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sobre Sotobañado y Priorato
Localidad en el valle del Boedo; destaca por su iglesia y la actividad agrícola; entorno rural bien conservado.
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En el corazón de la comarca de Boedo-Ojeda, donde los campos castellanos se estiran más allá de lo que alcanza la vista y el silencio pesa más que el ruido, se encuentra Sotobañado y Priorato. Este pequeño municipio palentino, con solo 140 habitantes y a 890 metros sobre el nivel del mar, es un lugar al que se viene a desconectar y a dejar que el tiempo pase sin prisas.
El municipio está formado por dos núcleos de población que conservan el aire de las antiguas aldeas castellanas. Las casas de piedra y adobe se mezclan con los campos de cereal y los caminos que se pierden en el horizonte. La tierra es de valles suaves, y la naturaleza cambia con las estaciones: verde en primavera, dorada en verano y ocre en otoño.
La vida diaria en estos pueblos transcurre sin sobresaltos. Se oye el repicar de las campanas de las iglesias, las charlas en los portales y el sonido pausado de los tractores. El ritmo lo marcan las tareas agrícolas y las celebraciones locales, no el reloj.
Qué ver en Sotobañado y Priorato
El patrimonio más destacado es el religioso. La iglesia parroquial de Sotobañado, con su origen románico y reformas posteriores, invita a una visita sin prisas. Su espadaña y los restos de la construcción original son testigos de siglos de devoción y esfuerzo. En Priorato, el templo parroquial también guarda elementos interesantes, especialmente en su estructura y retablos.
Pasear por las calles de estos pueblos es una lección de arquitectura popular castellana. Las casas tradicionales, muchas de ellas con muros de mampostería, adobe y entramados de madera, muestran cómo se adaptaron los habitantes al duro clima de la meseta: muros gruesos, pocas ventanas y patios interiores. Los corrales, palomares y antiguos lagares recuerdan que la economía aquí ha sido, y sigue siendo, principalmente agrícola.
El entorno natural es discreto y sereno. Los páramos de Boedo-Ojeda ofrecen paisajes abiertos y tranquilos. No hay grandes montañas, pero sí una belleza sosegada. Los campos de cultivo, pequeños arroyos y zonas de monte bajo forman un mosaico donde, con algo de paciencia y silencio, se pueden avistar aves esteparias y rapaces. Los amaneceres y atardeceres, bajo un cielo despejado, tienen una luz que merece la pena.
Qué hacer
El senderismo surge casi solo en Sotobañado y Priorato. Los caminos rurales y vías que conectan ambos núcleos permiten caminatas fáciles, sin grandes desniveles. Desde el pueblo, se pueden trazar rutas circulares para explorar el paisaje agrícola tradicional y disfrutar de las vistas de la comarca, siempre que no se busquen cumbres ni bosques densos.
Quienes disfrutan de la fotografía de paisaje encontrarán aquí un buen lugar para afinar la mirada: surcos de sembrados, pistas de tierra, construcciones agrícolas y un cielo inmenso donde la luz cambia rápidamente, sobre todo al amanecer y al atardecer.
La gastronomía local se apoya en productos y platos tradicionales: lechazo asado, sopas castellanas, legumbres de la zona y embutidos artesanales. No hay grandes restaurantes, así que conviene venir con la idea de disfrutar de una comida sencilla, apoyarse en los pueblos cercanos o llevar algo en el coche si se planea un día largo de campo. La repostería típica, ligada a fiestas y celebraciones, sigue recetas que pasan de generación en generación.
La zona también funciona bien como lugar de descanso para quienes recorren rutas más amplias por la Montaña Palentina o los valles del entorno. Es un buen sitio para dormir o hacer una pausa y asomarse a la vida diaria de los pueblos pequeños de Castilla, sin prisas ni grandes atracciones turísticas.
Fiestas y tradiciones
Las fiestas patronales se celebran en verano, generalmente entre julio y agosto, cuando muchos que se fueron regresan al pueblo. Son celebraciones sencillas, pero muy sentidas: misas, procesiones, música tradicional y comidas populares donde lo importante es reunirse y mantener el vínculo con la gente y el lugar.
En septiembre suelen organizarse otras festividades relacionadas con el final de las cosechas, momentos en los que el pueblo vuelve a unirse en torno a actos que mezclan lo religioso y lo popular. Las romerías a ermitas cercanas forman parte del calendario festivo de la comarca y reflejan el fuerte vínculo de estas comunidades con su entorno.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Palencia capital, a unos 45 kilómetros, se llega por la carretera P-232 en dirección norte, atravesando la comarca de Boedo-Ojeda. El trayecto en coche dura unos 45 minutos y discurre por carreteras comarcales, en buen estado pero sin prisas, con vistas constantes del paisaje palentino.
Mejor época para visitar: La primavera (mayo-junio) y el otoño (septiembre-octubre) son momentos propicios por las temperaturas más suaves y los colores del campo. En verano, aunque hay fiestas, el calor puede ser intenso en las horas centrales del día. El invierno es frío, con heladas frecuentes y posibilidad de nieblas, pero para quien busque la Castilla más pura, esta es la mejor estación.
Consejos: Lleva calzado cómodo para caminar por caminos de tierra, protección solar en verano y ropa de abrigo en invierno. Es recomendable comprobar los horarios de apertura de las iglesias con antelación si se quieren visitar por dentro, ya que no siempre están abiertas. También es buena idea llevar agua y algo de comida si se planea caminar varias horas, ya que la oferta de servicios es limitada y las distancias pueden engañar cuando solo se mira el mapa.
Lo que no te cuentan
Sotobañado y Priorato es un lugar pequeño que se puede recorrer en una mañana o una tarde. Se puede pasear por los dos núcleos, acercarse a las iglesias y hacer una caminata corta por los alrededores. No es un destino para llenar tres días de actividades, sino una pausa tranquila dentro de una ruta por la comarca o el norte de la provincia.
Las fotos de atardeceres y campos dorados reflejan bien el paisaje, pero conviene ajustar expectativas: aquí no encontrarás grandes monumentos ni una lista interminable de visitas. Lo valioso es la calma, el paisaje agrícola y la vida cotidiana de un pueblo que sigue su curso al margen de los circuitos turísticos.
Cuándo ir
- Primavera: Los campos están verdes, las temperaturas son agradables y los caminos se disfrutan más, aunque puede haber barro si ha llovido recientemente.
- Verano: Hay más vida en las calles, la gente que vive fuera regresa y hay fiestas. El calor exige organizar el día: mañanas y tardes largas para caminar, mediodía a la sombra.
- Otoño: Buena luz para la fotografía, colores de cosecha y menos gente. Es una época adecuada para combinar el pueblo con otras visitas por Boedo-Ojeda.
- Invierno: Frío seco, heladas y días cortos. Si el tiempo no acompaña, el plan pasa por paseos breves y carretera, no por grandes caminatas.