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sobre Villameriel
Municipio que agrupa varias pedanías; destaca por su entorno rural y la iglesia de Santa María; tranquilidad.
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En el corazón de la comarca de Boedo-Ojeda, donde las ondulaciones suaves de la meseta castellana comienzan a insinuar las primeras estribaciones montañosas, se encuentra Villameriel. Este pequeño núcleo rural de apenas 110 habitantes se alza a unos 900 metros de altitud, con ese silencio profundo y ese aire limpio que muchos pueblos de la montaña palentina siguen teniendo, aunque cada vez quede menos gente para notarlo. Aquí el tiempo va a otro ritmo, marcado por el campanario de su iglesia, las labores del campo y el viento entre los robles.
Villameriel representa bastante bien la esencia de la Castilla interior más genuina: arquitectura tradicional de piedra y adobe, calles que suben y bajan sin prisa y horizontes amplios donde la vista se pierde entre campos de cereal y manchas de encinar. No es un lugar de fotos espectaculares ni de monumentos famosos, y precisamente por eso conserva intacto su carácter rural y esa forma tranquila de estar en el mundo. Quien viene tiene que aceptar eso: aquí no hay grandes efectos especiales, hay un pueblo vivo, pequeño, con su ritmo.
La comarca de Boedo-Ojeda, territorio de transición entre la llanura y la montaña, tiene en Villameriel un buen mirador para entender la personalidad de esta tierra palentina: austera, discreta y muy agradecida cuando uno se la toma con calma.
¿Qué ver en Villameriel?
El patrimonio de Villameriel es modesto pero significativo, como corresponde a una aldea de estas características. Su iglesia parroquial preside el núcleo urbano con esa presencia discreta pero firme típica de los templos rurales castellanos. Aunque de factura sencilla, merece un paseo tranquilo por su entorno para apreciar la arquitectura religiosa popular de la zona y las vistas que se abren desde sus alrededores. No hace falta ser un experto en arte: basta con dar la vuelta despacio y fijarse en las piedras, en las reparaciones, en cómo se ha ido adaptando al paso del tiempo.
El verdadero interés de Villameriel está en su conjunto arquitectónico tradicional. Las casas de piedra con sus portones de madera, los corrales antiguos, las bodegas excavadas en las laderas y las construcciones auxiliares agrícolas conforman un paisaje urbano que habla de siglos de adaptación al medio. Es un pueblo para recorrer despacio, a pie, fijándose en los detalles: un escudo en una fachada, un empedrado antiguo, un huerto asomando tras una tapia, un carro aún asomado en un portal.
Los alrededores del pueblo guardan paisajes de valor natural. Los campos de cultivo se alternan con zonas de vegetación autóctona donde abundan los robles, las encinas y los quejigos. Desde varios puntos del pueblo se obtienen vistas panorámicas amplias sobre el valle, especialmente al atardecer, cuando la luz baja y todo se tiñe de ocres y dorados. No hay miradores preparados ni carteles: los “miradores” son las propias eras, los caminos y los bordes de los páramos.
La red de caminos rurales que parten de Villameriel permite adentrarse en este territorio de páramos y valles, donde no es raro ver aves rapaces planeando sobre los cultivos o, con algo de suerte y madrugando, algún grupo de corzos. Son pistas agrícolas y senderos de uso diario, compartidos con tractores y gente del campo, no rutas pensadas para el turismo.
Qué hacer
Villameriel encaja bien con quienes disfrutan del senderismo suave y los paseos por el campo sin prisa ni prisiones de horarios. Existen varias rutas no señalizadas que comunican con pueblos vecinos de la comarca, aptas para recorrer a pie o en bicicleta de montaña. El relieve ondulado invita a caminatas de dificultad baja-media; nada alpino, pero conviene asumir que hay cuestas y que los tiempos se alargan si se va parando a mirar. Con un par de horas a ritmo tranquilo se puede hacer un paseo de ida y vuelta cómodo por los alrededores.
La observación de aves es otra actividad recomendable. La comarca de Boedo-Ojeda alberga una interesante avifauna, con presencia habitual de milanos, busardos, cernícalos y diversas especies de paseriformes. No hay hides ni infraestructuras específicas: aquí se trata más bien de caminar con calma, llevar prismáticos y saber esperar, aceptando que unos días se ve más y otros, menos.
En cuanto a la gastronomía, aunque Villameriel no cuenta con establecimientos comerciales, la cocina tradicional palentina está muy presente en la zona. Los productos de la tierra —lechazo asado, morcilla, quesos artesanos— se encuentran en localidades cercanas. Conviene planificar la comida y no dar por hecho que habrá un bar abierto a la vuelta de la esquina: aquí, si vienes sin nada, puedes acabar comiendo de bocadillo en un banco, que tampoco es mala opción si se viene mentalizado.
Para quienes buscan una jornada más completa, la posición de Villameriel permite realizar rutas por la comarca de Boedo-Ojeda, enlazando otros pueblos con patrimonio románico o acercándose a explotaciones agrarias y ganaderas donde todavía se mantiene la vida rural de siempre. Lo habitual es combinar Villameriel con otros dos o tres pueblos cercanos y repartir el día entre coche y paseos cortos.
Fiestas y tradiciones
Como en la mayoría de pueblos castellanos, las fiestas patronales de Villameriel se celebran durante el periodo estival, generalmente en agosto, cuando muchos descendientes del pueblo regresan para el verano. Son fiestas sencillas, de pueblo pequeño, donde se mezclan la misa solemne, la procesión y las celebraciones populares en la plaza con el reencuentro de familias que solo se ven esos días. No hay grandes ferias ni programas interminables: lo importante es estar.
El calendario litúrgico marca también otras fechas señaladas a lo largo del año, especialmente las vinculadas a la Semana Santa, que en los pueblos palentinos se vive con recogimiento y un tipo de religiosidad más íntima que espectacular. Fuera de esos momentos, la vida festiva es discreta y muy local.
Información práctica
Cómo llegar
Desde Palencia capital, Villameriel se encuentra a unos 60 kilómetros por la N‑611 en dirección Santander hasta Herrera de Pisuerga, y desde allí por carreteras comarcales hacia el este. El acceso en vehículo propio es, en la práctica, la única opción realista: el transporte público es muy limitado y los horarios pueden cambiar según la época. Conviene revisar bien el mapa antes de salir, porque no todas las carreteras están igual de cuidadas y el GPS a veces elige rutas poco lógicas.
Consejos
Lleva calzado cómodo para caminar, prismáticos si te interesa la observación de naturaleza y, sobre todo, todo lo que puedas necesitar para el día (agua, algo de comida), porque en el pueblo no hay servicios turísticos. Para dormir o comer con más opciones, la referencia más cercana con servicios completos es Herrera de Pisuerga, a unos 20 kilómetros. En invierno y entre semana es fácil no encontrarse a nadie por la calle, así que mejor venir con todo previsto.
Cuándo visitar Villameriel
La primavera (mayo-junio) y el otoño (septiembre-octubre) suelen ser los mejores momentos: temperaturas agradables, caminos practicables y el paisaje en transición, del verde intenso al dorado.
En verano el pueblo tiene más vida gracias a la gente que vuelve, pero hace calor y las horas centrales del día se hacen largas para caminar. El invierno puede tener su punto si nieva, pero hay que contar con frío, días cortos y, a veces, niebla y barro; el ambiente puede ser muy tranquilo, por no decir solitario.
Si llueve, el asfalto se aguanta bien, pero algunos caminos se embarran rápido; en esos casos es mejor limitarse a paseos cortos alrededor del casco urbano y reservar las rutas largas para otro día.
Si solo tienes…
Si solo tienes 1–2 horas
Da una vuelta completa por el pueblo, acércate a la iglesia, asómate a los bordes del casco urbano para tener vistas al valle y, si el tiempo acompaña, camina un rato por alguno de los caminos que salen en dirección a los campos. A ritmo tranquilo, en ese tiempo se puede sentir bien el lugar sin ir con prisas.
Si tienes el día entero
Lo más sensato es combinar Villameriel con otros pueblos de Boedo-Ojeda o con algún tramo de la Montaña Palentina. Dedica la mañana a hacer una ruta sencilla entre Villameriel y un pueblo cercano, vuelve al coche y desplázate después a otra localidad con más patrimonio o servicios para completar la jornada.
Lo que no te cuentan
Villameriel es pequeño y se recorre a pie en menos de una hora si no te entretienes. El atractivo está más en el ritmo lento y en el paisaje que en “ver cosas” en serie. Funciona bien como parada tranquila dentro de una ruta más amplia por Boedo-Ojeda o la Montaña Palentina, más que como destino único de varios días.
Las distancias engañan: en el mapa todo parece cerca, pero las carreteras comarcales son lentas y los desplazamientos entre pueblos se alargan más de lo que marcan los kilómetros. Si se viene con la idea de “pasar el día en Villameriel” como si fuera un gran foco turístico, lo normal es que sobre tiempo. Si se viene con ganas de pasear un rato, respirar hondo y seguir ruta, encaja mucho mejor.