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sobre Cihuela
Localidad fronteriza con Aragón dominada por las ruinas de su castillo roquero
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En el corazón de la comarca del Campo de Gómara, a unos 840 metros de altitud, Cihuela es uno de esos pueblos mínimos que Soria guarda con discreción. Con unos 35 habitantes censados, este municipio representa bien lo que ha pasado en buena parte de la provincia: mucha gente que se fue, poca que se quedó y, aun así, un pueblo que sigue vivo, aunque sea a base de fines de semana, puentes y verano.
Las casas de piedra y adobe se agrupan en torno a unas pocas calles donde suele reinar el silencio, roto por algún tractor, un perro que ladra a quien pasa o el viento seco de la meseta. Aquí no hay grandes monumentos ni una lista interminable de cosas que ver como si fuera una ciudad histórica: el interés está, sobre todo, en entender la escala real de un pueblo de la España interior hoy.
La vida en Cihuela transcurre a un ritmo pausado, muy alejado de las prisas urbanas. El paisaje del Campo de Gómara se muestra tal cual: campos de cereal que cambian de color con las estaciones, horizontes amplios y un cielo que de noche se llena de estrellas. Es un sitio para quien busca calma de verdad y no necesita mucho más que caminar, mirar y respirar, sabiendo que va a encontrar un pueblo muy pequeño y muy silencioso.
Visitar Cihuela es hacer un ejercicio de turismo consciente: asumir que vienes a un pueblo con muy pocos servicios, pero con una forma de vida que todavía resiste en las tierras del Duero.
Qué ver en Cihuela
El patrimonio de Cihuela es humilde pero tiene interés si te gusta fijarte en los detalles. La iglesia parroquial preside el núcleo urbano, como en tantos pueblos castellanos. Su arquitectura, con mampostería de piedra sencilla, es un ejemplo de construcción religiosa popular soriana. No esperes retablos espectaculares ni grandes obras de arte, pero sí un edificio que ha sido durante décadas el principal punto de reunión del pueblo.
Pasear por las calles de Cihuela es, en realidad, lo más relevante. Las casas de piedra y adobe, con chimeneas cilíndricas, corrales y portones de madera, forman un conjunto etnográfico que ayuda a entender cómo se construía y se vivía aquí cuando el cereal y el ganado marcaban el calendario. Verás casas arregladas y otras medio caídas; ambas cuentan la misma historia, solo en fases distintas.
El verdadero protagonista de Cihuela es su entorno natural. Los campos que rodean el pueblo ofrecen una paleta de colores que varía según la temporada: verdes en primavera, dorados intensos en verano, ocres en otoño y tonos pardos en invierno. Los caminos rurales que parten desde el casco urbano permiten adentrarse en este paisaje de meseta, apto para observar aves esteparias y, sobre todo, para hacerse una idea clara de lo que significa vivir en un sitio donde el horizonte casi no tiene obstáculos.
Qué hacer
Cihuela es un lugar tranquilo, de ritmo bajo. Aquí las actividades giran en torno al paseo y la observación. Los aficionados al senderismo tienen a su disposición numerosos caminos agrícolas y ganaderos para recorrer el Campo de Gómara a pie o en bicicleta. Son rutas sin gran dificultad técnica ni desnivel, pero conviene no confiarse con el clima: en verano el sol pega fuerte y casi no hay sombras, y en invierno el frío y el viento se hacen notar.
La fotografía de paisaje tiene aquí un buen campo de pruebas: amaneceres y atardeceres sobre los cereales, cielos amplios y nubes que se ven venir desde lejos. De noche, la escasa contaminación lumínica convierte los alrededores del pueblo en un buen sitio para iniciarse en la astrofotografía o simplemente para tumbarse a mirar estrellas.
Quien tenga interés por la etnografía rural encontrará en Cihuela un ejemplo muy claro de pueblo cerealista soriano: arquitectura funcional, calles pensadas más para el tránsito de animales y maquinaria que para el paseo turístico y un urbanismo adaptado al clima. Si surge conversación con algún vecino, es la mejor manera de entender cómo ha cambiado todo en pocas décadas y cómo se organiza hoy la vida entre gente mayor, segundas residencias y campo.
La gastronomía local gira en torno a productos de la tierra: legumbres, cordero, embutidos caseros, guisos contundentes y las migas castellanas. En el propio pueblo no hay bares ni restaurantes, así que lo habitual es comer en localidades cercanas o llevar algo preparado y aprovechar alguna zona tranquila para hacer un bocadillo o un picnic sencillo, siempre con respeto al entorno y sin dejar basura.
Fiestas y tradiciones
Como en muchos pueblos pequeños de Soria, las fiestas son el momento del año en el que el pueblo “se llena” y vuelven quienes se marcharon. Las fiestas patronales se celebran en verano, generalmente en agosto, cuando el tiempo permite actividades al aire libre y coinciden las vacaciones.
Son fiestas modestas, adaptadas a la realidad de un municipio con muy poca población fija, pero mantienen el esquema clásico: actos religiosos, actividades populares y muchas ganas de conversación atrasada. Más que un evento pensado para el visitante, funcionan como un reencuentro de la propia comunidad.
Si te acercas en esas fechas, conviene hacerlo con discreción y sentido común: es fácil que todo el mundo se conozca y se note quién es de fuera.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Soria capital, situada a unos 25 kilómetros, se llega a Cihuela por la N-111 en dirección a Ágreda y tomando después el desvío hacia la SO-615. El trayecto ronda la media hora en coche. Es muy recomendable llevar vehículo propio: el transporte público en la zona es escaso y con horarios poco prácticos.
Consejos básicos:
En Cihuela prácticamente no hay servicios: no cuentes con tienda, bar ni farmacia. Conviene llevar agua, algo de comida y el depósito de combustible razonablemente lleno. El alojamiento, si se necesita, hay que buscarlo en pueblos de la comarca como Gómara o en la propia Soria. Respeta las propiedades privadas, las fincas de labor y el descanso de los vecinos: es un lugar habitado, no un decorado, y el ruido se oye más de lo que parece.
Cuándo visitar Cihuela
La primavera (abril–mayo) y el otoño (septiembre–octubre) son los momentos más agradables para pasear: temperaturas moderadas y paisaje más variado, con los campos en verde o recién cosechados.
En verano el calor puede ser intenso en las horas centrales del día, pero las noches suelen ser frescas y agradables. Es buena época si se madruga para caminar y se reserva la tarde para sombras y conversación tranquila. Coincide también con el momento en que el pueblo tiene más vida.
El invierno es frío y puede resultar duro para quien no esté acostumbrado: heladas, viento y días cortos. A cambio, muestra la cara más austera de la meseta, con una belleza más seca y silenciosa. Si vas en esta época, lleva ropa de abrigo seria, no solo un forro polar “por si acaso”.
Lo que no te cuentan
Cihuela es un pueblo muy pequeño y se recorre rápido. En una mañana está visto sin prisas. No es un destino para pasar varios días, sino una parada tranquila dentro de una ruta por el Campo de Gómara o por la provincia de Soria. Si llegas esperando un casco histórico monumental, un centro “bonito” para pasear o muchas actividades organizadas, te decepcionará.
Las fotos de campos interminables son reales, pero hay que entenderlas como lo que son: paisaje agrícola, no “naturaleza salvaje”. La gracia está en esa mezcla de realidad rural actual y memoria de lo que fue, no en un decorado preparado para el turismo. Hay eras, caminos y bordes de parcelas que se pueden recorrer, pero la mayor parte del terreno son fincas privadas en explotación: conviene no salirse de los caminos.
Errores típicos al visitar Cihuela
- Esperar demasiado de un pueblo tan pequeño: si planteas el viaje como si fueras a una villa histórica, saldrá mal. Si lo integras en una ruta más amplia por Soria, encaja mejor.
- Confiarse con el clima de la meseta: en verano, salir a caminar a mediodía es mala idea; en invierno, el frío cala más de lo que marcan los grados por el viento.
- Olvidar la logística básica: llegar sin agua, sin comida y con el depósito bajo obliga luego a hacer kilómetros buscando lo que podrías haber traído desde Soria o desde otro pueblo mayor.
- Entrar en fincas o corrales privados “porque parece que no vive nadie”: aunque no se vea movimiento, muchas propiedades siguen en uso; mejor preguntar o mantenerse en los caminos.