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sobre Santibáñez de Ecla
Situado cerca del Monasterio de San Andrés de Arroyo; entorno de transición a la montaña con paisajes valiosos.
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En el corazón de la comarca de Boedo-Ojeda, donde la meseta castellana empieza a levantarse hacia la Montaña Palentina, está Santibáñez de Ecla, una aldea pequeña de verdad, de las de cincuenta vecinos contados y muchos tejados mirando al cielo. A unos 960 metros de altitud, aquí el ruido es el viento, algún tractor y poco más. Si buscas focos y animación, te has equivocado de sitio; si lo que quieres es calma, aquí la tienes a cucharadas.
Santibáñez de Ecla no suele salir en los folletos ni en las listas de “pueblos bonitos”, y quizá por eso mantiene ese aire de vida rural sin maquillaje. Casas de piedra, corrales, huertas y un ritmo de día a día que va por libre, al margen de temporadas altas y bajas.
La aldea se ha convertido en refugio de gente que aprecia el turismo lento, el de pasear sin prisa, charlar en la calle si te cruzas con alguien y volver de noche al coche con un cielo lleno de estrellas que en ciudad ya casi hemos olvidado.
Qué ver en Santibáñez de Ecla
El patrimonio de Santibáñez de Ecla es el de una aldea castellana pequeña, sin grandes monumentos, pero con oficio en cada piedra. La iglesia parroquial, dedicada a San Esteban, preside el núcleo urbano con una sobriedad muy de la zona. Es un templo modesto, pero es el centro real de la vida comunitaria.
Lo más interesante está en el conjunto del pueblo: arquitectura popular sin florituras, casas de piedra y adobe, tejados de teja árabe, corrales, pajares… Conviene pasear despacio por sus calles, fijarse en los dinteles de madera, en los muros de mampostería, en las pequeñas huertas pegadas a las viviendas. En un cuarto de hora te lo has recorrido, pero si vas con ojos curiosos te entretendrás bastante más.
El entorno natural, aun siendo sobrio, tiene su punto. Desde el pueblo se abren vistas amplias a los páramos palentinos y, en días claros, se intuyen las cumbres de la Montaña Palentina al norte. Según la época del año, cambiará el color del cuadro: verde en primavera, dorado en verano, más apagado en otoño e invierno.
Los alrededores de Santibáñez de Ecla se prestan a caminar por los viejos caminos que unían las aldeas de la comarca, pasando junto a campos de cereal, pequeñas manchas de encinas y quejigos y alguna que otra ermita dispersa. No es un paisaje de postal exuberante, es más bien ese tipo de campo castellano que te va entrando poco a poco.
Qué hacer
Santibáñez de Ecla es para caminar con calma y mirar alrededor. Desde el pueblo salen varias pistas y senderos que, sin necesidad de gran preparación física, permiten hacer rutas circulares por la comarca de Boedo-Ojeda, enlazando con otros núcleos cercanos y volviendo al punto de partida. No esperes señalización moderna en cada cruce; mejor llevar mapa, app o, si puedes, preguntar a alguien del pueblo antes de lanzarte.
La observación de aves tiene bastante interés en esta zona. En los páramos se pueden ver, con paciencia y algo de prismáticos, especies como la alondra, el aguilucho cenizo o el cernícalo. No hace falta ser experto; simplemente, si te gusta mirar al cielo, aquí tienes trabajo.
De noche, la escasa contaminación lumínica se nota. Si te gusta la astronomía, o simplemente tumbarte a contar estrellas, trae abrigo y algo donde sentarte, porque en cuanto cae el sol refresca incluso en verano.
En cuanto a comer, en el propio pueblo no hay bares ni restaurantes, así que la gastronomía la tendrás que buscar en las localidades cercanas. La zona es tierra de lechazo, embutidos, morcilla y quesos, con una cocina sencilla, de producto y sin demasiada complicación.
Una visita a Santibáñez de Ecla encaja bien dentro de una ruta más amplia por la comarca, combinando con pueblos mayores como Herrera de Pisuerga o Aguilar de Campoo, donde sí encontrarás más servicios y algo más de movimiento.
Si solo tienes unas horas
- Da una vuelta completa al casco urbano, sin prisa, entrando y saliendo de las calles laterales.
- Acércate a la iglesia de San Esteban y a los alrededores, que es donde se ve mejor el conjunto de casas y corrales.
- Aléjate un poco por alguno de los caminos de tierra que salen del pueblo, solo 10–15 minutos, para tener perspectiva del caserío sobre el páramo.
Si tienes el día entero
- Combina la visita con otros pueblos de la comarca o con alguna parada en Herrera de Pisuerga o Aguilar de Campoo.
- Reserva un buen rato para caminar por los caminos tradicionales entre campos.
- Si te quedas hasta la noche y el cielo está despejado, busca un rincón algo apartado del casco urbano para observar estrellas con calma.
Fiestas y tradiciones
Las fiestas patronales en honor a San Esteban se celebran tradicionalmente en verano, coincidiendo con el regreso de la gente que vive fuera. No son unos festejos masivos: misa, procesión, reunión de vecinos y familiares, alguna comida popular y, según el año, actividades sencillas organizadas entre todos.
En agosto también suele haber celebraciones en torno a San Roque en muchos pueblos de la zona, aunque aquí todo se vive a escala muy familiar. Si te coincide en fechas y te acercas con respeto, te encontrarás un ambiente cercano, sin grandes escenarios ni macroverbenas.
Lo que no te cuentan
Santibáñez de Ecla se ve rápido. El casco urbano lo recorres en poco rato y, si no sales a caminar por los alrededores, en menos de una mañana lo habrás terminado. Es más un alto en el camino dentro de una ruta por Boedo-Ojeda que un destino para pasar varios días seguidos.
Las fotos pueden engañar si vas con la idea de “pueblo de postal” animado y lleno de terrazas. Aquí hay tranquilidad, sí, pero también casas cerradas, silencios largos y una vida cotidiana muy discreta. Ven con expectativas ajustadas y sabiendo que vienes a un pueblo pequeño, no a un parque temático rural.
Cuándo visitar Santibáñez de Ecla
La mejor época suele ser la primavera (más o menos mayo-junio) y el otoño (septiembre-octubre), cuando el campo está más agradable para caminar y las temperaturas son razonables. En verano, el sol pega durante el día, pero al caer la tarde refresca y se está bien. El invierno es duro: frío, heladas y, algunos años, nieve.
Si llueve o hace mal tiempo, las pistas de tierra pueden embarrarse bastante, así que conviene llevar calzado adecuado y tener en cuenta que algún camino puede volverse pesado para andar o para meter el coche.
Errores típicos al visitar Santibáñez de Ecla
- Pensar que es un “pueblo turístico” al uso: aquí no hay bares, ni tiendas, ni oficinas de turismo. Si vas esperando servicios, te frustrarás.
- No llevar comida ni agua suficiente: salvo que tengas claro dónde vas a parar antes o después, lo sensato es llegar ya con algo para picar y la nevera del coche lista.
- Subestimar el frío nocturno: incluso en agosto, por la noche refresca de verdad. Trae ropa de abrigo si quieres quedarte a ver estrellas o dar un paseo al anochecer.
- Confiarse con el coche en pistas embarradas: si ha llovido, mejor dejar el coche en zonas firmes y seguir a pie. Aquí el barro agarra más de lo que parece.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Palencia capital, lo habitual es tomar la A-67 en dirección Santander hasta Herrera de Pisuerga y, desde allí, continuar por carreteras comarcales hasta Santibáñez de Ecla. El recorrido ronda los 80 kilómetros. A efectos prácticos, necesitas coche propio: no hay transporte público regular hasta la aldea.
Cuándo ir: Si puedes elegir, apuesta por primavera u otoño para combinar paseos y algo de frescor. En verano, madruga o aprovecha las últimas horas de la tarde para caminar. En invierno, solo recomendable si sabes dónde te metes y te apañas bien conduciendo con frío y posibles heladas.
Consejos: No esperes encontrar comercios ni gasolinera en el pueblo. Llega con provisiones y el depósito del coche con margen. El alojamiento tendrás que buscarlo en poblaciones mayores de la zona, que es donde están los servicios básicos.