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sobre Melque de Cercos
Pueblo con arquitectura tradicional de ladrillo y pizarra; destaca su iglesia
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Imagínate un pueblo donde las casas de piedra y adobe parecen haber quedado atrapadas en una foto en blanco y negro. Eso es Melque de Cercos, en la provincia de Segovia, rodeado por 600 hectáreas de campos de cereal que cada verano se tiñen de dorado. Lo conocí en una visita con unos amigos y te puedo asegurar que aquí no hay ni un cartel gigante ni una tienda llena de souvenirs, solo un rincón donde la vida sigue con un ritmo diferente al del turismo masivo.
De sus poco más de 50 habitantes, algunos todavía trabajan en el campo, otros cuidan las casas envejecidas y unos pocos viven del turismo rural o la ganadería. La altitud no llega a los 900 metros y la aldea está conectada por caminos rurales que acaban en pequeñas fincas agrícolas. La sensación general es la de estar pisando un trozo real del interior castellano: sin artificios, sin inventarse historias que no sean ciertas.
¿Qué visitar en Melque de Cercos?
La iglesia parroquial, dedicada a San Esteban, es uno de los puntos principales del pueblo. Construida en el siglo XVI, tiene un aspecto robusto pero sencillo; su torre cuadrada y la fachada encalada contrastan con las fachadas más desgastadas por el paso del tiempo. El interior conserva algunos retablos antiguos y detalles que muestran cómo eran las iglesias rurales en esta zona, con bancos sin pulir y unos retablos modestos pero bien conservados.
Para pasear sin prisa, lo mejor es recorrer las calles principales: Calle Mayor y Callejón del Río son ejemplos claros del trazado agrícola tradicional. Aunque hay pocas estructuras monumentales, llaman la atención las bodegas excavadas bajo tierra (unos pequeños sótanos donde se hacía vino hace décadas), así como los corrales, algunos todavía útiles para el ganado y otros convertidos en restos silenciosos. En muchas fincas privadas también permanecen los potros para herrar caballos o herramientas antiguas oxidadas junto a muros agrietados.
Lo cierto es que no hay mucho más allá del paisaje rural. La arquitectura se limita a casas sencillas con dinteles de madera y chimeneas altas hechas con ladrillo o piedra. Otras edificaciones tradicionales incluyen pequeñas granjas de planta rectangular; algunas han sido rehabilitadas, otras llevan años vacías o caídas.
El entorno natural merece detenerse. Los campos se extienden hasta donde alcanza la vista —sobre todo trigo—, acompañados por pequeños arroyos secantes o estacionales según la época del año. Los caminos rurales están marcados por huellas de tractores y vacas pastando entre encinas dispersas; si tienes suerte puedes ver alguna avutarda o cogujada saltando entre los tallos secos al final del día.
Actividades para el viajero
Aquí no vas a encontrar rutas señalizadas con paneles kilométricos ni mapas llenos de iconos; lo mejor son pasear por los caminos que unen Melque con pueblos cercanos como Villaverde o Cuéllar, siempre a paso lento. En primavera, cuando florecen amapolas entre el cereal cortado, el espectáculo visual puede ser interesante si te gusta esas escenas rurales sin artificios.
Si quieres hacer algo más que dar vueltas sin rumbo fijo, prueba a llevar prismáticos y observar las aves: perdices rojas sobre los trigales o calandrias en vuelo son habituales cerca del pueblo. En invierno suelen sobrevolar milanos negros buscando restos abandonados o liebres saltando entre matojos resecos.
En cuanto a comer algo local… pues dependerás mucho del autoconsumo o la visita a algún pequeño establecimiento fuera del pueblo. La gastronomía en estos sitios suele circunscribirse a cordero asado —sí, lo tradicional— legumbres escalfadas (garbanzos o lentejas) e ingredientes artesanales (embutidos curados). No hay bares ni restaurantes propios; probablemente sea mejor planear una comida previa o reponer fuerzas tomando algo preparado antes de llegar.
Para fotografiar tendrás oportunidades interesantes sobre todo al amanecer: los campos dorados bajo esa luz rasante ofrecen buenas escenas para captar paisajes rurales sin complicaciones técnicas. Las construcciones antiguas proporcionan detalles interesantes si te gustan las tomas cercanas: puertas sencillas de madera envejecida o cornisas rugosas.
Fiestas tradicionales
Las celebraciones principales coinciden con agosto —más allá hay poca actividad programada— y suelen girar alrededor de festividades religiosas relacionadas con su patrón: san Esteban Mártir. En estos días se organizan procesiones cortas por calles estrechas, bocadillos compartidos entre vecinos y actos tradicionales como bailes campesinos o exhibiciones agrícolas traídas desde hace décadas.
En ocasiones todavía mantiene viva alguna tradición como la matanza familiar del cerdo —aunque ya casi sólo quedan recuerdos— o la feria anual para vender productos locales cerca del ayuntamiento modesto donde también se encuentran unas pocas viviendas grandes llamadas “casonas” que reflejan cierto pasado señorial agrícola.
Melque de Cercos no ofrece grandes monumentos ni eventos excesivos, pero puede ser un lugar donde entender cómo vivían estas aldeas antes del despoblamiento masivo. Solo necesitas tiempo para caminar sus calles polvorientas —y aceptar que aquí el reloj va diferente— para entender qué quedó tras siglos trabajando la tierra con esfuerzo tangible e historias silenciadas por el silencio mismo del campo castellano.