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sobre Santa Cruz de Boedo
Pueblo del valle del Boedo con una iglesia que conserva restos románicos; entorno tranquilo y agrícola.
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A primera hora de la mañana, cuando el aire aún está frío incluso en días claros, el viento pasa rozando los campos de cereal y apenas se oye nada más. Santa Cruz de Boedo aparece así: un puñado de casas bajas, alguna chimenea humeando en invierno y una quietud que no necesita explicación. En esta parte de la comarca de Boedo‑Ojeda, en la provincia de Palencia, el turismo en Santa Cruz de Boedo tiene poco que ver con monumentos o itinerarios señalizados. Aquí lo que hay es paisaje abierto y un pueblo muy pequeño —apenas medio centenar de vecinos— que sigue funcionando a un ritmo rural muy reconocible en Castilla.
El pueblo: una calle larga y la iglesia cerrada casi todo el día
El núcleo se organiza alrededor de una calle principal que atraviesa la pequeña plaza. Allí quedan algunos soportales y un pozo antiguo que todavía marca el centro del pueblo. La iglesia parroquial, dedicada a la Santa Cruz, se levanta cerca. Desde fuera se aprecia su volumen sencillo de piedra; el interior no siempre está abierto, aunque suele poder verse en celebraciones religiosas o cuando coincide alguna fiesta local.
Caminar por Santa Cruz de Boedo es ir encontrando muros gruesos de piedra mezclada con adobe, portones de madera ya muy oscuros por los años y ventanas pequeñas pensadas para proteger del frío. Algunas casas conservan corrales pegados a la vivienda o antiguos soportales donde antes se guardaban aperos. Otras llevan tiempo cerradas o están en obras lentas, de esas que avanzan verano a verano.
No hay tiendas ni servicios cotidianos. Para comprar lo básico o repostar gasolina hay que coger el coche y acercarse a pueblos mayores de la zona. Conviene tenerlo en cuenta antes de venir.
Alrededor: cereal hasta el horizonte
El paisaje que rodea Santa Cruz de Boedo es el típico de esta parte de Palencia: campos amplios, lomas suaves y caminos agrícolas que se pierden entre parcelas. En primavera el verde es intenso y el viento mueve las espigas jóvenes como si fueran agua. En verano el cereal madura y el color cambia a un dorado muy seco que brilla fuerte al mediodía.
Otoño e invierno traen otra imagen: tierra más oscura, charcos en los caminos y heladas que dejan la hierba blanca al amanecer.
Desde cualquier borde del pueblo la vista se abre bastante. No hay grandes montañas cerca; más bien una sucesión de ondulaciones suaves que dejan ver kilómetros de campo. Al atardecer, cuando el sol baja hacia el oeste, la luz cae muy horizontal y tiñe las fachadas de un tono anaranjado que dura apenas unos minutos.
Caminos rurales sin señalizar
Quien quiera andar o pedalear tiene bastantes caminos agrícolas alrededor. Conectan Santa Cruz con otras localidades de la comarca y con fincas de cultivo. No están señalizados como rutas de senderismo, así que es buena idea llevar el recorrido descargado en el móvil o un mapa sencillo.
Son caminos fáciles de seguir, casi siempre de tierra compacta, que pasan junto a antiguas eras, pequeños corrales de piedra o casetas agrícolas. Si uno se detiene un rato en silencio es habitual ver aves rapaces sobrevolando los campos o escuchar pájaros pequeños moviéndose entre los ribazos.
En verano conviene salir temprano o esperar a la tarde: a mediodía el sol cae con fuerza y hay muy poca sombra.
Cielo oscuro y noches largas
Cuando cae la noche el pueblo queda prácticamente a oscuras. Apenas hay farolas y la iluminación es muy tenue. Eso deja ver un cielo sorprendentemente limpio si el día ha estado despejado. En noches sin luna, la franja blanquecina de la Vía Láctea suele distinguirse con bastante claridad.
Es uno de esos lugares donde el silencio se vuelve más evidente después de las diez, cuando ya no pasan coches y solo se oye algún perro a lo lejos o el viento golpeando una chapa suelta.
Comer y organizar la visita
Santa Cruz de Boedo no tiene bares ni restaurantes. Lo habitual es llevar algo de comida o acercarse a otros pueblos de la comarca antes o después de la visita. En las casas del pueblo todavía se cocinan platos muy ligados al campo —legumbres, guisos sencillos, carne de cordero—, pero eso pertenece a la vida local, no a un circuito gastronómico.
Las fiestas patronales suelen celebrarse en agosto. Es cuando regresan hijos y nietos de quienes nacieron aquí y el pueblo, durante unos días, se llena de coches aparcados en las cunetas y de conversaciones en la plaza al caer la tarde.
Cuándo acercarse
La primavera y el inicio del otoño suelen ser los momentos más agradables para caminar por los caminos de alrededor. En verano el calor aprieta a partir del mediodía y en invierno las heladas pueden dejar los senderos muy duros al amanecer.
Santa Cruz de Boedo no es un lugar al que venir con prisa. Es más bien un alto en el camino para entender cómo respira todavía una parte de la Castilla rural: campos abiertos, pocas casas habitadas todo el año y un silencio que se instala rápido cuando uno deja el coche y empieza a andar.