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sobre Bliecos
Aldea situada en un vallejo con restos de molinos y arquitectura rural
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En las parameras de la comarca del Campo de Gómara, a más de mil metros de altitud, Bliecos es uno de esos pequeños pueblos sorianos que resisten al despoblamiento con dignidad y belleza. Con apenas 27 habitantes censados, esta diminuta aldea castellana resulta muy agradecida para quienes buscan silencio, autenticidad y el paisaje áspero y conmovedor de la Soria profunda… sabiendo que van a un pueblo de 20 y pico vecinos, no a una villa monumental.
Llegar hasta Bliecos es emprender un viaje en el tiempo, pero también en el ritmo: aquí las cosas pasan despacio o, directamente, no pasan. Las carreteras que serpentean entre campos de cereal, encinas centenarias y horizontes infinitos conducen a un conjunto de casas de piedra y adobe que parecen brotar de la misma tierra ocre que las rodea. Aquí no encontrarás tiendas de souvenirs ni terrazas concurridas, sino la Castilla rural de verdad, la de diario, la que todavía depende del campo y de las estaciones.
A 1.044 metros sobre el nivel del mar, Bliecos tiene un aire puro y transparente, cielos estrellados sin apenas contaminación lumínica y una sensación de paz que resulta casi terapéutica para quien viene de ciudad. Es el típico lugar que invita a pasear sin rumbo, a pararse a charlar si alguien está en la puerta de casa y a redescubrir el valor de lo sencillo… siempre que uno venga con esa actitud y no esperando “cosas que ver” a cada paso.
Qué ver en Bliecos
El patrimonio de Bliecos es el propio de una pequeña aldea castellana, donde la arquitectura popular se convierte en el principal atractivo. El caserío tradicional, construido con piedra y adobe, muestra la sabiduría constructiva de generaciones que supieron adaptarse a un clima extremo, con inviernos crudos y veranos calurosos. Muchas casas están reformadas, otras medio caídas: forma parte del paisaje real de la España vaciada, con lo cuidado y lo abandonado conviviendo pared con pared.
La iglesia parroquial, dedicada a San Pedro, preside el conjunto urbano con su modesta pero digna presencia. Aunque de pequeñas dimensiones, conserva elementos arquitectónicos próximos al románico rural soriano, con ese aire sobrio y austero tan característico de la provincia. Su espadaña rompe el perfil horizontal del pueblo y sirve de referencia visual en el paisaje llano de la comarca cuando te vas acercando en coche.
Más allá del núcleo urbano, el entorno natural invita a la contemplación más que a la “ruta marcada”. Los campos de labor se extienden hasta donde alcanza la vista, salpicados de enebros, sabinas y encinas que han resistido siglos de viento castellano. En primavera, los tonos ocres se transforman en alfombras verdes, mientras que el otoño tiñe el paisaje de dorados y pardos muy fotogénicos si pillas buena luz.
Los aficionados a la fotografía de paisaje encontrarán en los alrededores de Bliecos escenarios de gran potencia visual, especialmente al amanecer y al atardecer, cuando la luz rasante modela las formas del terreno y los horizontes se tiñen de colores intensos. Aquí el cielo es media foto.
Qué hacer
Bliecos es un destino para desconectar y practicar el turismo lento, del de verdad: pasear, mirar, estar. No hay actividades organizadas ni rutas interpretativas. Las posibilidades de senderismo por los caminos rurales que rodean el pueblo son buenas si te manejas con mapa o GPS, aunque hay que ir preparado, pues se trata de rutas no señalizadas que discurren por campo abierto. Llevar mapas, agua abundante y protección solar es imprescindible, especialmente en verano.
Los paseos por el término municipal permiten descubrir las construcciones rurales tradicionales: corrales, majadas y alguna ermita o humilladero que hablan de la vida pastoril que durante siglos fue el sustento de estas tierras. Conviene recordar que son fincas de trabajo: mejor no saltar paredes ni abrir portillos porque “parece que no hay nadie”.
La observación de aves esteparias es otra actividad interesante en la zona, donde especies como la alondra o la cogujada son habituales, y con suerte se pueden ver otras aves propias de campos abiertos. No hay observatorios ni miradores preparados: toca madrugar, llevar prismáticos y paciencia.
La gastronomía local, aunque no cuenta con restaurantes en el propio pueblo, se puede degustar en localidades cercanas de la comarca. Los platos típicos sorianos se repiten con gusto: cordero asado, migas del pastor, embutidos artesanos y setas en temporada. El torrezno, ese manjar de panceta crujiente, es casi una institución en toda la provincia y no falta en los bares de los pueblos grandes cercanos.
Para los interesados en la micología, los pinares y encinares de la zona ofrecen buenas posibilidades en otoño, aunque siempre con el conocimiento adecuado y respetando la normativa local. Aquí no se va “a por bolsas”, se va a por unas pocas setas bien escogidas.
Fiestas y tradiciones
Como en muchos pueblos pequeños de Castilla, el calendario festivo de Bliecos se concentra en las celebraciones estivales, cuando algunos antiguos residentes regresan para las vacaciones. Las fiestas se organizan con lo que hay y con quienes están: un año puede haber más ambiente y otro ser todo más discreto.
La festividad de San Pedro, patrón del pueblo, se celebra a finales de junio, aunque la programación depende mucho del número de residentes y visitantes cada año [VERIFICAR]. Son celebraciones sencillas, con misa tradicional y comida popular, donde se mantiene vivo el espíritu comunitario. Si coincides, lo habitual es que te integren sin problema, siempre que vayas con respeto.
Información práctica
Bliecos se encuentra a unos 45 kilómetros al noroeste de Soria capital. Para llegar, hay que tomar la carretera N-111 en dirección a Valladolid y desviarse hacia el norte por carreteras provinciales que atraviesan el Campo de Gómara. El acceso se realiza por carreteras secundarias en buen estado, aunque conviene consultar las condiciones en invierno y tener en cuenta que si nieva o hiela, aquí se nota: no es carretera comarcal de paso, sino final de trayecto.
No hay gasolinera en el pueblo ni servicios básicos, así que es buena idea llenar el depósito y hacer compra antes, en la capital o en alguno de los núcleos más grandes de la comarca.
No hay alojamientos en el propio pueblo, por lo que conviene buscar hospedaje en localidades cercanas como Gómara o en la propia capital soriana. Es recomendable llevar provisiones si se planea pasar el día, así como respetar escrupulosamente el entorno y las propiedades privadas: las pistas son de uso agrícola y ganadero, no un circuito para 4x4.
Cuándo visitar Bliecos
La mejor época para visitar Bliecos suele ser desde mayo hasta octubre, evitando los meses más fríos cuando las temperaturas pueden ser muy rigurosas y el viento corta la cara. El verano, pese al calor, tiene noches frescas y jornadas largas que dan mucho juego para caminar a primera hora o al atardecer. La primavera temprana regala paisajes verdes poco habituales en estas parameras, y el otoño aporta buenos colores y, algunos años, setas.
En invierno el pueblo tiene su encanto áspero, pero hay días en los que no apetece ni bajar del coche si sopla el cierzo y el termómetro se queda bajo cero todo el día. Si te atrae esa cara más dura de la meseta soriana, ve muy abrigado y con el plan claro: paseo corto, foto, charla si coincide alguien y vuelta al calor.
Lo que no te cuentan
Bliecos se ve rápido: en una hora has caminado las calles, rodeado la iglesia y salido por algún camino. El “truco” está en no venir con prisa, sino combinarlo con otros pueblos del Campo de Gómara o con una ruta más amplia por la provincia.
Las fotos de amaneceres y cielos limpios entran solas, pero no te esperes un casco histórico restaurado de postal. Es un pueblo vivido, con casas arregladas al lado de corrales caídos y huertas abandonadas. Si entiendes eso como parte del paisaje, lo disfrutarás mucho más.