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sobre Aldealpozo
Paso del Camino de Santiago de Soria con restos románicos y ambiente sosegado
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Hay pueblos por los que pasas sin querer y acabas parando el coche. Aldealpozo es uno de esos. Vas por las carreteras tranquilas del Campo de Gómara, con cereal a ambos lados, y de repente aparece el caserío. Pequeño, muy callado. De esos sitios donde bajas del coche y lo primero que notas es que no se oye casi nada.
La primera vez que pasé por aquí me dio la sensación de estar viendo una foto antigua. Un puñado de casas de piedra, la iglesia en medio y una calle principal que organiza todo. No hay miradores espectaculares ni grandes monumentos. Lo que hay es esa calma de pueblo muy pequeño que sigue habitado, aunque sean pocos.
Cómo es Aldealpozo por dentro
Aldealpozo tiene el tamaño de un lugar donde todo se entiende rápido. Caminas un poco y ya sabes cómo está distribuido.
Las casas mezclan piedra, portones de madera y tejados de teja vieja. Algunas están cuidadas y otras se han quedado a medio camino entre el uso y el abandono, algo bastante habitual en pueblos con tan poca población. En varias fachadas todavía se ven escudos o detalles tallados que recuerdan que aquí hubo más vida.
La iglesia de San Juan Bautista es el edificio que manda en el centro del pueblo. Suele estar cerrada cuando no hay celebraciones, así que lo normal es verla por fuera. Aun así, marca el ritmo del lugar. Todo parece girar alrededor de ella.
No hay tiendas ni bares abiertos de forma continua. En un pueblo de apenas unas decenas de vecinos eso entra dentro de lo normal.
Caminar por los campos del Campo de Gómara
Desde el propio núcleo salen caminos de tierra que se meten en los campos. No tienen misterio: rectos, abiertos y con el horizonte siempre lejos.
Aquí manda el cereal. Trigo, cebada y parcelas que cambian de color según la época del año. En verano todo se vuelve dorado y el viento mueve las espigas como si fueran olas lentas. En invierno el paisaje se queda más duro y silencioso.
Si te gusta caminar o ir en bici, estos caminos sirven para estirar las piernas sin complicaciones. Eso sí, conviene mirar el reloj en verano. La sombra escasea y el sol aquí pega de lleno.
A veces se oye algún rebaño a lo lejos. La ganadería ovina todavía forma parte del día a día de la zona, aunque no siempre se vea a simple vista.
Un paisaje abierto, de los que respiran
El paisaje alrededor de Aldealpozo tiene algo que engancha aunque sea sencillo. No cambia demasiado, pero tampoco hace falta.
Es ese tipo de llanura donde el cielo ocupa medio paisaje. Cuando sopla viento —algo bastante habitual por aquí— el sonido recorre los campos y parece que todo se mueve a la vez.
En días despejados, mirando hacia el horizonte, se intuyen sierras lejanas. No es un sitio de cumbres ni de grandes miradores. Lo interesante es la amplitud. Te das cuenta de lo lejos que está todo.
También es terreno donde todavía aparecen aves esteparias. Si caminas despacio y con paciencia, es fácil ver rapaces pequeñas planeando o escuchar movimiento entre los cultivos.
El cielo cuando cae la noche
Si te quedas hasta tarde pasa algo curioso: el pueblo se queda completamente oscuro.
La falta de iluminación fuerte hace que el cielo se vea muy limpio. Basta con alejarse unos metros de las casas para mirar arriba y entender por qué en estas comarcas todavía se habla tanto de las noches claras. En verano, cuando el aire está quieto, el cielo parece más grande de lo normal.
No hace falta telescopio para disfrutarlo. Solo un rato de silencio.
Comer y organizar la visita
En Aldealpozo no vas a encontrar bares ni restaurantes funcionando a diario. Lo habitual es parar aquí un rato y luego moverse a pueblos cercanos donde sí hay más servicios.
En esta parte de Soria es fácil acabar comiendo cordero asado, migas o platos muy ligados a la matanza del cerdo cuando llega el invierno. Son recetas que siguen muy presentes en la comarca.
Lo práctico suele ser acercarse en coche desde localidades cercanas y dedicar a Aldealpozo un paseo tranquilo. Es un lugar pequeño y se recorre rápido.
Cuando el pueblo se vuelve a llenar
Durante buena parte del año Aldealpozo vive con muy pocos vecinos. Pero en verano la cosa cambia.
En agosto suelen celebrarse las fiestas y entonces regresan familias que tienen aquí sus raíces. El pueblo se anima durante unos días, con procesiones, música tradicional y reuniones largas en la calle. Nada espectacular. Más bien el ambiente de reencuentro que se repite en muchos pueblos de la provincia.
Luego vuelve la calma.
Aldealpozo no intenta impresionar a nadie. Es simplemente un pueblo diminuto del Campo de Gómara que sigue ahí, entre campos abiertos y carreteras tranquilas. Si pasas cerca, parar diez minutos ya te da una idea bastante clara de cómo late esta parte de Soria. Y a veces eso es justo lo que uno venía buscando.