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sobre La Riba de Escalote
Minúsculo pueblo en el valle del río Escalote con ermita románica
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En el corazón de la comarca de Berlanga, sobre una loma que domina el valle del río Escalote, se encuentra uno de los pueblos más pequeños de la provincia de Soria. La Riba de Escalote es una diminuta aldea de apenas 9 habitantes que resiste al paso del tiempo a 1.030 metros de altitud, conservando bastante bien la esencia de la Castilla más silenciosa y vaciada. Aquí no hay casco histórico “monumental” ni ruta señalizada: hay un puñado de casas, campos alrededor y poco más.
Pasear por sus calles es como asomarse a un pueblo que se quedó en pequeño, no un decorado. Las casas de piedra y adobe se apiñan en torno a la iglesia parroquial, y el único sonido que suele romper el silencio es el viento de la meseta y el canto de las aves… o un tractor, si coincide. Más que un “destino”, es un alto en el camino para quienes quieren ver cómo es, de verdad, un pueblo soriano casi vacío, sabiendo que aquí no hay animación ni servicios, solo calma y campo.
La Riba de Escalote no tiene grandes monumentos ni atracciones turísticas convencionales; su interés está en que te recuerda cómo era la vida rural hace unas cuantas décadas: paisajes de páramo y encinar, huertos, corrales y la hospitalidad tranquila de sus escasos vecinos, que mantienen vivo un pueblo que podría haberse quedado vacío hace tiempo.
Qué ver en La Riba de Escalote
El elemento patrimonial más visible del pueblo es su iglesia parroquial, un templo de arquitectura tradicional castellana que preside la pequeña plaza. Como ocurre en muchas localidades de la zona, el edificio combina elementos de diferentes épocas, reflejo de las sucesivas reformas que los pueblos realizaban según sus posibilidades económicas. Suele estar cerrada fuera de misa, así que no cuentes con visitarla por dentro salvo que coincidas con alguien del pueblo que la abra.
El verdadero interés de La Riba está en su arquitectura popular: casas de mampostería de piedra caliza con entramados de madera, portones de antiguas cuadras, corrales que aún conservan su función original y calles que se adaptan a la loma sin grandes artificios. Es un conjunto urbano pequeño, se recorre en pocos minutos, pero si te gusta fijarte en detalles rurales da bastante juego. Si vas con prisas, te parecerá que “no hay nada”; si bajas el ritmo, empiezas a ver puertas, chimeneas y remiendos que cuentan bastante más de lo que parece.
Los alrededores del pueblo muestran paisajes de páramo y dehesa característicos de esta zona de transición entre la meseta y las estribaciones del Sistema Ibérico. El valle del río Escalote, que da nombre al municipio, forma un corredor verde donde abundan los álamos y los huertos tradicionales. Desde varios puntos del pueblo se obtienen panorámicas amplias de la comarca de Berlanga, sobre todo al atardecer.
Para los aficionados a la ornitología, la zona es interesante por la presencia de aves esteparias y rapaces propias de estos ambientes de páramo y encinar. El silencio y la despoblación han convertido estos territorios en refugio para la fauna silvestre, aunque conviene venir con prismáticos y paciencia: los bichos no posan para la foto ni salen a la carta.
Qué hacer
La Riba de Escalote encaja bien con el senderismo tranquilo por caminos rurales y veredas ganaderas que conectan con los pueblos vecinos de la comarca. No son rutas espectaculares, pero sí buenos paseos entre cultivos, encinas y parameras, pensados para quienes disfrutan de caminar solos o casi solos, sin ruido de coches ni remontes de esquí al fondo.
La fotografía de arquitectura rural y de paisaje tiene aquí bastante material: texturas de piedra y adobe, portones antiguos, corrales medio en uso y cielos muy abiertos. Las luces del amanecer y el atardecer transforman las tonalidades ocres de las construcciones tradicionales, y la casi total ausencia de elementos modernos facilita encuadres “de otra época”.
Desde La Riba se pueden plantear excursiones a otros pueblos de la comarca de Berlanga, como el propio Berlanga de Duero con su castillo y colegiata, o Rello, uno de los pueblos medievales mejor conservados de Soria. La zona forma parte de la ruta del Cid, por lo que los amantes de la historia medieval encontrarán varios puntos de interés en los alrededores, combinando siempre La Riba como parada corta dentro de un recorrido más amplio.
La gastronomía soriana se disfruta en los establecimientos de Berlanga de Duero y otras localidades cercanas, donde los asados de cordero lechal, las sopas castellanas y los productos micológicos en temporada son protagonistas de una cocina tradicional contundente.
Fiestas y tradiciones
Dada la escasa población del municipio, las celebraciones festivas son muy modestas pero mantienen el espíritu de las tradiciones castellanas. La fiesta patronal se celebra en verano, generalmente en agosto [VERIFICAR], momento en que regresan algunos antiguos vecinos y familiares, creando un ambiente de reencuentro que multiplica por días la población habitual del pueblo.
También tiene sentido fijarse en las fiestas de pueblos vecinos de la comarca, donde se pueden conocer tradiciones como las rondas, los bailes tradicionales y las procesiones que mantienen vivo el folclore soriano. Lo más práctico es alojarse y moverse desde una localidad mayor y acercarse a La Riba como visita complementaria.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Soria capital hay aproximadamente 60 kilómetros por la carretera N-122 en dirección a Valladolid hasta Almazán, y desde allí, tomando carreteras comarcales hacia el sur en dirección a Berlanga de Duero. La Riba de Escalote se encuentra a pocos kilómetros de esta villa monumental. Es imprescindible vehículo propio, ya que no existe transporte público regular.
Mejor época: La primavera (mayo-junio) y el otoño (septiembre-octubre) suelen ser las mejores épocas por las temperaturas suaves y los paisajes verdes o dorados. El verano puede ser caluroso aunque las noches refrescan bastante. El invierno es riguroso por la altitud, con frecuentes heladas e incluso nieve, así que conviene venir preparado. Si vienes en días muy fríos o ventosos, el paseo se hace corto y apetece más combinarlo con otros pueblos cercanos.
Consejos prácticos: No hay servicios en el pueblo (ni tiendas, ni bares, ni alojamientos), por lo que conviene organizar la visita desde Berlanga de Duero o Almazán, donde sí encontrarás todos los servicios necesarios. Lleva agua, algo de comida si vas a caminar, y calzado cómodo para los caminos de tierra. Y, por favor, respeta la tranquilidad de los vecinos: es fácil olvidar que, aunque parezca un decorado, aquí vive gente todo el año y un coche mal aparcado o voces altas se notan mucho más que en una ciudad.
Si solo tienes…
Si solo tienes 1–2 horas:
Entra al pueblo, da una vuelta pausada por las pocas calles, acércate a la iglesia y a los corrales de la parte baja, y termina en algún punto alto para asomarte al valle del Escalote. Con eso te haces una buena idea del lugar sin forzar la visita.
Si tienes el día entero:
Usa La Riba como parada dentro de una ruta comarcal: visita Berlanga de Duero, acércate a Rello o a algún paraje del río Escalote y deja la última parte de la tarde para pasear por los alrededores del pueblo, con calma, cuando baja el calor y el silencio se nota todavía más.
Lo que no te cuentan
La Riba de Escalote se ve rápido: el casco urbano se recorre en menos de media hora si vas al grano, algo más si te paras a hacer fotos o a hablar con alguien del pueblo. Si llegas esperando un “pueblo de postal” muy arreglado, quizá te decepcione; lo que hay es real, con casas arregladas al lado de otras a medio caer.
Es un lugar para una visita corta, no para pasar varios días. Lo razonable es integrarlo en una ruta por la comarca de Berlanga, parar, estirar las piernas, mirar el valle y seguir camino con la sensación de haber pasado por uno de esos pueblos que suelen quedar fuera de los folletos.