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sobre Almajano
Localidad con servicios básicos y cruce de caminos hacia las Tierras Altas
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En el corazón de la comarca de Campo de Gómara, a más de mil metros de altitud, se encuentra Almajano, una pequeña localidad soriana donde mandan el cereal, el viento y los cielos enormes. Con menos de doscientos habitantes, es uno de esos pueblos donde el movimiento se mide por estaciones, no por horas punta.
El paisaje que rodea Almajano es típicamente castellano: páramos suaves, campos de cereal que cambian de color según la época y un cielo que se come casi todo el encuadre. La altitud deja un clima continental bien marcado, con inviernos serios (frío de verdad, heladas largas y alguna nevada) y veranos bastante más llevaderos que en la mayor parte de la meseta baja.
Almajano forma parte de esa red de pequeños núcleos rurales que vertebran el territorio soriano, manteniendo vivas tradiciones ligadas al campo y a la ganadería. Aquí la vida es tranquila y el ritmo lo marcan las labores agrícolas y el calendario festivo.
Qué ver en Almajano
El patrimonio de Almajano se centra en su arquitectura popular castellana, con construcciones tradicionales de piedra y adobe que reflejan siglos de adaptación al clima duro de la meseta. Paseando por sus calles se ven casas con portones de madera, corrales antiguos y cuadras que recuerdan un pasado muy pegado al terreno. Conviene levantar la vista: muchos aleros, chimeneas y remates cuentan más del pueblo que cualquier panel informativo.
La iglesia parroquial es el principal edificio del pueblo, como suele ocurrir en estos núcleos rurales donde el templo ha sido históricamente el centro de la vida comunitaria. Su arquitectura modesta pero sólida es representativa de las construcciones religiosas de la comarca y suele concentrar buena parte de las celebraciones del calendario local.
Los alrededores de Almajano abren un paisaje amplio, muy agradecido para quien disfruta del campo a pie o con cámara. Los campos de cereal crean un mosaico que varía con las estaciones: verdes intensos en primavera, dorados en verano y ocres en otoño. Desde el pueblo, a más de mil metros de altitud, se percibe bien la inmensidad de los páramos sorianos y la sensación de horizonte largo, sin apenas obstáculos.
Qué hacer
Almajano es un destino tranquilo para quienes buscan practicar senderismo y cicloturismo por rutas sin agobios. Los caminos rurales que conectan con otras localidades de Campo de Gómara permiten realizar excursiones de diferente duración, siempre rodeados de ese paisaje agrícola tan característico. No hay grandes desniveles, pero el viento puede convertir un paseo sencillo en algo más exigente, sobre todo en bici.
La observación de aves tiene interés en la zona. Los páramos sorianos son hábitat de numerosas especies, especialmente aves esteparias que encuentran aquí su ecosistema. Traer prismáticos tiene más sentido que venir con una lista interminable de cosas que ver: aquí se viene a mirar despacio, no a tachar puntos de un mapa.
En cuanto a la gastronomía, Almajano participa de la tradición culinaria soriana: productos de la matanza del cerdo, cordero asado y legumbres forman parte del recetario habitual, en casas y en celebraciones. Los hongos en otoño son un recurso muy apreciado por los vecinos cuando la temporada acompaña, aunque la presión micológica en la provincia ha obligado en muchos sitios a acotar y regular el acceso a los montes [VERIFICAR].
La micología es, por tanto, una actividad estacional que atrae a gente de fuera durante los meses de otoño, cuando los campos y las zonas de arbolado cercanas se llenan de distintas especies de setas. Hay que informarse bien sobre permisos, normas y zonas autorizadas antes de salir al campo.
Fiestas y tradiciones
Las fiestas patronales de Almajano se celebran en honor a su patrón durante el verano, generalmente en agosto. Son fiestas a escala de pueblo pequeño, con actos religiosos, verbenas populares y comidas comunales que mantienen el tejido social de la comunidad. En esos días el censo se multiplica y se nota en las calles, en los bares improvisados y en el trasiego de sillas plegables de una puerta a otra.
Como en otros pueblos de la comarca, las celebraciones de San Isidro en mayo tienen su importancia, ligadas al pasado y presente agrícola de la zona. Es cuando se bendicen los campos y el pueblo se organiza alrededor de la iglesia y la procesión, con tractores, ramos y las prendas “de fiesta” sacadas del armario.
Durante el invierno, especialmente en Navidad, el pueblo recupera cierta animación con el regreso de quienes viven fuera el resto del año, convirtiendo estas fechas en momentos de reencuentro y vida en las calles, aunque el frío apriete y los paseos se acorten.
Información práctica
Para llegar a Almajano desde Soria, la capital provincial, hay que recorrer aproximadamente 30 kilómetros por carretera. El trayecto dura en torno a media hora y discurre por carreteras comarcales que atraviesan el paisaje típico de la provincia: rectas largas, campos abiertos y muy poco tráfico. Desde otras capitales, lo más práctico es llegar primero a Soria y desde allí continuar hacia Almajano.
La mejor época para visitar Almajano depende de lo que busques. La primavera y el otoño suelen tener temperaturas más amables y paisajes especialmente fotogénicos, con los campos verdes o de tonos dorados. El verano funciona bien para quienes huyen del calor de las grandes ciudades, ya que la altitud deja noches frescas y a veces hace falta chaqueta al anochecer. El invierno interesa a quien valora el silencio y los paisajes nevados, pero conviene ir bien preparado para el frío y consultar el estado de las carreteras si hay aviso de temporal.
Es recomendable llevar calzado cómodo para caminar, ropa de abrigo incluso en verano (las noches refrescan de golpe) y cámara fotográfica si te gusta jugar con horizontes amplios. La zona no cuenta con gran infraestructura turística, por lo que es aconsejable planificar el alojamiento en localidades cercanas de mayor tamaño o venir con todo previsto si se viaja en autocaravana, teniendo en cuenta que no todos los pueblos cuentan con áreas habilitadas.
Si solo tienes unas horas
- Paseo tranquilo por el casco urbano, fijándote en la arquitectura tradicional, portones, corrales y detalles constructivos.
- Visita a la iglesia parroquial si está abierta y posibilidad de hablar con algún vecino en la plaza, que suele dar más contexto que cualquier folleto.
- Vuelta corta por los caminos cercanos para ver el pueblo desde fuera, entre los campos, y apreciar el paisaje abierto típico del Campo de Gómara.
Lo que no te cuentan
Almajano es pequeño y se ve rápido. Encaja mejor como parada dentro de una ruta por la provincia de Soria o por el Campo de Gómara que como destino único de varios días. No vengas esperando un casco histórico monumental ni una agenda de actividades organizada: el interés está en el conjunto, en el paisaje y en la vida tranquila del pueblo.
Las distancias entre pueblos parecen cortas en el mapa, pero los paisajes son muy abiertos y las carreteras son comarcales, así que los desplazamientos se alargan más de lo que marcan los kilómetros. Conviene venir con la idea de disfrutar del trayecto, de parar a hacer fotos o simplemente a mirar el horizonte, no de “llenar” el día a base de monumentos. Aquí el atractivo es otro.