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sobre Cigudosa
Pueblo con clima más suave por su menor altitud en el valle del Alhama
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Hay pueblos en los que entras y enseguida piensas: “aquí vive más gente en verano que en invierno”. Cigudosa, en Tierras Altas (Soria), es uno de esos. Tiene muy pocos vecinos censados —apenas una quincena— y eso se nota en el silencio, en las calles cortas y en esa sensación de que todo va más despacio que en cualquier otro sitio.
No es un pueblo al que se llegue porque sí. Normalmente apareces aquí después de un buen rato de carretera secundaria, de esas en las que empiezas a ver más cielo que coches. Y cuando por fin asoma el caserío, la impresión es clara: esto es la Soria más despoblada, sin adornos.
Un caserío pequeño y muy abierto al campo
Cigudosa se recorre en muy poco tiempo. Las casas son de piedra, muchas reformadas lo justo para seguir en pie y otras esperando a que vuelva alguien de la familia en verano. También se ven tejados de uralita y antiguos corrales pegados a las viviendas, algo muy común en esta parte de la provincia.
La iglesia de San Pedro queda prácticamente en el centro del pueblo. Es un edificio sencillo, de los que han hecho su trabajo durante siglos sin llamar demasiado la atención. La torre sirve un poco de referencia cuando vuelves por los caminos de alrededor. Las campanas, según cuentan los vecinos, todavía suenan en momentos concretos del año, aunque la actividad religiosa ya no es la de antes.
Alrededor: campos y más campos de Tierras Altas
El paisaje aquí es directo, sin muchos adornos. Campos de cereal, lomas suaves y caminos agrícolas que salen del pueblo en varias direcciones. Es el tipo de terreno en el que puedes caminar sin pensar demasiado en la ruta: eliges un camino y tiras.
En primavera el verde dura poco pero se agradece. En verano todo se vuelve más dorado y el viento corre sin obstáculos. A veces se ven buitres leonados aprovechando las corrientes o algún cernícalo quieto en el aire, como si estuviera colgado de un hilo invisible.
Por los alrededores todavía quedan pajares, tenadas y pequeños muros de piedra que marcaban antiguas parcelas. Son detalles que cuentan cómo ha funcionado la vida aquí durante generaciones, muy ligada al campo y al ganado.
Vida cotidiana en un pueblo de 14 habitantes
Con una población tan pequeña, Cigudosa no funciona como un destino turístico al uso. No hay alojamientos ni restaurantes, y lo normal es que tampoco encuentres tiendas abiertas. La vida diaria depende mucho de los pueblos cercanos de la comarca, donde se hacen las compras y los trámites.
Cuando regresan las familias en verano el ambiente cambia un poco: se abren casas que llevan meses cerradas, aparecen coches aparcados donde normalmente no hay ninguno y las conversaciones vuelven a las puertas.
La cocina que se recuerda aquí es la de toda la vida en esta zona de Castilla y León: guisos contundentes, legumbres, carne de caza cuando la hay y asados que suelen prepararse en reuniones familiares más que en restaurantes.
Las fiestas, cuando el pueblo vuelve a llenarse
Las fiestas patronales suelen celebrarse en agosto, cuando muchos de los que tienen raíces en Cigudosa regresan unos días. No es algo grande ni organizado para atraer gente de fuera. Más bien es un reencuentro: arreglar la casa, charlar en la calle, alguna partida de cartas o dominó bajo la sombra.
Las procesiones y actos religiosos siguen existiendo, aunque con un tono bastante discreto. En esta parte de Tierras Altas las celebraciones suelen tener más de reunión vecinal que de evento.
Llegar a Cigudosa
Desde Soria capital hay que contar aproximadamente una hora larga de coche, dependiendo de la ruta. El último tramo suele hacerse por carreteras comarcales tranquilas, de las que atraviesan campos abiertos y pasan por pueblos muy pequeños.
No es un lugar al que se llegue por casualidad. Normalmente vienes porque estás recorriendo Tierras Altas o porque te interesa ver de cerca cómo son estos pueblos casi vacíos.
¿Merece la pena acercarse?
Cigudosa es ese tipo de sitio que no se visita “para ver cosas”. Si esperas monumentos, museos o planes organizados, te vas a quedar con la sensación de que no pasa nada.
Pero si te interesa entender cómo es la Soria más despoblada —la de pueblos con menos de veinte vecinos, caminos agrícolas y silencio de verdad— entonces parar un rato aquí tiene sentido. Das un paseo, miras el horizonte lleno de campos y, durante un momento, todo va a un ritmo bastante distinto al de cualquier ciudad. Y eso, a veces, ya es suficiente.