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sobre Villanueva de las Peras
Pequeña localidad del valle de Valverde conocida por su producción de peras antiguamente; entorno rural tranquilo
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En el corazón de la comarca de Benavente y Los Valles, donde la meseta zamorana dibuja un paisaje de horizontes amplios y cielos despejados buena parte del año, se encuentra Villanueva de las Peras. Este pequeño municipio de unos 85 habitantes se alza a unos 755 metros de altitud y mantiene el ambiente de pueblo agrícola de toda la vida, con ritmo lento y vida tranquila, sin postureo rural ni grandes infraestructuras turísticas.
El nombre del municipio remite a la presencia histórica de perales en la zona, un detalle que habla de la relación antigua entre estos campos y la fruticultura, además de los cultivos de cereal y pastos. Rodeado de tierras de labor y pequeñas manchas de arbolado, Villanueva de las Peras encaja bastante bien en la imagen de aldea castellana: casas bajas, materiales humildes y campo en cuanto se acaba la última calle. Aquí no hay “circuitos turísticos”, hay caminos y costumbre de salir a andar.
La localidad forma parte de esa red de pequeños núcleos que sostienen la identidad rural de Zamora, una provincia donde el patrimonio no se entiende solo por monumentos aislados, sino por la suma de decenas de pueblos con historias discretas, pero muy largas, escondidas en muros de barro, cuadras y corrales.
¿Qué ver en Villanueva de las Peras?
El principal interés de Villanueva de las Peras está en su conjunto urbano tradicional, sin grandes restauraciones ni maquillajes. Un paseo tranquilo permite fijarse en las construcciones típicas de la zona, con fachadas de adobe, tapial y mampostería, a menudo mezcladas con reformas más recientes. Las casas con patio y corral recuerdan claramente el pasado agrícola y ganadero; no es un casco histórico de postal, es un pueblo en uso.
La iglesia parroquial es el edificio más relevante, como ocurre en casi todos los pueblos de la comarca. Es un templo sencillo, pero conviene entrar si está abierta: en muchos casos estos edificios guardan retablos, tallas o piezas de orfebrería popular que cuentan más sobre la fe y la economía de la zona que cualquier folleto.
El entorno inmediato, sin ser un gran paisaje de montaña, tiene su interés si te gusta la meseta: campos de cereal, pequeños arroyos estacionales y algún soto o arbolado de ribera. La primavera tiñe todo de verdes intensos y flores silvestres; en verano domina el dorado del grano. Los atardeceres, con el sol cayendo en horizontal sobre las tierras abiertas, son quizá el mejor momento del día para asomarse a los caminos.
Qué hacer
Villanueva de las Peras funciona bien como punto de partida para caminar por los caminos rurales que enlazan unos pueblos con otros. Son rutas sencillas, casi siempre llanas, aptas para quien esté acostumbrado a andar aunque no haga senderismo “técnico”. No encontrarás señales en cada cruce, así que conviene llevar mapa, GPS o, mejor aún, preguntar a los vecinos por los caminos a los pueblos cercanos.
La observación de aves es otra opción, sin grandes alardes, pero con recompensas para quien tenga paciencia. En las épocas migratorias, sobre todo primavera y otoño, es fácil ver cigüeñas, alguna rapaz y aves ligadas a los cultivos extensivos y los barbechos. No es un parque natural, es campo de trabajo, así que respeta cultivos y ganado.
En lo gastronómico, aquí manda lo que se ha comido siempre en la zona: embutidos, carne de ovino y platos de legumbre contundentes. No vengas buscando rutas de tapas; lo más interesante suele aparecer preguntando: quién sigue haciendo chorizos o morcillas, si aún se vende cordero de la zona o si alguien cultiva huerta en condiciones. La respuesta dependerá mucho del año y de quién siga en el pueblo.
Desde Villanueva de las Peras se puede recorrer la comarca, con Benavente como referencia principal, o encadenar una ruta de pueblos pequeños de la zona, cada uno con su iglesia, su frontón o sus bodegas ya medio en desuso. Es un turismo más de callejear y mirar que de “hacer cosas”.
Fiestas y tradiciones
El calendario festivo de Villanueva de las Peras gira en torno a las celebraciones religiosas, como ocurre en casi todo el medio rural de Castilla y León. Las fiestas patronales se celebran en verano, generalmente en agosto [VERIFICAR], cuando regresan vecinos que viven fuera y el pueblo se anima de golpe.
Lo habitual es la combinación de misa, procesión, verbenas nocturnas, juegos o actividades para todas las edades y comidas comunitarias. Para quien venga de fuera, el interés está en ver cómo se organiza un pueblo pequeño cuando toca reunirse: las sillas en la plaza, las conversaciones eternas y la mezcla de generaciones.
Información práctica
Villanueva de las Peras se sitúa al norte de la provincia de Zamora, con Benavente como punto de referencia principal. Desde Zamora capital se llega primero por la N-630 hacia Benavente y, desde allí, por carreteras comarcales hacia la zona de Los Valles. Conviene revisar el mapa con antelación: los desvíos no siempre están señalizados de forma evidente y es fácil pasar de largo si vas con prisa.
En cuanto a servicios, la lógica es clara: pueblo de menos de 100 habitantes, servicios muy limitados. No cuentes con una gran oferta de alojamientos ni comercios abiertos todo el día. Lo más práctico suele ser usar Benavente como base para dormir y hacer compras, y acercarse a Villanueva de las Peras y alrededores a pasar unas horas.
Cuándo visitar Villanueva de las Peras
La primavera (aprox. abril-junio) y el otoño (septiembre-octubre) son los momentos más agradables para caminar y ver el campo en condiciones, con temperaturas suaves y algo de vida agrícola. En verano hace calor, pero las noches refrescan gracias a la altitud y al viento de la meseta; los días centrales pueden resultar duros para caminar a pleno sol si no estás acostumbrado a este tipo de clima. El invierno es frío, con heladas frecuentes y días cortos: más para pasear un rato y recogerse pronto que para grandes excursiones.
Si llueve, el pueblo se recorre igual, pero los caminos de tierra pueden embarrarse bastante. Mejor preguntar siempre por el estado de los accesos si ha habido varios días de agua.
Lo que no te cuentan
Villanueva de las Peras es pequeño y se ve rápido. Si lo que buscas es un sitio con muchas visitas “marcadas”, te sabrá a poco en un par de horas. Su interés está más en la suma: entender cómo vive y resiste un pueblo así, enlazarlo con otras aldeas de la comarca y asumir que estás en una zona donde el protagonismo lo tiene el paisaje agrícola, no un monumento concreto.
Las fotos de campos verdes y cielos azules suelen corresponder a primavera; en verano el paisaje se vuelve ocre y más duro, y en invierno manda el gris. No es un decorado, es un territorio de trabajo.
No esperes grandes carteles, oficinas de turismo ni rutas muy definidas. Aquí aún funciona la vieja fórmula de preguntar en la plaza y dejarse orientar.
Si solo tienes…
Si solo tienes 1–2 horas
Pasea por el núcleo urbano, acércate a la iglesia, rodéala y fíjate en las casas tradicionales y en los corrales. Luego sal por cualquiera de los caminos que salen del pueblo y anda media hora en línea recta: a la vuelta tendrás una idea bastante clara de lo que es esta parte de la comarca.
Si tienes el día entero
Puedes combinar Villanueva de las Peras con otros pueblos de los Valles: llegar por la mañana, dar un paseo por el casco, hablar un rato con quien te encuentres en la plaza y salir andando o en coche hacia alguna localidad cercana. La jornada cunde si alternas tramos de camino rural con paradas cortas en varios pueblos, sin prisas y sabiendo que aquí el plan es mirar, escuchar y entender cómo funciona este trozo de meseta zamorana.