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sobre Castilfrío de la Sierra
Destacado por su castro celtíbero y arquitectura noble de piedra
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A primera hora de la mañana, cuando el sol todavía tarda en saltar por encima de los montes, Castilfrío de la Sierra suena casi vacío. Solo algún perro a lo lejos, el roce del viento entre los pinos y el golpe seco de una puerta de madera al cerrarse. Las casas, de piedra gruesa y tejados oscuros, se agrupan en silencio a más de 1.200 metros de altura. En invierno la nieve suele quedarse varios días pegada a las cunetas y en las umbrías; en verano, en cambio, el aire es seco y huele a resina.
Castilfrío de la Sierra tiene unos 35 habitantes y forma parte de la comarca de Tierras Altas, en el norte de la provincia de Soria. Aquí la vida sigue ligada al monte y al ganado, y eso se nota en los ritmos del pueblo: tractores que pasan despacio, corrales junto a las casas, leña apilada contra las paredes esperando el frío.
Un caserío de piedra adaptado al clima
La arquitectura no busca llamar la atención. Son casas sólidas, levantadas con granito de la zona, balcones de madera oscura y tejados preparados para aguantar nieve y viento. Muchas tienen anexos donde antes se guardaba el ganado o el heno; en algunas todavía se ven pajares y antiguas leñeras.
En medio del caserío se alza la iglesia de San Pedro. El edificio actual parece corresponder a los siglos finales de la Edad Media o a comienzos de la Edad Moderna, algo habitual en los pueblos de la zona, aunque la estructura ha pasado por varias reformas. La fachada, de piedra sencilla, casi se confunde con las viviendas cercanas. Cuando se abre —normalmente en fiestas o celebraciones concretas— el interior guarda retablos e imágenes que llevan aquí generaciones.
Caminos entre pinos y praderas
El paisaje que rodea Castilfrío es abierto y áspero al mismo tiempo. Pinares, pastos y lomas redondeadas que cambian mucho según la estación. En primavera el suelo se llena de hierba fresca y flores pequeñas; en otoño los pinares huelen a humedad y tierra removida.
No hay una red extensa de senderos señalizados como en otros lugares más concurridos. Lo habitual es caminar por pistas forestales o antiguos caminos ganaderos que salen del pueblo y se pierden entre los montes. Conviene llevar mapa o GPS si se quiere caminar largo rato, porque la niebla aparece con facilidad en algunos días y el paisaje se vuelve bastante uniforme.
Si vienes en invierno, ten en cuenta que la nieve puede cubrir caminos y accesos. No es raro que algunas pistas queden impracticables durante días.
Temporada de setas en los pinares
Cuando llegan las lluvias de otoño, los pinares de Tierras Altas empiezan a llenarse de gente con cesta. Níscalos, boletus y otras especies aparecen si la humedad acompaña. Muchos vecinos salen al monte como se ha hecho siempre, con conocimiento del terreno y bastante respeto por lo que se recoge.
En varias zonas de la provincia la recolección está regulada, así que conviene informarse antes de entrar al monte y evitar llevarse más de lo permitido.
Un calendario sencillo, muy ligado al pueblo
Las fiestas suelen celebrarse en verano, cuando vuelven quienes tienen la casa familiar pero viven fuera durante el año. El pueblo cambia entonces de ritmo: más gente en las calles, mesas largas al aire libre y conversaciones que se alargan hasta bien entrada la noche.
En invierno la vida es mucho más tranquila. Todavía hay familias que mantienen costumbres como la matanza del cerdo cuando llega el frío fuerte, una jornada larga que mezcla trabajo y reunión entre vecinos.
Qué tener en cuenta antes de ir
Castilfrío de la Sierra es un pueblo pequeño y aislado. No hay prácticamente servicios, así que conviene llegar con lo necesario si se piensa pasar varias horas por la zona.
El acceso se hace por carreteras secundarias que atraviesan Tierras Altas. Son tranquilas y con poco tráfico, pero en invierno pueden aparecer placas de hielo o nieve en las zonas de sombra. Mirar el parte meteorológico antes de subir nunca está de más.
A cambio, lo que encuentras es algo cada vez menos común: silencio de verdad, noches muy oscuras y un paisaje que cambia despacio, estación tras estación. Aquí el tiempo no corre demasiado. Y se nota.