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sobre Revilla de Collazos
Pequeño pueblo en la zona de Boedo; destaca por su iglesia y la tranquilidad de su entorno rural.
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En plena comarca de Boedo-Ojeda, donde las parameras palentinas dibujan horizontes largos y secos, Revilla de Collazos asoma a unos 930 metros de altitud como un caserío pequeño, recogido, con unas pocas calles y mucho campo alrededor. Este municipio de apenas 70–80 habitantes conserva el aire de los pueblos de montaña que un día poblaron estas tierras de frontera entre la meseta y la cordillera Cantábrica. Sus calles, más de tierra y cemento que de piedra pulida, y las construcciones de piedra y adobe hablan de pastores, labradores y vidas marcadas por el clima y el calendario agrícola.
El silencio aquí manda. Lo rompe de vez en cuando el viento que baja de los altos, algún tractor o las campanas de la iglesia parroquial. Revilla de Collazos es, sobre todo, un lugar tranquilo donde pasar un rato sin prisas. No hay infraestructuras turísticas ni servicios pensados para el viajero, pero sí un paisaje amplio, seco, muy castellano, y un ritmo de vida pausado que se nota en cuanto aparcas el coche, apagas el motor y empiezas a caminar.
La comarca de Boedo-Ojeda es tierra de contrastes suaves, sin grandes montañas pero con lomas, páramos, valles pequeños y arroyos que se secan y vuelven a correr según la época del año. Revilla de Collazos, con su arquitectura rural integrada en el entorno, ayuda a entender cómo se ha vivido tradicionalmente en esta Castilla interior, algo alejada de los circuitos más conocidos y de los pueblos “de postal”.
¿Qué ver en Revilla de Collazos?
El patrimonio de Revilla de Collazos es modesto pero muy reconocible para quien conozca otros núcleos rurales palentinos. Su iglesia parroquial es el edificio más visible del pueblo, con una mezcla de estilos fruto de reformas hechas según las necesidades de cada época, como ocurre en tantos templos pequeños. La torre campanario sigue marcando horarios de misa, toques de fiesta y, a veces, funerales. Si la encuentras abierta, entra con calma: aquí el uso pesa más que la decoración.
El paseo por el casco urbano es corto, pero suficiente para fijarse en la arquitectura tradicional de la zona: casas de piedra, tapial y adobe, grandes portones para meter el ganado y la maquinaria, corrales anexos, balconadas de madera y tejados de teja árabe castigados por el hielo y el sol. No todo está restaurado ni “bonito”: hay casas cerradas, pajares medio caídos y muros vencidos, que también cuentan la historia del despoblamiento. Entre las construcciones aún se pueden ver antiguos hornos de pan, pajares y, en algunos casos, potros de herrar, escondidos en alguna esquina o junto a corrales.
El verdadero valor de Revilla de Collazos está en su entorno natural. Las parameras que lo rodean dibujan un paisaje amplio, algo áspero, que gana al atardecer, cuando la luz baja y los tonos ocres y dorados suavizan la dureza del terreno. Los aficionados a la observación de aves pueden encontrar rapaces y especies propias de estos ecosistemas esteparios, pero hay que tener paciencia y tiempo: no es un “safari” ni un mirador preparado; aquí se mira el cielo mientras se camina.
Desde el pueblo parten varios caminos rurales que permiten adentrarse en el paisaje de la comarca por antiguas vías pecuarias y senderos entre fincas. Algunos enlazan con otros pueblos cercanos y con pequeñas ermitas o cruceros, a veces en pie, a veces medio perdidos entre las hierbas. No esperes paneles explicativos ni balizas cada pocos metros: aquí los caminos se siguen con mapa, GPS o hablando con la gente del lugar, que suele indicar por referencias (“tira hacia aquella loma”, “cuando veas el pino grande, gira”).
Qué hacer
El senderismo tranquilo es la actividad más natural en Revilla de Collazos. Más que grandes rutas, lo que encaja aquí son paseos de 1–3 horas por pistas agrícolas y caminos de ganado, combinando paramera y pequeños valles donde, según la época, aún bajan arroyos. No son rutas señalizadas oficialmente, así que conviene preguntar a quien veas por la calle, estudiar el mapa antes de salir y no aventurarse de más si no se conoce la zona. En días de calor o viento fuerte, mejor ajustar la distancia: los caminos se parecen mucho entre sí y es fácil alargar de más.
La fotografía de paisaje tiene momentos muy agradecidos al amanecer y al atardecer, cuando las sombras alargan las ondulaciones del terreno y el cielo se lleva la mitad del protagonismo. De noche, con cielos limpios de contaminación lumínica, es un buen sitio para probar con la astrofotografía si se viene preparado y el tiempo acompaña. Basta alejarse un poco del casco urbano para notar la oscuridad de verdad.
En cuanto al turismo cultural, Revilla de Collazos funciona mejor como escala dentro de una ruta por la comarca de Boedo-Ojeda que como destino único. Desde aquí se puede ir enlazando con otros pueblos que conservan ejemplos de románico, gótico rural y arquitectura popular. Lo razonable es dedicar a Revilla un rato de paseo y reservar más tiempo para el conjunto de la comarca.
La gastronomía local está ligada a los productos de siempre: matanza tradicional, legumbres, lechazo y dulces caseros. En el pueblo no hay bares ni restaurantes, así que cualquier comida habrá que hacerla en pueblos cercanos con más servicios o llevarla en el coche y buscar un rincón tranquilo. A nivel práctico: trae agua suficiente y algo de comer, porque aquí no hay tienda ni máquina de autoservicio.
SI SOLO TIENES…
Si solo tienes 1–2 horas
- Paseo corto por el pueblo, fijándote en la iglesia, los portones antiguos y los corrales.
- Subir por alguno de los caminos cercanos para ganar algo de altura y tener una vista general del caserío en medio de las parameras.
- Parar un rato a observar el cielo y el horizonte; aquí el tiempo corre más despacio y, si vienes con prisa, se nota el contraste.
Si tienes el día entero
- Combinar Revilla de Collazos con otros pueblos de Boedo-Ojeda.
- Hacer un par de paseos circulares desde el pueblo por pistas agrarias, adaptando la duración al calor y al viento.
- Reservar el atardecer para volver a la zona y disfrutar de la luz sobre el páramo, especialmente si te gusta la fotografía.
ERRORES TÍPICOS
- Esperar “pueblo de postal”: Revilla de Collazos es rural y auténtico, con casas cuidadas y otras a medio caer. Si buscas un casco histórico restaurado de arriba abajo, te decepcionará.
- Subestimar el clima: en verano el sol pega fuerte y apenas hay sombra en los caminos; en invierno el frío y el viento cortan más de lo que marcan los grados. Lleva ropa adecuada, agua y algo de picar aunque solo vayas a dar un paseo.
- Querer verlo “todo” en el propio pueblo: aquí lo razonable es integrarlo en una ruta más amplia por la comarca. Forzar la visita como destino principal para varios días lleva a cierta frustración.
¿Cuándo visitar Revilla de Collazos?
La primavera (mayo-junio) y el otoño (septiembre-octubre) son los momentos más agradables para caminar: temperaturas moderadas, campos verdes o recién cosechados y cielos cambiantes que dan mucho juego para fotos. Los días aún son largos, y se agradece para encadenar varios pueblos en una misma jornada.
En verano, los días pueden ser calurosos, con sol duro en las horas centrales y poco arbolado fuera del casco urbano. Las noches, en cambio, refrescan y son buenas para observar estrellas si el cielo está despejado. Si vienes en esta época, organiza los paseos a primera hora o a última y deja las horas centrales para desplazarte en coche.
El invierno es frío, con heladas frecuentes y posibilidad de nieve y barro. El paisaje en esas fechas tiene un punto más áspero, casi minimalista; puede tener interés si te gusta esa atmósfera, pero hay que venir abrigado y con el coche preparado.
Si llueve o hace mal tiempo, la visita se reduce prácticamente a un paseo corto por el pueblo y poco más: los caminos se embarran y el viento en las parameras se hace pesado. Revilla de Collazos, en esos días, se ve rápido y funciona más como una parada breve en ruta que como un lugar donde alargar la estancia.