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sobre Peñafiel
Cuna de la Ribera del Duero vallisoletana; famosa por su castillo en forma de barco y su plaza del Coso
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Desde la distancia, el perfil del castillo de Peñafiel se recorta contra el cielo de la meseta castellana como la quilla de un barco de piedra navegando entre viñedos. Esta villa vallisoletana de unos 5.000 habitantes, situada a 754 metros de altitud en el corazón de la Ribera del Duero, es uno de esos lugares donde la historia se palpa en muchos rincones y el vino se respira en el aire.
Peñafiel concentra bastante bien la esencia de la Castilla interior: fortaleza en lo alto, barrio histórico al abrigo del cerro y una cultura vitivinícola que ha marcado la vida de la comarca durante generaciones. Pasear por su Plaza del Coso, una de las plazas de uso taurino más singulares de España, o ver cómo cae la tarde desde las murallas del castillo son cosas que aquí se hacen sin prisas, con tiempo para mirar y, si toca, abrigarse del aire.
La villa se extiende a ambos lados del río Duratón, que aquí se encuentra con el Duero, configurando un paisaje de páramos y riberas donde el color tierra de los campos contrasta con el verde intenso de los viñedos. Es un sitio bastante claro para quien viene buscando historia, vino y un ritmo más pausado que el de la ciudad, sin esperar un casco monumental interminable ni una oferta urbana.
¿Qué ver en Peñafiel?
El Castillo de Peñafiel es el gran protagonista de cualquier visita. Esta fortaleza de origen al menos bajomedieval, reconstruida en el siglo XV, tiene una forma alargadísima de más de 200 metros que se adapta a la estrecha cresta del cerro donde se asienta. En su interior alberga el Museo Provincial del Vino, un espacio moderno y didáctico que explica la cultura del vino en la Ribera del Duero. Las vistas desde sus torres sobre los viñedos y el valle del Duero justifican por sí solas la subida; en días claros se aprecia bien la estructura de la vega y los páramos, y se entiende de un vistazo por qué aquí se plantó viña y no otra cosa.
En el corazón de la villa, la Plaza del Coso es una rareza arquitectónica con historia. Completamente cerrada y rodeada de casas con balcones de madera, fue concebida como plaza de toros y sigue acogiendo festejos taurinos. Muchas de las viviendas conservan los tradicionales miradores desde los que se ve el ruedo, y el conjunto mantiene bastante bien la atmósfera de plaza vieja castellana. Fuera de fiestas, suele estar tranquila y permite hacerse una idea del uso taurino sin barullo.
El patrimonio religioso de Peñafiel incluye la iglesia de San Pablo, un buen ejemplo de gótico-mudéjar del siglo XIV con un artesonado notable, y la iglesia de Santa María, de estilo románico-mudéjar. El Convento de San Pablo, del siglo XV, muestra la huella franciscana en la villa y conserva un claustro que merece una parada tranquila. No son templos descomunales, pero sí piezas que ayudan a entender el peso que tuvo la villa en la Edad Media y la relación entre poder señorial y religioso.
Conviene reservar un rato para las bodegas tradicionales excavadas en el subsuelo del casco histórico y en los cerros cercanos, algunas con varios siglos de antigüedad. Muchas de ellas organizan visitas guiadas donde se explica, con más tierra y menos márketing, cómo se ha elaborado el vino de la Ribera del Duero antes de que llegaran las grandes marcas. Aquí se ve bien el sistema de galerías subterráneas, la importancia de la temperatura constante y esa mezcla de economía doméstica y vino que ha articulado la vida de muchos pueblos de la zona.
Qué hacer
La visita a bodegas es casi inevitable en Peñafiel. La zona cuenta con numerosas instalaciones, desde bodegas familiares tradicionales hasta complejos enoturísticos de arquitectura vanguardista, que suelen organizar catas, visitas a viñedos y maridajes. Conviene informarse bien antes de ir, porque no todas aceptan visitas espontáneas y muchas funcionan con horarios cerrados. Entre semana fuera de temporada la oferta se reduce, así que mejor no improvisar.
Para quienes disfrutan andando, la ruta del Duratón permite seguir el curso del río y ganar perspectivas distintas del castillo según se avanza. Los campos de viñedos que rodean la villa son también terreno agradecido para caminar entre cepas, sobre todo en otoño, cuando las hojas de las vides cambian de color y el paisaje se vuelve más variado. No son grandes desniveles, pero sí conviene calzado cómodo: es terreno de tierra, polvo en verano y barro si ha llovido.
El Centro de Interpretación del Lechazo, ubicado en la villa, explica la importancia de este producto en la gastronomía de Castilla y León, y ayuda a entender que aquí el lechazo asado no es solo un plato, sino parte de un sistema de ganadería y de vida rural. La cocina local gira en torno al lechazo en horno de leña, las morcillas, las setas de temporada y, por supuesto, los quesos de la zona acompañados de los vinos con Denominación de Origen Ribera del Duero. Si se quiere comer asado en fin de semana o festivos, mejor reservar con tiempo: la fama de la zona no es gratuita.
Quien tenga interés por la historia medieval y la evolución del paisaje agrario puede seguir la Ruta del Vino de la Ribera del Duero, que conecta Peñafiel con otros pueblos y castillos de la comarca, y organizar así un recorrido de varios días con Peñafiel como una de las bases. Recorrerlo ayuda a entender que esto no es un pueblo aislado, sino una pieza más de un corredor histórico ligado al Duero y a la frontera medieval.
Fiestas y tradiciones
Las fiestas patronales en honor a Nuestra Señora y San Roque se celebran en torno al 15 de agosto, con corridas de toros en la Plaza del Coso, verbenas y actividades para distintos públicos. Es cuando la villa está más llena y el carácter del pueblo se percibe con más claridad, para bien y para mal: ambiente, pero también aglomeraciones y precios más altos. Encontrar alojamiento improvisando esos días es complicado.
La Semana Santa se vive con devoción, con procesiones que recorren las calles del casco antiguo, algunas con buenas cuestas que se hacen notar si te toca acompañar. En septiembre, la Fiesta de la Vendimia celebra la recolección de la uva con pisado tradicional, catas y actividades relacionadas con la cultura del vino, un buen momento para ver la comarca en plena faena, con tractores entrando y saliendo de las bodegas.
Durante el año se organizan diversos eventos enoturísticos y gastronómicos que combinan degustaciones, conciertos y visitas culturales, así que, aunque el pueblo no es grande, no se limita solo a la temporada de verano. Eso sí, el calendario puede variar bastante según el año: conviene comprobarlo antes de organizar el viaje [VERIFICAR].
Cuándo visitar Peñafiel
La mejor época para visitar Peñafiel suele ser la primavera (abril-junio), cuando el clima es más suave y el campo está verde, o el otoño (septiembre-octubre), especialmente durante la vendimia, cuando los viñedos cambian de color y hay más movimiento en las bodegas.
En verano hace calor, con días de sol duro y poco árbol donde refugiarse; eso sí, las noches refrescan y permiten pasear con gusto. El invierno es frío, con heladas frecuentes, pero quien busque la meseta desnuda y una Castilla más silenciosa la encontrará aquí sin filtros. En días despejados, el frío seco se lleva bien abrigándose; con niebla, el castillo puede quedar tapado y la visita pierde parte del atractivo.
Si llueve o hace mal tiempo, parte de la visita se resiente porque buena parte del interés del pueblo está en subir al castillo y caminar por el casco antiguo. A cambio, las visitas a bodegas y al Museo del Vino ganan protagonismo y permiten aprovechar el día bajo techo. Eso sí, cuenta con más coche y menos paseo.
Errores típicos al visitar Peñafiel
- Calcular mal los tiempos: el castillo y el museo del vino llevan más rato del que parece, sobre todo si sumas desplazamientos, colas y la subida. Si solo pasas medio día, no intentes meter demasiadas bodegas ni una ruta larga a pie.
- No reservar bodegas: muchas funcionan con cupos y horarios fijos. Presentarse sin reserva, sobre todo en fin de semana o vendimia, suele acabar en paseo por el aparcamiento.
- Subestimar el calor y las cuestas: en verano, subir al castillo a mediodía no es buena idea. Mejor primera hora de la mañana o última de la tarde, con agua y calzado decente.
- Pensar que es una ciudad grande: Peñafiel tiene servicios, pero no es una capital de provincia. Algunos recursos cierran a mediodía o tienen horarios reducidos fuera de temporada; no vayas a última hora confiando en horarios “de ciudad”.
- Esperar un casco histórico enorme: el centro se recorre rápido. La gracia está en combinarlo con entorno, bodegas y paisaje; si vienes pensando en una jornada urbana larga te puede saber a poco.
Si solo tienes…
Si solo tienes 1–2 horas
- Subir al mirador del castillo (aunque no hagas visita completa, según horario) para hacerte una idea del paisaje.
- Bajar a la Plaza del Coso y dar una vuelta por el entorno de las iglesias principales.
No da para mucha más profundidad, pero sí para llevarte una imagen bastante clara de la villa.
Si tienes el día entero
- Mañana para castillo + Museo del Vino con calma.
- Comida de lechazo o cocina local.
- Tarde de paseo por el casco histórico, Plaza del Coso y visita a alguna bodega tradicional o un tramo de la ruta del Duratón.
Con ese plan ves lo esencial sin ir corriendo todo el día.
Lo que no te cuentan
- Se ve más rápido de lo que parece en las fotos: el casco histórico es compacto. El tiempo lo marca más lo que quieras alargar en bodegas y comidas que las distancias dentro del pueblo.
- El acceso al castillo tiene truco: hay carretera hasta arriba, pero en fechas señaladas pueden restringir el tráfico y tocará andar un buen rato cuesta arriba o usar los transportes habilitados [VERIFICAR]. No des por hecho que podrás dejar el coche en la misma puerta.
- Es más base que destino “de semana”: Peñafiel funciona bien como centro para recorrer la Ribera del Duero y los pueblos del entorno. Para una escapada larga, lo razonable es combinarlo con otros castillos, monasterios y rutas de la comarca.