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sobre Alar del Rey
Lugar de nacimiento del Canal de Castilla; localidad estratégica entre la montaña y la meseta con un rico patrimonio industrial y ferroviario; famosa por sus galletas y el Pisuerga.
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A las once de la mañana, el aire en la orilla del canal apenas se mueve. El agua del Canal de Castilla pasa despacio junto a la piedra, con ese sonido bajo que hace cuando roza los bordes de la esclusa. Los álamos de la ribera filtran la luz y dejan parches plateados sobre los muros. El turismo en Alar del Rey suele empezar aquí, en silencio, mirando cómo el canal atraviesa el pueblo como si todavía estuviera trabajando.
Alar del Rey, con algo menos de mil habitantes, creció alrededor de esta obra hidráulica. El Canal de Castilla empezó a construirse en el siglo XVIII para mover cereal desde la meseta hacia los puertos del norte, y uno de sus arranques está precisamente aquí. Todavía se entiende bien esa historia cuando caminas por la zona del antiguo puerto: piedra gruesa, explanadas amplias y edificios pensados para guardar mercancía.
La triple esclusa y el arranque del canal
Uno de los puntos más curiosos del pueblo es la triple esclusa. Tres cámaras escalonadas que permitían salvar el desnivel del terreno cuando las barcazas iniciaban el recorrido. Vista de cerca impresiona por la escala: muros altos, compuertas pesadas y un canal que se estrecha y se ensancha según avanza.
A veces se pone en funcionamiento de forma demostrativa, aunque no siempre coincide con la visita. Incluso en silencio, quedarse un rato tiene su interés. El agua queda casi inmóvil dentro de las cámaras y se escuchan los pájaros de la ribera, nada más.
Pasear junto al canal
El camino de sirga —la senda que usaban las mulas para arrastrar las barcazas— hoy es un paseo largo y muy llano. Sale prácticamente del centro del pueblo y acompaña al canal entre praderas y árboles dispersos. Es terreno fácil para caminar o ir en bicicleta.
En verano el sol cae con fuerza sobre los tramos más abiertos. Si se piensa caminar varios kilómetros, mejor hacerlo a primera hora o ya al final de la tarde. La sombra aparece a ratos, pero no siempre.
Si sigues el camino hacia el oeste, el canal continúa hacia pueblos como Herrera de Pisuerga, donde el paisaje empieza a abrirse más y el agua parece aún más lenta.
El pueblo más allá del agua
Alar del Rey no es grande y se recorre sin plan. En el centro aparece la iglesia parroquial, con torre cuadrada y aspecto sobrio, rodeada de calles tranquilas donde aún se ven fachadas con sillares oscuros y balcones de hierro.
El trazado del pueblo es bastante recto en algunas zonas, algo que tiene que ver con su crecimiento ligado al canal y a la actividad comercial de aquel momento. La plaza sigue siendo el lugar donde se concentra el movimiento diario: conversaciones largas, coches que pasan despacio, vecinos que se saludan desde la otra acera.
Aves en las riberas
Las orillas del canal y las pequeñas zonas húmedas cercanas suelen atraer bastante vida. Con algo de paciencia es fácil ver garzas quietas entre los carrizos, ánades reales moviéndose en grupo o cormoranes secándose al sol con las alas abiertas.
No hace falta alejarse mucho del casco urbano. A primera hora de la mañana o al caer la tarde hay más movimiento y menos gente caminando por el sendero.
Cuándo se anima el pueblo
Durante buena parte del año el ambiente es tranquilo, pero en agosto el ritmo cambia. Las fiestas patronales suelen celebrarse por esas fechas y muchos vecinos que viven fuera vuelven unos días. Las calles se llenan más de lo habitual y el pueblo tiene otro sonido.
También se organizan algunas actividades relacionadas con las labores del campo cuando termina el verano. No siempre caen exactamente en las mismas fechas.
Fuera de esos momentos, Alar del Rey se mueve despacio. Y quizá por eso el canal sigue encajando tan bien en el paisaje: agua lenta, piedra vieja y un pueblo que nunca ha tenido prisa.