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sobre Pozalmuro
Pueblo con puente romano y tradición minera antigua
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Hay pueblos que no aparecen en la carretera, se insinúan. Pozalmuro es de esos. Conduces por una recta interminable del Campo de Gómara, solo campos y cielo, y de pronto un grupo de tejados se recorta contra el horizonte. No te has equivocado de desvío; es el pueblo. Menos de cincuenta personas viven aquí todo el año, y se nota. El ritmo lo marca el frío en enero, el calor en julio y la siega cuando toca.
No vengas buscando un bar con terraza o una tienda de souvenirs. Aquí lo que hay son portones de madera vieja, muros de piedra que han visto pasar décadas y ese silencio peculiar de los sitios donde el coche es un evento. Si acabas en Pozalmuro, probablemente no sea por casualidad, sino porque quieres ver cómo se vive en la llanura soriana cuando el turismo ni siquiera es una palabra conocida.
Un paisaje sin concesiones
Lo que rodea a Pozalmuro es pura esencia del Campo de Gómara: cereal hasta donde se pierde la vista. No hay montañas que rompan la línea, ni bosques que den sombra. Es tierra llana, caminos terrosos y un cielo que ocupa casi todo.
En invierno, el cierzo atraviesa la ropa. En verano, el sol pega duro sobre los sembrados. Pero queda quedarse al atardecer, cuando la luz se vuelve dorada y los colores del campo se apagan lentamente. El paisaje se transforma.
Para quien le interese mirar al cielo, estos campos abiertos son territorio de rapaces. Aguilillas calzadas, algún milano real surcando el aire… Es más fácil verlas aquí que en muchos sitios con más nombre.
Media hora por sus calles
Pozalmuro no da para un plano turístico. Con media hora a pie lo has visto todo, y eso es parte de su verdad.
La iglesia de Santa María la Mayor preside el pueblo. Es un edificio sobrio, con esa mezcla de estilos que tienen los templos rurales cuando se arreglan con lo que hay. La piedra está gastada en las esquinas. No cuentes con encontrarla abierta; lo normal es verla desde fuera.
De allí salen las calles principales: Calle Mayor, Calle Real. Casas de adobe y piedra, corrales cerrados con candado, alguna fachada restaurada por quienes vuelven en temporada. Otras van cerrando ventanas para siempre. Pasear aquí no tiene guía ni ruta señalizada; simplemente caminas y ves cómo es un pueblo cuando no está preparado para ti.
Los caminos del cereal
Si te apetece andar más allá del casco urbano, salen varios caminos agrícolas desde las últimas casas. No son rutas de senderismo oficiales; son las vías por donde pasan los tractores.
Algunos llevan a aldeas cercanas como Bujalapadilla o Los Llanos. Son trayectos largos, expuestos al sol y al viento sin un árbol a la vista. Lleva agua si sales a andar.
Pero si lo tuyo es la fotografía de paisajes despejados, aquí encuentras material: naves aisladas en medio del campo, rastrojos dorados después de la cosecha, horizontes infinitos al atardecer.
Comer y dormir: planifica fuera
En Pozalmuro no hay dónde sentarte a comer un plato combinado ni dónde dormir salvo que tengas contacto con algún particular. Es así.
Para comer algo tendrás que ir a localidades algo mayores como Gómara o directamente a Soria capital. La cocina por aquí sigue siendo la tradicional: guisos potentes, productos de matanza casera y pan hecho en horno de leña cuando hay ocasión.
Fiestas: cuando vuelve la gente
La vida social intensa en Pozalmuro ocurre principalmente en verano durante sus fiestas patronales dedicadas a Santa María (suelen coincidir con agosto). Es cuando regresan familias enteras que viven fuera durante el año.
Se organizan actos religiosos sencillos —una misa solemne— y actividades populares como juegos infantiles o reuniones en la plaza mayor alrededor del vermú o una cena comunitaria (si tienes suerte). No esperes cartel ni programación turística; esto es para los vecinos (y para quien quiera sumarse desde el respeto).
¿Parar o seguir?
Pozalmuro no es un destino final ni tiene monumentos espectaculares para justificar un viaje expreso desde lejos.
Pero si estás recorriendo esta comarca soriana —el Campo de Gómara tiene su propia personalidad— parar aquí media hora tiene sentido das una vuelta a pie sientes ese viento constante que define la meseta ves cómo resisten estos núcleos mínimos Y te vas con una imagen bastante honesta del lugar Sin florituras