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sobre Candilichera
Municipio agrícola cercano a la capital en terreno llano
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En el corazón de la comarca de Campo de Gómara, donde las llanuras castellanas comienzan a ondularse en suaves colinas, se encuentra Candilichera, una pequeña aldea soriana que resiste al paso del tiempo con la dignidad de los pueblos de la España interior. Con apenas un centenar de habitantes y situada a más de mil metros de altitud, esta localidad representa bien la Castilla rural, esa que conserva el ritmo pausado de las estaciones y el sabor de lo auténtico, pero donde tampoco hay grandes monumentos ni servicios turísticos. Aquí se viene a ver cómo es un pueblo vivo de la meseta, sin maquillaje.
El nombre de Candilichera evoca antiguos pobladores y caminos olvidados. Pasear por sus calles es adentrarse en un paisaje donde el silencio se convierte en protagonista, roto únicamente por el viento que baja de las parameras y el murmullo de sus escasos vecinos. La piedra dorada de sus construcciones tradicionales se funde con el ocre de los campos circundantes, creando una paleta de colores que cambia con las estaciones: verde intenso en primavera, dorado en verano, tierra en otoño y gris plateado en invierno. Si vienes de ciudad, llama la atención lo rápido que se acaban las casas y empiezan los campos.
A pesar de su reducido tamaño, Candilichera puede interesar al viajero curioso que busca tranquilidad, caminar sin prisas por callejuelas sencillas y sentir cómo el tiempo se desacelera. Eso sí: el pueblo se recorre rápido y la visita suele encajar mejor como parte de una ruta por otros pueblos del Campo de Gómara.
Qué ver en Candilichera
El patrimonio de Candilichera es modesto pero representativo de la arquitectura rural soriana. La iglesia parroquial, con su torre de piedra, preside el conjunto urbano. Como en muchos pueblos de la comarca, el templo conserva elementos que hablan de siglos de historia, con una construcción que refleja las distintas épocas de prosperidad y dificultades que ha atravesado la localidad. No esperes grandes retablos ni visitas guiadas: es una iglesia de pueblo, sobria y funcional. Según la época, la encontrarás abierta o cerrada, así que conviene no dar nada por hecho.
El urbanismo tradicional de Candilichera merece una atención especial si te interesa cómo se han organizado siempre los pueblos agrícolas. Las casas de piedra y adobe, con sus características fachadas de mampostería y sus portones de madera, configuran un entramado urbano que ha permanecido prácticamente inalterado durante generaciones. Algunas construcciones conservan antiguos corrales y bodegas excavadas en la roca, testimonio de una economía agropecuaria que durante siglos fue el sustento de sus habitantes. Parte del caserío está restaurado y otra parte muestra el desgaste lógico de un pueblo pequeño y envejecido, con casas cerradas y tejados vencidos.
El entorno natural es uno de los puntos fuertes. Desde los alrededores del pueblo se abren vistas panorámicas sobre los campos cerealistas que caracterizan esta zona de Soria. Los caminos rurales que parten desde el municipio permiten adentrarse en un paisaje de páramos y cultivos donde la fauna silvestre encuentra refugio: es posible observar aves rapaces, liebres y otras especies propias de la meseta castellana, especialmente si caminas en silencio y a primeras horas del día. No hay miradores acondicionados ni bancos de diseño; es campo a secas.
Qué hacer
Candilichera es un buen punto de partida para el senderismo tranquilo. Los caminos agrícolas y las antiguas vías pecuarias que atraviesan el término municipal ofrecen rutas sencillas, sin grandes desniveles, aptas para quien esté acostumbrado a caminar un par de horas. No están señalizadas como rutas turísticas, así que conviene llevar mapa, GPS o tener claro el recorrido antes de salir. Si te sales de las pistas principales en época de lluvias, el barro puede complicar la marcha.
La observación del cielo nocturno es otra actividad recomendable. La ausencia de contaminación lumínica convierte las noches de Candilichera en un buen lugar para ver estrellas, especialmente en las noches despejadas de verano, cuando la Vía Láctea se aprecia con claridad. No hay miradores oficiales ni observatorios, basta con alejarse un poco del casco urbano y dejar que los ojos se acostumbren a la oscuridad. En invierno, la sensación de frío limita bastante el rato que apetece estar fuera.
Los amantes de la gastronomía tradicional encontrarán en la zona los sabores habituales de la cocina soriana: cordero asado, guisos de cuchara, migas del pastor y productos de la matanza. Aunque Candilichera no cuenta con restauración propia, los pueblos cercanos de la comarca suelen tener bares o restaurantes donde probar estos platos. Conviene informarse antes y, si vas fuera de verano o fines de semana, llamar para confirmar horarios [VERIFICAR]. Llevar algo de picoteo en el coche ahorra disgustos.
La fotografía rural también tiene su hueco. Los cambios de luz sobre los campos, las texturas de las fachadas de piedra y los pequeños detalles arquitectónicos dan juego, sobre todo al amanecer y al atardecer. Es un escenario sobrio: carreteras solitarias, eras, muros de piedra y nubes sobre la meseta. Si esperas cascos históricos muy rematados, aquí el atractivo va más por lo austero que por lo pintoresco.
Fiestas y tradiciones
Como la mayoría de pueblos sorianos, Candilichera celebra sus fiestas patronales durante el verano, normalmente en agosto, cuando los emigrados regresan al pueblo y la población se multiplica. Estos días festivos mantienen tradiciones como la misa solemne, las procesiones y los bailes populares que convocan a vecinos de localidades cercanas. No es una fiesta pensada para turistas, sino un reencuentro de la gente del pueblo, con programa sencillo y mucho rato de bar y de calle.
La Semana Santa se vive con recogimiento, con celebraciones que conservan la solemnidad de la liturgia tradicional. Estas fechas permiten apreciar un tipo de religiosidad discreta y muy ligada al calendario agrícola. No esperes grandes procesiones ni pasos espectaculares, es todo mucho más doméstico.
Cuándo visitar Candilichera
La primavera (mayo-junio) suele ser el momento más agradecido: campos verdes, días largos y temperaturas suaves. El cambio con respecto al verano es enorme; en estas semanas se entiende mejor la expresión “mar de cereal”. El verano permite disfrutar de las fiestas patronales y de atardeceres muy largos, aunque las temperaturas pueden ser elevadas durante el día y el sol cae a plomo en los caminos.
El otoño trae tonos ocres y cielos limpios, con mañanas frescas que se agradecen para caminar. El invierno es frío, con heladas frecuentes y sensación térmica baja por el viento: solo recomendable si te llevas bien con el frío y buscas soledad. Algún día puede nevar y las carreteras secundarias se vuelven menos cómodas de conducir.
Si llueve o hace mal tiempo, el margen de actividades se reduce bastante: no hay museos ni espacios cubiertos, más allá de la propia iglesia si está abierta. En jornadas así, Candilichera encaja más como parada breve dentro de una ruta en coche.
Errores típicos al visitar Candilichera
- Esperar un pueblo monumental: Candilichera es pequeño y sencillo. Se ve rápido. El interés está en el conjunto, el silencio y el paisaje, no en un gran edificio concreto.
- Pensar que hay servicios turísticos: no hay bares, restaurantes ni tiendas pensadas para visitantes. Lleva agua, algo de comida y el depósito de gasolina resuelto desde Soria u otro núcleo mayor.
- Subestimar el clima: en pleno verano el sol castiga en los caminos y en invierno el frío se mete en los huesos. Ropa adecuada, gorra en verano y abrigo serio en invierno.
- Llegar tarde y con prisas: al ser un pueblo pequeño, si solo paras a última hora del día, apenas te dará tiempo a pasear y poco más. Mejor encajarlo con algo de margen para caminar por los alrededores.
Lo que no te cuentan
Candilichera, por sí sola, da para una visita corta: un paseo por el casco urbano, un rato de fotos y una caminata por los alrededores. Funciona mejor como parada dentro de una ruta por el Campo de Gómara que como destino para pasar varios días seguidos. Para una escapada larga conviene combinarla con Soria capital y otros pueblos de la comarca.
Las fotos de campos verdes suelen corresponder a unas pocas semanas de primavera. El resto del año predominan los tonos dorados o pardos, con una estética más seca y dura que a mucha gente le cuesta imaginar cuando mira solo las imágenes promocionales. Si te atrae esa sobriedad castellana, Candilichera encaja bien; si buscas un pueblo “de postal” muy arreglado, aquí el protagonismo lo tienen el cielo y los campos.