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sobre Escalona del Prado
Destaca por su iglesia con retablo barroco y la tradición del esgrafiado segoviano en sus fachadas
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En el corazón de la Campiña Segoviana, donde los campos de cereal dibujan un mosaico dorado que cambia con las estaciones, se encuentra Escalona del Prado. Este pequeño municipio de unos 500 habitantes conserva la esencia de la Castilla rural más auténtica, el paisaje que muchos tienen en la cabeza cuando piensan en “pueblo de secano”. A unos 890 metros de altitud, el pueblo se asienta en un territorio de suaves lomas y horizontes amplios, donde el cielo manda y el ritmo de vida sigue yendo al paso de las cosechas.
Visitar Escalona del Prado es asomarse a esa España interior que algunos buscan como refugio del bullicio urbano. Aquí no hay colas, ni audioguías, ni rutas marcadas por todos lados. Hay arquitectura popular de piedra y adobe, calles tranquilas donde el saludo es costumbre, y esa manera de estar en la calle que solo se entiende cuando se vive en un sitio pequeño. La proximidad a Segovia capital lo convierte en una escapada lógica para quien quiera ver la provincia más allá del acueducto.
El entorno natural que rodea el municipio invita a bajar revoluciones. Los campos de cultivo se extienden hasta donde alcanza la vista, salpicados por pequeñas manchas de encinas y chopos que marcan el curso de arroyos estacionales. Es un paisaje para disfrutar sin prisas, buen terreno para el cicloturismo tranquilo o las caminatas de “vamos a ver hasta dónde llega ese camino”, literalmente.
Qué ver en Escalona del Prado
El patrimonio de Escalona del Prado es discreto pero muy reconocible para quien conozca los pueblos de la meseta. La iglesia parroquial preside el núcleo urbano, un templo que, como tantos otros en la comarca, mezcla épocas y reformas. No es una catedral escondida en un pueblo, pero sí el edificio que estructura la vida diaria: su torre, visible desde varios puntos, es el faro al que se mira para ubicarse o para saber “por dónde cae el centro”.
Pasear por el casco urbano permite fijarse en los detalles de la arquitectura tradicional segoviana: casas de mampostería con zócalos de piedra, balcones y aleros de madera, y cierres pensados para el frío del invierno y el calor del verano. Algunas viviendas conservan elementos originales como portones claveteados, bodegas excavadas y corrales que recuerdan cuándo los animales estaban literalmente “en casa”. No todo está restaurado ni de postal, y eso también ayuda a entender cómo se ha vivido aquí las últimas décadas.
El entorno natural es uno de los puntos fuertes del pueblo. Los alrededores de Escalona del Prado regalan panorámicas amplias de la campiña, especialmente al amanecer o al atardecer, cuando la luz rasante saca matices a los rastrojos y a las tierras trabajadas. Desde las pequeñas elevaciones cercanas se aprecia bien el concepto de “mar de campos”, y en días claros se intuye la sierra en el horizonte. No esperes miradores con barandilla y panel informativo: aquí el mirador suele ser un camino de concentración o un alto en un camino rural.
Qué hacer
El senderismo es probablemente la actividad más agradecida en Escalona del Prado. No hablamos de grandes rutas de montaña, sino de caminos rurales y vías pecuarias que rodean el municipio y que permiten hacer recorridos circulares sin demasiada complicación. Seguir los antiguos caminos que unían el pueblo con las localidades vecinas ayuda a entender cómo se movía la gente antes del coche. Eso sí, en verano conviene madrugar o salir a última hora, porque sombras hay las justas.
Para los aficionados al cicloturismo, las carreteras secundarias que atraviesan la campiña permiten salir a dar pedales sin ir pendiente del tráfico todo el rato. Son trayectos de baja dificultad, pero conviene recordar que aquí el viento manda: un día puedes volar y al siguiente cada recta se hace el doble de larga. En bici se agradecen mucho las primeras y últimas horas del día, cuando el sol no castiga tanto y el paisaje se ve mejor.
La gastronomía local se apoya en los productos de la tierra castellana. El lechazo asado sigue siendo el plato estrella en la zona, acompañado por legumbres, sopas castellanas, guisos de cuchara y embutidos tradicionales. En el pueblo manda la cocina casera de toda la vida, de raciones generosas y pocos artificios, y en los alrededores de la comarca es fácil encontrar buenos asados y menús contundentes, más pensados para quien ha trabajado el campo que para la foto de redes sociales.
La observación de aves es otra actividad a tener en cuenta si te gusta el campo en silencio. Los cultivos cerealistas son terreno de especies esteparias como la avutarda, el sisón o varias alondras, y en las zonas arboladas se ven rapaces y otras aves ligadas al mosaico agrícola. No es un “parque temático de aves”, pero con prismáticos y un poco de paciencia se disfruta. Importante: respeta los caminos, no te metas en las parcelas y, si coincide con época de cría, extrema las distancias.
Fiestas y tradiciones
El calendario festivo de Escalona del Prado sigue la lógica de la Castilla rural. Las fiestas patronales se celebran en verano, generalmente en agosto [VERIFICAR], coincidiendo con el momento en que hay más gente en el pueblo. Hay actos religiosos, verbenas, competiciones deportivas y actividades pensadas para que los que viven fuera vuelvan y se vean las caras. No es un macroconcierto, es más bien la excusa anual para reencontrarse.
La Semana Santa se vive con la sobriedad habitual de la zona, con procesiones por las calles del municipio y participación de buena parte del vecindario. A mediados de septiembre, muchos pueblos de la comarca celebran las fiestas de sus patronos, fechas que suelen ir ligadas al final de las labores agrícolas más intensas, así que el ambiente es más relajado y se nota en las ganas de calle.
Las romerías a ermitas cercanas y las celebraciones ligadas al ciclo agrario forman parte del año, aunque no salgan en los folletos. Son actos más domésticos que espectaculares, pero ayudan a entender el vínculo entre pueblo, trabajo del campo y calendario religioso. Si coincides, lo normal es que te miren con curiosidad al principio… y acabes con un trozo de tortilla en la mano al rato.
Cuándo visitar Escalona del Prado
La primavera (sobre todo mayo y principios de junio) enseña la versión más verde de la campiña: campos de cereal todavía tiernos, cunetas con flores y temperaturas agradables para caminar a cualquier hora. Es cuando el paisaje desmiente ese tópico de que “Castilla es todo marrón”.
El otoño (septiembre y octubre) tiñe el paisaje de ocres y dorados, los días son aún largos y el calor ya afloja. Es buen momento para rutas tranquilas y para ver el campo “recogido”, con menos maquinaria en los caminos y una calma distinta.
El verano puede ser caluroso en las horas centrales, con días largos y sol que cae a plomo, pero las noches refrescan y la vida se estira en la calle. Conviene salir a caminar temprano o a última hora y no confiarse con el agua: en rutas sencillas también te puedes quedar seco.
El invierno es frío y, a veces, ventoso. A cambio, la luz limpia del altiplano tiene su punto y, si te gusta la fotografía de paisajes despejados, es una buena época. Eso sí, abrigo serio, gorro y plan de paseo corto; no hay muchos refugios intermedios para hacer paradas largas al resguardo.
Lo que no te cuentan
Escalona del Prado es un pueblo pequeño que se recorre a pie en poco rato. El casco urbano se ve bien en una mañana o incluso en un paseo largo de tarde; el “plus” está en los caminos que lo rodean y en tomárselo con calma. Si buscas un sitio con monumentos a cada esquina, no es este.
No esperes un catálogo de monumentos ni una agenda cultural intensa. Es más una parada tranquila dentro de una ruta por la Campiña Segoviana o una excursión desde Segovia que un destino para estar varios días sin moverte de aquí. Mucha gente lo combina con otros pueblos de la zona o con alguna visita más “de foto” en la provincia.
Las fotos de atardeceres sobre los campos son reales, pero el día a día es el de un pueblo agrícola: maquinaria, tractores, silos… forma parte del paisaje y de la vida local. Si vienes fuera de fines de semana y vacaciones, te encontrarás un pueblo funcionando a su ritmo, no un decorado turístico.
Errores típicos al visitar Escalona del Prado
Ir con prisas pensando en “tachar cosas”: aquí no hay una lista larga de visitas. Si solo vas a contar iglesias, te sabrá a poco. El valor está en pasear, observar y enlazar el pueblo con su paisaje.
Llegar a mediodía en pleno verano y ponerse a caminar: las sombras escasean y el sol pega. Mejor reservar las rutas para primeras o últimas horas y dejar el centro del día para un paseo corto o mesa y sobremesa.
Esperar un pueblo-museo sin vida cotidiana: aquí hay almacenes, naves, aperos y casas reformadas junto a otras más viejas. Si vienes buscando solo la postal limpia, te chirriará; si aceptas el pueblo tal cual es, lo disfrutarás más.