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sobre Caltojar
Destaca por su impresionante iglesia románica en un entorno rural tranquilo
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En el corazón de la comarca de Berlanga, donde las llanuras sorianas comienzan a ondularse con suaves colinas, se encuentra Caltojar, una pequeña aldea que parece detenida en el tiempo. Con apenas medio centenar de habitantes y situada a 965 metros de altitud, esta localidad representa la esencia más auténtica de la Castilla despoblada, esa que aún conserva el sabor de lo genuino y resiste al paso acelerado de los tiempos modernos.
Caltojar es un destino para quienes buscan desconexión real. Aquí no hay pretensiones turísticas ni infraestructuras artificiosas; solo piedra centenaria, silencio que se palpa y horizontes infinitos que invitan a la contemplación. Sus calles, sus casas de arquitectura tradicional soriana y su entorno natural prácticamente virgen hacen de este pequeño núcleo un lugar al que se viene más a bajar el ritmo que a “hacer cosas”. Conviene saberlo antes de llegar.
La belleza de Caltojar está en su sencillez. No es un pueblo monumental ni de grandes visitas guiadas: su mayor interés es la sensación de asomarse a un modo de vida que se va apagando, donde todavía es posible escuchar el silencio y observar un cielo nocturno sin contaminación lumínica.
¿Qué ver en Caltojar?
El patrimonio de Caltojar es modesto pero significativo. La iglesia parroquial preside el conjunto urbano con su estructura de piedra, testimonio de la fe que ha vertebrado la vida rural durante siglos. Aunque de proporciones humildes, merece un paseo por sus alrededores para apreciar la arquitectura religiosa tradicional de la comarca y fijarse en los detalles: las piedras irregulares, las reparaciones sucesivas, el pequeño espacio que la rodea, muy ligado a la vida diaria del pueblo.
El verdadero museo de Caltojar es el propio pueblo. Sus calles conservan la trama urbana tradicional, con casas de piedra, madera y adobe que muestran las técnicas constructivas sorianas de siempre. Los portones antiguos, las cuadras reconvertidas, los patios donde aún se acumula la leña para el invierno... cada rincón cuenta una historia de supervivencia y apego a la tierra. Se recorre en poco rato, pero si vas despacio y miras con calma, aparecen muchos más detalles de los que parece al principio.
El entorno natural que rodea la aldea es un espectáculo tranquilo para quien disfruta del paisaje abierto. Los campos de cereales que se extienden hasta donde alcanza la vista crean un paisaje cromático que cambia con las estaciones: verdes intensos en primavera, dorados en verano y ocres en otoño. Las parameras cercanas ofrecen un ecosistema duro pero interesante, con flora y fauna adaptadas a las condiciones climáticas del interior peninsular.
Desde las afueras del pueblo se pueden contemplar buenas vistas panorámicas de la comarca de Berlanga, con el perfil de otros pueblos en la distancia, creando esa sensación de inmensidad que caracteriza a las tierras sorianas.
Qué hacer
Caltojar es territorio de senderismo contemplativo. No se trata de grandes rutas de montaña, sino de paseos por caminos rurales y veredas que permiten adentrarse en el paisaje cerealista y estepario de la zona. Las caminatas al atardecer, cuando la luz rasante baña los campos con tonos dorados, se disfrutan especialmente. A ritmo tranquilo, en una hora puedes hacer un buen rodeo alrededor del casco urbano y volver sin prisas.
La observación de aves es otra actividad recomendable. La comarca de Berlanga alberga especies esteparias de interés ornitológico, como avutardas, sisones y alcaravanes, aunque para avistarlas conviene alejarse del núcleo urbano y adentrarse en las parameras con paciencia y prismáticos. No esperes encontrarlas al borde del camino: aquí manda la distancia y la discreción.
La fotografía de paisaje encuentra en Caltojar un escenario agradecido. La arquitectura popular, los campos infinitos, los cielos despejados y la luz especial de estas tierras altas permiten composiciones muy potentes, sobre todo durante las primeras y últimas horas del día. Eso sí, si el cielo está totalmente raso, el mediodía suele ser plano y duro para fotos.
En cuanto a gastronomía, aunque Caltojar no cuenta con establecimientos hosteleros propios debido a su reducido tamaño, la visita es una oportunidad para acercarse a la cocina tradicional soriana en localidades cercanas: migas del pastor, caldereta de cordero, torreznos y la chanfaina son algunos de los platos que ayudan a entender la identidad culinaria de la comarca.
Fiestas y tradiciones
Como muchos pueblos pequeños de la España interior, Caltojar mantiene sus celebraciones tradicionales en torno al patrón del pueblo, que suele concentrar los festejos durante el verano, coincidiendo con el regreso temporal de antiguos habitantes y familiares. Estas fiestas patronales, generalmente en agosto [VERIFICAR], son momentos de reencuentro donde se recuperan tradiciones, se celebran verbenas y se comparte mesa.
La Semana Santa, aunque de forma muy austera, también se vive con devoción entre los habitantes que permanecen en el pueblo, manteniendo rituales religiosos heredados de generaciones anteriores.
Cuándo visitar Caltojar
La primavera (mayo-junio) y el otoño (septiembre-octubre) suelen ser las estaciones más agradables para visitar Caltojar: temperaturas suaves, campos vivos y luz limpia. En verano puede hacer calor durante el día, pero las noches refrescan y el cielo se llena de estrellas. El invierno es otra historia: frío intenso, heladas y, algunos días, nieblas que se agarran al paisaje. Si vienes en los meses fríos, trae ropa de abrigo de verdad, no solo un forro ligero.
Si llueve o el día sale cerrado, el pueblo se recorre igual en poco tiempo, pero los paseos por caminos de tierra se embarran con facilidad. Conviene adaptar el calzado y no confiarse con el coche en cunetas blandas.
Lo que no te cuentan
Caltojar es muy pequeño y se ve rápido. A un ritmo tranquilo, en una hora habrás recorrido el casco urbano y te habrás asomado a los alrededores. Tiene más sentido como parada dentro de una ruta por la comarca de Berlanga que como destino único de varios días, salvo que vengas precisamente a aislarte y leer, escribir o trabajar en silencio.
Las fotos de campos infinitos y cielos limpios son reales, pero también lo es la sensación de vacío: poca gente por la calle, casi ningún servicio y muy poco movimiento entre semana. Si buscas ambiente, terrazas y opciones variadas, te conviene alojarte en Berlanga de Duero u otra localidad cercana y venir aquí a pasar unas horas.
Si solo tienes…
Si solo tienes 1–2 horas
Pasea el casco urbano sin prisas, rodéalo por algún camino cercano para ver el pueblo desde fuera y acércate a la iglesia. Con eso te haces una idea bastante fiel de lo que es Caltojar.
Si tienes el día entero
Tiene sentido combinarlo con otros pueblos de la comarca o con alguna ruta por la zona de Berlanga. Caltojar puede ser la parada tranquila, para caminar un rato al atardecer y dejar el coche a un lado.
Errores típicos
- Llegar esperando un “pueblo turístico” con bares, tiendas y actividad constante. Aquí no hay nada de eso, y es parte de su carácter.
- Venir en invierno sin ropa adecuada: el frío corta y el viento en las parameras se nota.
- Confiarse con los caminos de tierra después de lluvia: se embarran más de lo que parece y es fácil meter el coche donde luego cuesta sacarlo.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Soria capital, la forma más práctica de llegar a Caltojar es por carretera, tomando la N-122 en dirección a Valladolid y posteriormente desviándose hacia Berlanga de Duero. El trayecto supone aproximadamente 60 kilómetros que se recorren en algo menos de una hora. Es imprescindible viajar en vehículo propio, ya que no existe transporte público regular hasta el pueblo.
Consejos: Caltojar no dispone de servicios turísticos, por lo que conviene llegar con el depósito de combustible razonablemente lleno y llevar agua y algo de comida, sobre todo fuera del verano. Lleva calzado cómodo para caminar por caminos de tierra y ten en cuenta que entre semana, en invierno, puedes no cruzarte prácticamente con nadie. Aquí el silencio es real.