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sobre Fuente de Santa Cruz
Municipio agrícola con una iglesia que perteneció a la Orden de San Juan; historia y tranquilidad
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A primera hora de la mañana, cuando la luz todavía es baja y el aire huele a tierra seca, Fuente de Santa Cruz aparece al borde de la carretera entre campos que en verano se vuelven casi blancos de tanto sol. Desde lejos se distinguen los tejados rojizos y algunas fachadas de piedra mezcladas con tapial. No hay ruido más allá del viento moviendo el cereal y, si coincide, el motor de algún tractor que ya está trabajando. Con poco más de un centenar de habitantes y alrededor de 825 metros de altitud, el pueblo mantiene un ritmo que tiene poco que ver con el de las ciudades cercanas.
El nombre recuerda a una fuente antigua que durante siglos sirvió de referencia a quienes cruzaban esta parte de la campiña segoviana. Todavía hoy el agua sigue teniendo peso en la memoria del lugar, aunque el pueblo se entiende mejor mirando alrededor: lomas suaves, parcelas amplias y manchas dispersas de encinas o robles que rompen la monotonía del cereal.
Las calles conservan esa mezcla habitual de piedra, adobe y reformas recientes. Algunas casas han cambiado ventanas o revocos, otras siguen mostrando paredes gruesas y portones de madera gastados por décadas de uso. El terreno apenas se ondula, lo suficiente para que desde ciertos puntos se vea el campo abrirse en todas direcciones.
Aquí el viento suele marcar el día. A ratos levanta polvo del camino, otras veces solo mueve las hojas secas de los árboles que quedan junto a las tapias. La vida pasa despacio: algún vecino cruzando la plaza, un coche que se detiene un momento, silencio otra vez. Los campos alrededor cambian mucho según la estación: verde intenso en primavera, amarillo fuerte en verano y tonos apagados cuando ya se ha recogido el grano.
Qué ver en Fuente de Santa Cruz
La iglesia parroquial de la Asunción es el edificio que organiza el centro del pueblo. Sus muros de piedra son sobrios, propios de muchas iglesias rurales de la zona, y se nota que ha ido cambiando con el tiempo. Cuando está abierta, el interior queda en penumbra salvo por la luz que entra por ventanas estrechas; fuera, la torre se ve desde casi cualquier punto del casco urbano.
Caminar sin rumbo fijo por las calles suele ser suficiente para entender cómo se ha construido el pueblo. Hay muros de adobe con grietas finas, balcones de hierro que asoman sobre la calle y corrales que todavía conservan puertas grandes de madera. En los bordes del casco aparecen algunos palomares y dependencias agrícolas que recuerdan hasta qué punto la vida aquí ha girado siempre alrededor del campo.
Apenas salir del último grupo de casas el paisaje se abre. La campiña segoviana aquí es amplia, con parcelas largas y horizontes limpios. En días claros se ven rapaces planeando muy alto y, si te detienes un momento, es fácil escuchar alondras o el reclamo de alguna perdiz entre los rastrojos.
Qué hacer entre campos y caminos
Los caminos agrícolas que salen de Fuente de Santa Cruz conectan con otros pueblos cercanos de la campiña. Son pistas anchas de tierra, pensadas sobre todo para maquinaria, pero fáciles de recorrer andando o en bici. No suelen estar señalizadas, así que conviene llevar el recorrido claro o usar algún mapa si no conoces la zona.
La mejor hora para caminar suele ser temprano o al final de la tarde, cuando el sol cae más bajo y el campo cambia de color. En verano el calor aprieta bastante a mediodía y apenas hay sombra fuera de los pequeños rodales de encinas.
Quien tenga interés por las aves encontrará movimiento sobre todo en primavera. En los postes y linderos se ven cernícalos, y en los sembrados no es raro oír escribanos trigueros o alondras. El paisaje es sencillo, pero cuando el viento pasa por el cereal produce ese sonido continuo que parece llenar todo el horizonte.
Conviene tener en cuenta que en el propio pueblo los servicios son limitados. Si planeas pasar varias horas recorriendo caminos, lo más práctico suele ser llevar agua y algo de comida o acercarse después a alguno de los municipios cercanos de la comarca.
Para bicicleta también es un terreno agradecido: poco tráfico y caminos largos entre parcelas. Eso sí, en otoño e invierno el viento de la meseta puede hacer que los trayectos se vuelvan más duros de lo que parecen sobre el mapa. Cuando sopla, se nota. Y bastante.