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sobre Fuentepinilla
Villa histórica con puente medieval y casonas blasonadas
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En el corazón de la comarca de Berlanga, donde las tierras de Soria se elevan hacia el cielo castellano, está Fuentepinilla, una pequeña aldea de apenas 80 habitantes que parece haberse detenido en el tiempo. A 939 metros de altitud, este enclave rural resume bastante bien la España interior de verdad: casas de piedra, algún muro de adobe que resiste como puede y un silencio que, en días sin aire, es casi absoluto.
Fuentepinilla es uno de esos lugares que no salen en los folletos ni en las webs de moda, y tiene lógica: es pequeño, no hay grandes monumentos ni “atracciones”. Lo que hay es vida rural cotidiana, con sus ritmos pausados, sus campos trabajados y un paisaje de páramos que, o te engancha, o te parece demasiado austero. No hay término medio.
La aldea forma parte de ese tapiz de pequeños núcleos que salpican la comarca de Berlanga, territorio de frontera histórica entre reinos y tierra de pastores y agricultores que han aprendido a convivir con inviernos largos, heladas tardías y veranos secos. Aquí no vas “a hacer cosas” cada hora, vas a bajar dos marchas y a mirar alrededor.
Qué ver en Fuentepinilla
El principal atractivo de Fuentepinilla es su conjunto urbano tradicional, bien encajado en el paisaje de alrededor. Las construcciones de piedra y mampostería, con sus techumbres de teja árabe, forman un núcleo compacto que responde a la necesidad de resguardarse del frío y del viento. Pasear por sus calles es una forma bastante directa de entender cómo se ha construido siempre en estos pueblos sorianos, sin florituras ni fachadas de postal recién lavadas.
La iglesia parroquial, de advocación local, es el elemento arquitectónico más reconocible del pueblo. Como es habitual en estas pequeñas localidades, el templo ocupa un lugar destacado en el conjunto urbano y conserva elementos que hablan de siglos de devoción popular. Su sencilla arquitectura rural contrasta con la riqueza patrimonial de otros pueblos mayores de la comarca, pero precisamente esa humildad es parte de su carácter y de su historia. Si la encuentras abierta, entra con calma: aquí la decoración tiene más de utilidad y fe que de exhibición.
Los alrededores de Fuentepinilla son los típicos de la Soria interior: campos de labor, páramos con matorral bajo y, en las zonas algo más benévolas, pequeños pinares como los que se repiten por toda la zona. La altitud y la ausencia de contaminación lumínica hacen que, en noches despejadas, el cielo sea de los que se miran sin prisa, sobre todo en verano y otoño. No vas a tener farolas molestando ni coches pasando cada dos minutos: se oye más a los perros lejanos que al tráfico.
Qué hacer
El senderismo y las rutas a pie o en bicicleta son lo más lógico en Fuentepinilla. Los caminos rurales que conectan la aldea con otras localidades cercanas permiten recorrer la comarca de Berlanga a ritmo tranquilo, ver rapaces sobrevolando los campos y entender la escala real de estos paisajes: grandes distancias, pocas prisas y mucha recta.
La micología entra en juego en otoño, cuando los pinares cercanos y las zonas de vegetación permiten encontrar níscalos y setas de cardo, siempre respetando la normativa local y con conocimientos suficientes para saber qué se está recogiendo. Aquí no hay guías de setas en cada esquina, así que conviene ir sobre seguro: si dudas, mejor dejarlas donde están.
La fotografía de paisaje tiene bastante juego: cielos muy abiertos, campos cambiantes según la época del año y la propia arquitectura popular. Los inviernos nevados, cuando tocan, transforman por completo la imagen del pueblo y de los alrededores, aunque también complican el acceso. Si te coincide nevada, el contraste de las casas de piedra sobre el blanco merece el paseo, pero con cadenas en el maletero si la cosa se pone seria.
La gastronomía de la zona se basa en los productos de la tierra: cordero churro, embutidos, legumbres y platos de cuchara que en invierno se agradecen más que cualquier calefacción. En una aldea de este tamaño no esperes bares ni restaurantes, pero en otros pueblos de la comarca de Berlanga sí suele haber sitios donde probar cocina tradicional soriana. Aquí vienes comido o con la compra hecha.
Fiestas y tradiciones
Como en muchos pueblos castellanos, Fuentepinilla mantiene un calendario festivo ligado al ciclo agrícola y a las devociones religiosas. Las fiestas patronales suelen celebrarse en verano, generalmente entre julio y agosto [VERIFICAR], cuando regresan quienes viven fuera y el pueblo multiplica por varios su población.
Son fiestas sencillas, pero muy vividas por la gente del pueblo: misa, procesión, baile en la plaza y comidas vecinales en las que se mezclan generaciones. Durante esos días, el contraste con el resto del año es evidente: donde suele haber silencio, aparece música, conversación y niños corriendo por las calles. Si coincides, lo normal es que acabes hablando con alguien en la plaza sin mucha ceremonia.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Soria capital, situada a unos 50 kilómetros [VERIFICAR], se llega por la carretera N-122 en dirección a Valladolid hasta El Burgo de Osma, y desde allí por carreteras secundarias que atraviesan la comarca de Berlanga. No es complicado, pero conviene llevar el recorrido mirado de antemano, porque no todo está señalado como en una autovía y el GPS a veces se “pierde” un poco.
Mejor época: La primavera (mayo-junio) y el otoño (septiembre-octubre) tienen temperaturas más suaves y el campo con algo más de vida. El verano concentra las fiestas y las visitas de quienes vuelven al pueblo, y el invierno es frío de verdad: heladas, niebla y, según el año, nieve. Para quien busque tranquilidad absoluta, esa época también tiene su punto, siempre que vengas mentalizado al abrigo y a los días cortos.
Consejos: Lleva calzado cómodo para caminar, ropa de abrigo incluso en verano (las noches refrescan bastante) y alguna provisión básica, porque no hay tiendas. La señal de móvil puede ser limitada, según compañía y zona del pueblo, así que mejor no depender del todo del GPS. Echa también algo de agua y algo de picar si vas a caminar: no hay una fuente “moderna” cada pocos kilómetros.
Si solo tienes…
Si solo tienes 1–2 horas
- Paseo tranquilo por el casco urbano, fijándote en las casas más antiguas y en los detalles constructivos: dinteles, portones, corrales.
- Visita exterior de la iglesia y, si está abierta y hay alguien del pueblo, entra a echar un vistazo con respeto y sin prisas.
- Pequeño paseo por las afueras para ver el pueblo desde cierta distancia y hacerte una idea del paisaje que lo rodea; basta alejarse un par de cientos de metros por cualquier camino.
Si tienes el día entero
- Combinar Fuentepinilla con otros pueblos de la comarca de Berlanga, encadenando una ruta tranquila en coche.
- Hacer una ruta a pie enlazando varios núcleos cercanos por caminos rurales, sin agobios de horarios.
- Quedarte al atardecer para ver cómo cambia la luz sobre los campos y, si cuadra, alargar un poco para disfrutar del cielo nocturno tumbado en cualquier linde.
Lo que no te cuentan
Fuentepinilla es muy pequeño y se recorre rápido. Es más una parada dentro de una ruta por la comarca que un destino para pasar varios días seguidos. Si llegas esperando un pueblo monumental o una lista larga de “cosas que ver”, te vas a decepcionar. Si lo tomas como un alto tranquilo en una vuelta más amplia por la zona de Berlanga, encaja mucho mejor.
Tampoco hay apenas servicios: no cuentes con bares, tiendas o gasolineras. Hay que llegar con el depósito razonablemente lleno y la compra hecha en pueblos mayores. A cambio, el pueblo se ve y se vive con calma, sin ruido de coches ni colas en ninguna parte. Es de esos sitios donde, si te paras un rato en la plaza, al final te acabas cruzando con la misma gente dos o tres veces.
Errores típicos
- Esperar “mucho que ver” en el propio pueblo: Fuentepinilla se disfruta más como parte de un recorrido por la comarca que como destino aislado.
- Ir justo de tiempo y sin mirar el mapa: las carreteras comarcales son tranquilas, pero lentas. Si encadenas varios pueblos, calcula bien los desplazamientos.
- Subestimar el frío: incluso en agosto, las noches refrescan. En primavera y otoño, una chaqueta de más pesa poco y se agradece al caer el sol.
- Contar con servicios que no existen: aquí no hay cajero, ni tienda, ni bar de “por si acaso”. Mejor no dejar para el último momento ni la gasolina ni la compra básica.