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sobre Renieblas
Cerca de las ruinas de los campamentos romanos de Numancia
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A primera hora, cuando el viento todavía baja frío desde la llanura, Renieblas suena a madera y metal: el golpeteo seco de una persiana, alguna puerta que se abre despacio, las campanas marcando la mañana con un eco corto. La iglesia parroquial, levantada con piedra caliza clara y algo rugosa, queda junto a la plaza. Su campanario de madera, ligeramente torcido, se nota enseguida porque rompe la línea recta de los tejados. Desde aquí una calle en cuesta se escapa hacia los campos. Al fondo empieza el Campo de Gómara, una extensión de cereal que cambia de color según el mes.
Renieblas está a poco más de mil metros de altitud y muy cerca de Soria capital, apenas unos kilómetros por carretera. El pueblo es pequeño —poco más de un centenar de vecinos— y el ritmo se nota enseguida: calles tranquilas, pocas sombras altas y mucho cielo abierto. Pero el terreno que lo rodea guarda algo que no se aprecia a simple vista: varios campamentos romanos relacionados con el asedio a Numancia en el siglo II a. C.
Los campamentos romanos alrededor de Renieblas
Al salir del pueblo, los caminos agrícolas atraviesan suaves ondulaciones de tierra. A simple vista parecen campos normales, con ribazos de piedra y alguna encina aislada. Sin embargo, en varios puntos de estas lomas se identificaron los campamentos que levantaron las legiones romanas durante el cerco a Numancia.
No hay murallas reconstruidas ni centros de interpretación en medio del campo. Lo que queda son líneas en el terreno, cambios en la vegetación, restos de fosos o taludes que se reconocen mejor con planos o información previa. Los arqueólogos han documentado varios recintos militares en la zona, algunos de gran tamaño, distribuidos de forma que rodeaban la ciudad celtibérica.
Conviene ir con algo de contexto antes de acercarse. Sin esa referencia es fácil caminar por encima de uno de los campamentos sin darse cuenta. Por eso mucha gente combina la visita con el yacimiento de Numancia, que está a pocos kilómetros y ayuda a entender qué ocurrió en toda esta llanura.
El pueblo: piedra, adobe y silencio
Dentro del casco urbano, Renieblas conserva la arquitectura habitual de esta parte de Soria: muros gruesos de piedra o adobe encalado, portadas sencillas y patios interiores protegidos del viento. En algunas fachadas todavía se ven escudos de piedra bastante gastados y puertas de madera oscurecida por los años.
La plaza funciona como pequeño cruce de caminos. Desde aquí salen varias calles cortas que enseguida terminan en huertos, corrales o caminos rurales. No es un lugar de paseo largo, más bien de caminar despacio y fijarse en los detalles: una reja antigua, un banco al sol en invierno, el sonido de algún tractor que entra o sale del pueblo.
El paisaje del Campo de Gómara
Desde casi cualquier punto alto del pueblo se ve el Campo de Gómara extendiéndose en todas direcciones. Es un paisaje muy abierto. En primavera los campos de cereal se vuelven de un verde intenso y el viento los mueve como si fueran agua. En verano el color pasa a dorado y el calor aprieta al mediodía, aunque al caer la tarde suele refrescar.
La línea del horizonte es limpia: pocas arboledas, alguna granja aislada y kilómetros de tierra cultivada. En otoño el terreno se vuelve más ocre y el cielo suele aparecer cargado de nubes bajas que avanzan rápido con el viento.
Ese viento es parte del carácter del lugar. Sopla con frecuencia, sobre todo en invierno y a principios de primavera, y puede hacer que la sensación térmica baje bastante aunque el sol esté fuera.
Caminos entre campos
Los alrededores de Renieblas se recorren por caminos agrícolas anchos y bastante rectos. Muchos enlazan con otros pueblos de la comarca, como Villasayas o La Higuera, siguiendo trazados que llevan siglos utilizándose para mover ganado, grano o maquinaria.
Si se quiere buscar los restos romanos, lo mejor es salir andando o en bici por estos caminos y tomarse tiempo para orientarse. El terreno es abierto y no hay demasiada sombra, así que en verano conviene evitar las horas centrales del día y llevar agua.
La cercanía con Numancia permite completar la jornada con una visita al yacimiento y al museo de Soria, donde se conservan piezas encontradas en toda la zona y se explica con más detalle cómo fue el asedio romano.
Cuándo acercarse a Renieblas
Las épocas más agradables suelen ser primavera y principios de otoño. En mayo y junio el cereal está alto y el paisaje se vuelve muy vivo; en septiembre y octubre el campo empieza a cambiar de color y las temperaturas son más suaves.
El invierno puede ser duro. No es raro encontrar escarcha por la mañana y los caminos pueden estar helados en las zonas más sombrías. Si vienes en esa época, mejor llevar calzado con buena suela y contar con que el viento hará que el frío se note más.
En verano el calor aprieta a partir del mediodía, pero las noches suelen ser frescas gracias a la altitud. Dormir con la ventana abierta, escuchando solo el viento y algún perro a lo lejos, sigue siendo bastante habitual aquí.
Nota: Las fiestas del pueblo suelen celebrarse en agosto. Durante esos días el ambiente cambia: llegan familiares que viven fuera, se montan verbenas y la plaza vuelve a llenarse de gente, algo que el resto del año ocurre solo a ratos.