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sobre Villar del Campo
Pequeña localidad agrícola
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En las amplias extensiones de la comarca de Campo de Gómara, donde la meseta soriana se estira en un mosaico de cereales y cielos abiertos, Villar del Campo es uno de esos pueblos mínimos que explican bien por qué aquí se habla tanto de la España vacía. Con apenas una treintena de habitantes censados y encaramado a más de mil metros de altitud, este núcleo rural es un ejemplo claro de la Soria despoblada de la que se habla en los informes, que sobre el terreno se traduce en silencio, tiempo lento y mucha tierra de labor.
Llegar hasta aquí es, más que “hacer turismo”, asomarse a un modo de vida que se resiste a desaparecer. El silencio manda y la arquitectura popular de piedra y adobe cuenta, sin alardes, siglos de historia agraria. Las construcciones tradicionales, adaptadas al clima continental duro de estas tierras, se agrupan en torno a unas pocas calles que se recorren en un rato, sin prisas y sin necesidad de mapa.
El paisaje circundante, típicamente castellano, ofrece horizontes amplios que cambian de color según la estación: dorados en verano tras la cosecha, verdes en primavera cuando los campos reverdecen y tonos ocres en otoño. Es una belleza sobria, muy alejada de los circuitos turísticos masivos, que atrae a un tipo de viajero que sabe a lo que viene: calma, aire limpio y poco más.
¿Qué ver en Villar del Campo?
El principal interés de Villar del Campo está en su conjunto urbano tradicional, muy en la línea de otros pueblos del Campo de Gómara. La iglesia parroquial preside el caserío con su silueta sencilla, ejemplo de arquitectura religiosa rural castellana, sin grandes alardes pero bien integrada en el entorno.
Paseando por sus calles, conviene fijarse en las construcciones tradicionales en piedra, con portadas adinteladas y muros de mampostería que han aguantado décadas de inviernos gélidos y veranos secos. Algunas viviendas conservan elementos como antiguos potros de herrar o corrales, que recuerdan el peso que tuvo la ganadería en la economía local.
El entorno natural que rodea la localidad es, en realidad, agrícola: meseta cerealista en todas direcciones, salpicada de pequeñas lomas y atravesada por caminos rurales. Desde varios puntos cercanos al pueblo se obtienen panorámicas amplias del Campo de Gómara, especialmente al atardecer, cuando la luz rasante del sol realza el relieve mínimo del paisaje.
Qué hacer
Villar del Campo tiene un turismo muy concreto: quien viene busca silencio, horizontes y caminar sin complicarse la vida. No hay una lista larga de actividades, y eso forma parte del atractivo para algunos.
El senderismo suave es lo más agradecido. Desde el pueblo parten caminos rurales y sendas que recorren los campos cercanos, permitiendo descubrir antiguas fuentes, encrucijadas de caminos históricos o pequeños altos desde los que se ve buena parte de la comarca. Una caminata circular, sencilla, permite rodear el término municipal en unas dos horas, a ritmo tranquilo y sin desniveles serios.
Para quien tenga algo de paciencia, la observación de aves esteparias es un punto a favor: en estos campos cerealistas se pueden ver especies como la alondra, la cogujada o el escribano, sobre todo si se madruga o se sale cerca del atardecer, siempre respetando caminos y cultivos. El cielo limpio y la escasa contaminación lumínica hacen que, en noches despejadas, la observación astronómica resulte muy agradecida: se ven bien las constelaciones clásicas y la Vía Láctea en verano.
En cuanto a gastronomía tradicional, la zona trabaja productos de tierra adentro: legumbres, miel, embutidos y cordero de mucha calidad. Lo habitual es desplazarse a localidades cercanas algo mayores para sentarse a comer y probar platos sorianos como el cordero asado, las migas del pastor o la caldereta.
Fiestas y tradiciones
Como pequeño núcleo rural, Villar del Campo mantiene vivas algunas celebraciones que giran sobre todo en torno al verano, cuando regresan quienes emigraron. Las fiestas patronales se celebran en esos meses, habitualmente entre julio y agosto [VERIFICAR], con actos religiosos, comidas populares y bailes que sirven de excusa para juntar a vecinos y gente vinculada al pueblo.
El calendario festivo sigue aún, en parte, el ritmo agrícola y religioso castellano, con celebraciones como San Antón en enero o romerías en primavera [VERIFICAR]. El censo reducido hace que algunos de estos actos se hayan ido simplificando, pero sigue habiendo voluntad de mantenerlos mientras haya gente.
Información práctica
Cómo llegar: Villar del Campo se encuentra a unos 35 kilómetros al este de Soria capital. El acceso se realiza por la carretera N-122 en dirección Ágreda y, desde allí, por carreteras locales que atraviesan el Campo de Gómara. El trayecto desde Soria suele rondar los 35-40 minutos en coche, según el tráfico y el estado de la vía.
Mejor época para visitar:
La primavera (mayo-junio) es cuando el paisaje luce más: campos verdes, temperaturas razonables y días cada vez más largos. El otoño (septiembre-octubre) tiene muy buena luz y suelos ya cosechados, con menos calor. El verano es caluroso, pero seco; las mejores horas para pasear son primera hora de la mañana y últimas de la tarde. El invierno puede ser duro: frío fuerte, viento y posibles heladas o nevadas, pero quien disfrute de paisajes desnudos y cielos limpios lo valora.
Consejos prácticos:
Dado el tamaño del municipio, conviene contar con alojamiento en pueblos cercanos o en Soria capital. No está de más traer agua, algo de comida y ropa de abrigo casi todo el año, salvo en pleno verano. La cobertura móvil puede fallar según la compañía, así que mejor no fiarlo todo al GPS del teléfono y, si vas a andar, tener claro el recorrido.
Lo que no te cuentan
Villar del Campo es muy pequeño y se ve rápido. El paseo por el casco y alrededores inmediatos se hace en poco más de una hora; el resto del tiempo depende de lo que te apetezca caminar o simplemente estar. Es más una parada dentro de una ruta por la comarca que un destino para varios días.
Las fotos de campos infinitos y atardeceres pueden llevar a pensar en un paisaje muy variado. No lo es: es una llanura cerealista, abierta y repetitiva, que gusta mucho a quien aprecia esa sobriedad, pero puede decepcionar a quien venga buscando bosques, ríos o montañas. Aquí el plan es otro: mirar lejos, bajar revoluciones y poco más.
Cuándo visitar Villar del Campo
Si solo tienes 1–2 horas: Paseo corto por el pueblo, entrada a la iglesia si está abierta y subida a alguno de los caminos que salen hacia las afueras para tener una vista amplia del Campo de Gómara. Buen momento también para simplemente sentarse en silencio y escuchar el pueblo.
Si tienes el día entero: Combina Villar del Campo con otros pueblos cercanos del Campo de Gómara y, si te gusta andar, enlaza varios caminos rurales para hacer una ruta más larga entre términos municipales. Deja la última hora de la tarde para ver la puesta de sol desde los alrededores del pueblo.
Errores típicos:
- Venir pensando en una agenda llena de visitas y actividades: aquí el ritmo es otro y se acaba el “qué ver” rápido.
- Pasarse en pleno invierno sin abrigo serio ni gorro: el viento en la meseta corta más de lo que parece desde el coche.
- Confiar en encontrar servicios de bar, tienda o alojamiento en el propio pueblo: lo normal es tener que desplazarse a núcleos mayores, así que conviene llegar con esto previsto.