserío con calma, acercarte a la iglesia, asomarte a los caminos que salen del pueblo y quedarte un rato simplemente mirando el horizonte. A ritmo lento, en una hora puedes hacerte una idea bastante real de cómo es Villageriz y de la escala de estos pueblos de la meseta.
Si tienes el día entero
Lo más sensato es combinarlo con otros pueblos de la comarca o con una visita a Benavente. Villageriz, por tamaño, encaja mejor como una parada dentro de una ruta por la zona que como destino único de una jornada completa. Piensa en dedicarle entre una y dos horas, y el resto del tiempo moverlo por la comarca.
Lo que no te cuentan
Villageriz es muy pequeño y se recorre rápido. Si vienes esperando un casco histórico amplio o una lista interminable de cosas que ver, saldrás decepcionado. Su interés está en asomarse, literalmente, a la escala de un pueblo que ronda el medio centenar de habitantes, en fijarse en detalles y en usarlo como excusa para entender mejor lo que significan palabras como “despoblación” o “España vaciada” sobre el terreno.
Las fotos de campos dorados y cielos dramáticos son reales, pero pueden dar la impresión de un lugar más “turístico” de lo que es. Aquí no hay rutas señalizadas, ni bares, ni tiendas de recuerdos. Es más una parada breve y consciente dentro de un viaje por la comarca que un destino al que venir a pasar varios días. Y si vienes entre semana, en invierno, no te sorprendas si durante tu paseo apenas te cruzas con un par de vecinos y algún tractor.