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sobre Simancas
Villa histórica famosa mundialmente por su Archivo General en el castillo; conjunto histórico artístico
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A apenas quince kilómetros de Valladolid, sobre un promontorio que domina el curso del río Pisuerga, se alza Simancas, una villa castellana que guarda entre sus muros de piedra uno de los tesoros documentales más importantes de Europa. Este municipio de la Campiña del Pisuerga, con sus poco más de cinco mil habitantes, combina el sosiego de un pueblo con tradición agrícola y el peso histórico de custodiar siglos de historia española en su Archivo General.
Pasear por Simancas es adentrarse en un entramado de calles estrechas donde el tiempo parece haberse detenido en algún momento entre la Edad Media y el Siglo de Oro. Sus casas de piedra y adobe, sus plazuelas tranquilas y la silueta del castillo-archivo crean una estampa reconocible para cualquiera que conozca los pueblos de la zona: discreta, poco ruidosa y muy castellana, más de vida diaria que de postal.
La altitud moderada de 725 metros sitúa a Simancas en el típico clima continental de la meseta: inviernos fríos y veranos calurosos, con noches que suelen refrescar. El Pisuerga manda: condiciona el paisaje, el regadío y buena parte de la vida diaria del municipio, desde las huertas hasta los paseos de tarde cuando aprieta el calor.
Qué ver en Simancas
El Archivo General de Simancas es el punto clave de la villa. Instalado en el castillo medieval desde el siglo XVI por orden de Carlos I, este archivo conserva millones de documentos que abarcan desde la Edad Media hasta el siglo XIX. Aunque el acceso normal está pensado para investigadores, el edificio, visto desde fuera, ya impone, con su estructura de fortaleza adaptada para custodiar papeles en lugar de armas. Las visitas guiadas permiten conocer parte de sus instalaciones y entender, con ejemplos concretos, qué se guarda allí y por qué es tan relevante para la historia de España y de América. Conviene informarse antes, porque los horarios no siempre coinciden con la visita improvisada de fin de semana.
La Iglesia del Salvador, conocida popularmente como El Salvador, es una construcción de estilo románico-mudéjar del siglo XIII. Su torre cuadrada y sus muros de ladrillo y piedra son muy representativos de la arquitectura religiosa vallisoletana. El interior alberga un retablo mayor de interés y varias tallas, en un ambiente más sobrio de lo que suelen sugerir las fotos promocionales. No siempre está abierta fuera de los oficios, así que es cuestión de suerte o de cuadrar bien la hora.
El Puente Medieval sobre el Pisuerga, con sus siete ojos y origen probablemente romano aunque reconstruido en época medieval, conectaba Simancas con las tierras al otro lado del río. Hoy el tráfico principal va por el puente moderno, pero el antiguo sigue siendo una buena referencia paisajística y un lugar agradable para observar el río y la campiña, sobre todo al atardecer o con algo de niebla baja, cuando el Pisuerga cambia bastante de aspecto.
El casco histórico conserva varias casonas señoriales y la Plaza Mayor, corazón de la vida social de Simancas, con soportales y arquitectura tradicional castellana. No es una plaza monumental al estilo de otras ciudades castellanas, pero sí un buen lugar para ver cómo se mueve el pueblo a lo largo del día: almuerzos, compras rápidas y tertulias a media tarde.
Qué hacer
Las riberas del Pisuerga permiten paseos a pie o en bicicleta. Hay senderos sencillos junto al río, entre choperas y vegetación de ribera, que en primavera y otoño ganan mucho. En verano, el frescor relativo del río se agradece para huir un rato del sol de la meseta; aún así, a mediodía pega, y no es un paseo de sombra continua.
La gastronomía local se apoya en los productos de la tierra: lechazo asado, quesos de la zona, legumbres y vinos con Denominación de Origen de las comarcas vinícolas cercanas. Los bares y restaurantes del pueblo se mueven, sobre todo, en torno a la cocina tradicional castellana, sin demasiadas florituras y con raciones pensadas más para comer bien que para hacer la foto.
Para quienes se inclinan por la historia, una visita al archivo se puede combinar con un recorrido por el casco histórico siguiendo el trazado de la antigua villa amurallada. La oficina de turismo suele facilitar planos con rutas autoguiadas y explicaciones básicas de los principales puntos de interés, lo justo para orientarse sin necesidad de guía.
Desde Simancas se pueden organizar salidas a otros pueblos de la Campiña del Pisuerga o acercarse a Valladolid en pocos minutos para ampliar la jornada con una visita más urbana. En la práctica, mucha gente hace el binomio Valladolid–Simancas el mismo día.
Fiestas y tradiciones
Las fiestas patronales en honor a San Bartolomé se celebran en torno al 24 de agosto, con varios días de actividades que incluyen verbenas, eventos deportivos, actos religiosos y tradiciones populares que reúnen a vecinos y visitantes. Es cuando el pueblo cambia más de ritmo y se nota la afluencia de gente de fuera y de quienes vuelven al pueblo en vacaciones; también cuesta más aparcar y el ambiente es mucho más bullicioso.
En enero, la festividad de San Ildefonso mantiene tradiciones locales con actos religiosos y celebraciones más discretas, pero muy presentes en el calendario vecinal de Simancas.
Durante la Semana Santa, aunque de dimensiones más reducidas que en la capital, se mantienen algunas procesiones que recorren las calles del casco histórico con el recogimiento propio de los pueblos castellanos. No es una Semana Santa pensada para grandes masas, pero sí para quien quiera verla de cerca y sin agobios.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Valladolid, Simancas se encuentra a tan solo 15 kilómetros. El acceso habitual se hace por carretera nacional o autonómica (consulta el trazado actualizado en el mapa, ya que pueden cambiar denominaciones y variantes [VERIFICAR]), y el recorrido ronda los veinte minutos en coche. También existen líneas de autobús que conectan ambas localidades con cierta regularidad, suficiente para plantearse la visita sin vehículo propio. El autobús te deja cerca del centro; con coche, conviene fijarse bien en las señales para no meterse a la fuerza en el casco antiguo.
Cuándo visitar Simancas
La primavera (abril-mayo) y el otoño (septiembre-octubre) encajan bien si quieres combinar paseo urbano y ribera del río, con temperaturas más suaves y el paisaje algo más verde de lo que es habitual en la meseta.
En verano puede hacer bastante calor a mediodía, así que conviene reservar las horas centrales para comer, descansar o visitar el interior de la iglesia o el archivo (si coincide con el horario de visita), dejando los paseos por el casco viejo y las riberas para primera hora de la mañana o la tarde. Las noches suelen ser agradables, incluso cuando en Valladolid el calor se hace pesado.
En invierno, con frío y nieblas frecuentes, el pueblo se ve igual, pero el paseo junto al río pierde atractivo y compensa más centrar la visita en el casco histórico y el entorno del castillo. Eso sí, si te gusta la atmósfera de niebla castellana, los alrededores del puente y el perfil del archivo ganan un punto diferente.
Si solo tienes…
Si solo tienes 1–2 horas
Te da tiempo a aparcar cerca del centro, subir al entorno del Archivo General de Simancas para verlo desde fuera, bajar a la Plaza Mayor, asomarte a la Iglesia del Salvador (si está abierta) y cerrar con una pequeña vuelta hacia el puente para ver el Pisuerga de cerca. Es una visita rápida, pero suficiente para hacerse una idea bastante clara del pueblo y de su escala.
Si tienes el día entero
Puedes reservar una visita guiada al archivo (consultando antes horarios y reservas), pasear con calma por el casco histórico, comer en el pueblo y por la tarde recorrer con más tranquilidad las riberas del Pisuerga o encadenar la visita con Valladolid o con algún pueblo cercano de la Campiña del Pisuerga. No es un lugar para ir con prisas: los tiempos los marca más el sol y el calor que la cantidad de monumentos.
Lo que no te cuentan
Simancas se ve relativamente rápido: el casco histórico es reducido y no vas a tener la sensación de “ciudad monumental” inabarcable. Para mucha gente funciona mejor como escapada de medio día o parada en una ruta por la provincia que como destino para pasar varios días seguidos.
Las fotos tienden a centrarse en el castillo-archivo y el puente, y eso puede dar la impresión de un conjunto monumental mayor del que realmente hay. Lo que engancha del pueblo no es solo la piedra, sino el ambiente tranquilo, la escala humana y el contraste entre el peso del archivo y la vida cotidiana de una villa agrícola de la meseta.