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sobre Cigales
Capital de la D.O. Cigales famosa por sus vinos rosados; destaca por su monumental iglesia catedralicia y sus bodegas subterráneas
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A unos doce kilómetros de Valladolid, Cigales aparece en medio de la llanura de la Campiña del Pisuerga, rodeado por un paisaje que alterna cereal y viñedo. La tierra rojiza y arcillosa marca el carácter del lugar y también explica algo menos visible: bajo el casco urbano se extiende una red de bodegas excavadas durante siglos. Son centenares de galerías y cuevas donde tradicionalmente se elaboraba y guardaba el vino. Esa arquitectura subterránea forma parte de la identidad del pueblo tanto como las viñas que lo rodean.
El vino que hizo un pueblo
La actual Denominación de Origen Cigales se reconoció a finales del siglo XX, aunque el cultivo de la vid aquí es mucho más antiguo. Documentos medievales ya mencionan viñas en este tramo del Pisuerga, vinculadas a monasterios y señoríos que necesitaban vino para consumo propio y para comerciar con las ciudades cercanas.
Durante siglos el vino local se elaboró sobre todo como clarete, una tradición muy arraigada en la zona. No es exactamente el rosado moderno: se obtenía mezclando uvas tintas y blancas en el lagar y fermentándolas juntas. El resultado era un vino ligero, fresco, adaptado a un clima de veranos secos y de inviernos fríos.
Cigales también aparece de vez en cuando en la historia política de la monarquía hispánica. Aquí nació Ana de Austria en el siglo XVI, hija de los condes de Benavente y más tarde reina consorte de España y Portugal. El palacio vinculado a esta familia apenas conserva restos reconocibles hoy, pero su presencia recuerda que el pueblo estuvo integrado en redes de poder más amplias que las puramente agrícolas.
Arquitectura de lo profundo
La iglesia de Santiago Apóstol domina el perfil del pueblo. Su construcción comenzó en el siglo XVI y se prolongó durante generaciones, algo habitual en edificios de esta escala. Rodrigo Gil de Hontañón participó en las primeras trazas, y el resultado final mezcla elementos góticos tardíos con soluciones renacentistas y añadidos posteriores.
Más que un edificio aislado, la iglesia funciona como referencia visual en una llanura donde todo es horizontal. Desde sus alrededores se percibe bien la extensión de viñedos que ocupa buena parte del término municipal.
El casco antiguo conserva algunos restos del antiguo recinto amurallado y la memoria de varias puertas de acceso. No son estructuras monumentales, pero ayudan a entender que Cigales fue villa protegida y con cierta importancia comarcal.
A esa arquitectura visible se suma la que está bajo tierra. Muchas bodegas se abren en laderas suaves o en patios de casas. Algunas siguen siendo de uso familiar; otras se han rehabilitado como espacios de reunión. La temperatura interior, bastante estable durante todo el año, explica por qué estas galerías fueron durante siglos el lugar más fiable para conservar el vino.
Teatro y tradiciones
En verano suele celebrarse un festival de teatro que utiliza plazas y calles como escenario. El repertorio gira a menudo en torno al Siglo de Oro y, según la tradición local, Calderón de la Barca pasó temporadas en la villa. No está del todo claro qué obras escribió aquí, pero su nombre aparece ligado a la memoria cultural del lugar.
Otra cita muy arraigada es la romería de la Virgen de Viloria, que se celebra en primavera y lleva a los vecinos hasta la ermita situada a varios kilómetros del pueblo. El recorrido atraviesa campos abiertos y mantiene una forma bastante clásica de romería castellana: procesión, comida compartida y bendición de los campos antes de que avance la temporada agrícola.
Cómo recorrer Cigales
El casco urbano se puede recorrer andando sin dificultad. Muchas de las entradas a bodegas subterráneas están señalizadas, y en algunos casos se organizan visitas guiadas que permiten bajar a estas galerías excavadas en la tierra.
Para caminar por los alrededores, el Canal de Castilla queda relativamente cerca. El antiguo camino de sirga, por donde se arrastraban las barcazas que transportaban cereal, hoy se utiliza como senda tranquila entre campos y viñedos.
En otoño el paisaje cambia bastante: las viñas adquieren tonos rojizos y el olor de la vendimia se nota en el ambiente. Si llueve, el barro arcilloso se pega con facilidad al calzado, algo que conviene tener en cuenta al salir a andar por los caminos.