Vista aérea de Bermellar
Instituto Geográfico Nacional · CC-BY 4.0 scne.es
Castilla y León · Cuna de Reinos

Bermellar

Aldea en las Arribes del Camaces con castros vetones y paisaje agreste

129 habitantes · INE 2025
639m altitud

Por qué visitarlo

Castro de Saldañuela Arqueología

Mejor época

primavera

Santa María Magdalena (julio) julio

Qué ver y hacer
en Bermellar

Patrimonio

  • Castro de Saldañuela
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Fiestas y tradiciones

Fecha julio

Santa María Magdalena (julio)

Las fiestas locales son el momento perfecto para vivir la autenticidad de Bermellar.

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sobre Bermellar

Aldea en las Arribes del Camaces con castros vetones y paisaje agreste

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En el extremo noroccidental de la provincia de Salamanca, donde Castilla y León abraza la frontera con Portugal, se encuentra Bermellar, una pequeña aldea que parece haberse detenido en el tiempo. Con apenas 121 habitantes, este pueblo de la comarca de El Abadengo se asienta a 639 metros de altitud, formando parte de ese mosaico de localidades fronterizas que conservan la esencia más auténtica de la Castilla rural.

Bermellar es uno de esos sitios que no salen en los folletos de agencia, y eso se nota en cuanto aparcas: aquí no hay prisas, ni filas, ni bares en cada esquina. Aquí no encontrarás monumentos de fama internacional ni infraestructuras turísticas masificadas, sino una versión muy desnuda de la llamada España vaciada: casas de granito que narran siglos de historia, calles tranquilas por las que apenas pasa un coche, y el silencio roto por los pájaros, el ganado y el viento entre los robles.

La comarca de El Abadengo, históricamente vinculada a territorios de señorío y a estructuras de poder eclesiástico, conserva en Bermellar ese carácter ancestral de territorio de frontera. Un lugar donde la arquitectura popular, la ganadería tradicional y los paisajes de dehesa dibujan un escenario muy reconocible para quien conoce el occidente salmantino: sobrio, poco dado al artificio y muy pegado a la tierra.

¿Qué ver en Bermellar?

El patrimonio de Bermellar es el propio de las pequeñas aldeas salmantinas, donde cada elemento arquitectónico cuenta una historia de siglos. La iglesia parroquial preside el núcleo urbano con su construcción tradicional, ejemplo de la arquitectura religiosa rural que caracteriza la comarca. No es una gran catedral, pero sí el corazón del pueblo, y alrededor de ella gira buena parte de la vida local.

Pasear por sus calles es adentrarse en un pequeño catálogo de arquitectura popular. Las casas de granito, con sus muros gruesos y sus pequeñas ventanas, muestran la adaptación lógica al clima continental de la meseta castellana. Muchas conservan elementos tradicionales como los corrales, las cuadras anexas y los patios interiores que antaño sostenían la economía doméstica. No esperes un casco histórico perfectamente restaurado: aquí conviven casas arregladas con otras medio vacías o en ruina, que también cuentan su parte de la historia. El conjunto se ve rápido, pero da juego para callejear un rato y fijarse en detalles.

En los alrededores del pueblo, el paisaje se caracteriza por las dehesas de encinas y robles, un ecosistema mediterráneo de enorme valor ecológico donde pasta el ganado en régimen extensivo. Estos paisajes adehesados, típicos del occidente salmantino, se disfrutan caminando despacio, fijándote en las cercas de piedra, en los charcos para el ganado, en las viejas porteras metálicas. La primavera, cuando el campo se viste de verde intenso y aparecen las primeras flores, y el otoño, con los tonos ocres y dorados, son los momentos más agradecidos.

La proximidad a la frontera portuguesa añade un atractivo adicional. Estamos en tierra de contrabandistas y de historias de paso clandestino, un territorio donde las culturas castellana y lusitana se han mezclado durante siglos. Eso se percibe en el habla, en los apellidos y en la naturalidad con la que se habla de “ir a Portugal” como quien va al pueblo de al lado.

Qué hacer

Bermellar encaja bien si te gusta el senderismo y las caminatas tranquilas sin demasiada gente alrededor. Los caminos rurales que rodean el pueblo permiten realizar rutas de diversa dificultad, atravesando dehesas, arroyos estacionales y pequeños bosquetes de roble. No hay una red señalizada al estilo de destinos más turísticos, así que conviene llevar mapa, GPS o al menos preguntar a algún vecino por los caminos más claros antes de lanzarse al monte. Aquí todavía se pregunta “¿por dónde tiran al arroyo?” y así salen a menudo las mejores rutas.

Estas rutas son buenas para la observación de aves, ya que la zona alberga especies como cigüeñas, milanos y diversas rapaces. No es un parque organizado ni vas a ver fauna cada cinco minutos, pero si caminas en silencio y con prismáticos, suele haber premio.

La micología cobra especial relevancia en otoño, cuando los pinares y robledales cercanos se llenan de setas. Para los aficionados, es época de explorar el monte en busca de níscalos, boletus y otras especies comestibles, siempre con el conocimiento adecuado, respeto al medio ambiente y teniendo claro por dónde se puede y no se puede recolectar. Aquí la gente del pueblo está muy pendiente de “sus” setales, conviene ser discreto y respetuoso.

La gastronomía local es otro de los grandes atractivos, aunque aquí la clave es organizarse: no esperes un abanico enorme de bares y restaurantes abiertos a todas horas. En Bermellar y su comarca se conservan recetas tradicionales basadas en productos de la tierra: carnes de vacuno y cerdo ibérico criados en libertad, embutidos caseros, quesos artesanales y pan de leña que aún se hornea en algunos hogares. El hornazo, el farinato y la chanfaina forman parte del recetario de la zona, que vas a encontrar más fácilmente en casas rurales, comedores sencillos o en casas de familiares que vuelven en verano que en una hostelería pensada para grupos de paso.

Para los interesados en el turismo transfronterizo, la cercanía con Portugal invita a realizar escapadas a localidades lusitanas próximas, descubriendo las similitudes y diferencias entre ambas culturas. Lo habitual es combinar Bermellar con otros pueblos de El Abadengo y cruzar la raya en algún punto cercano, más que quedarse aquí varios días sin moverse.

Fiestas y tradiciones

Como en la mayoría de pueblos castellanos, las fiestas patronales marcan el calendario festivo de Bermellar. Las celebraciones principales suelen concentrarse durante el verano, cuando muchos emigrantes regresan al pueblo, llenando de vida las calles y devolviendo por unos días el ambiente que tuvo antaño.

Las fiestas suelen incluir misas tradicionales, procesiones, comidas populares y bailes donde se reúnen varias generaciones. Más que un espectáculo para el visitante, son encuentros familiares y vecinales. Si te coincide en fechas y te integras con respeto, es una buena forma de entender cómo se vive y se mantiene el vínculo con el pueblo desde la ciudad.

Cuándo visitar Bermellar

La primavera (abril-mayo) y el otoño (septiembre-octubre) son las estaciones más agradecidas, con temperaturas suaves y el campo en su mejor momento para caminar.

En verano hace calor durante el día, pero refresca por la noche. Es cuando hay más vida en el pueblo, aunque también cuando es más fácil encontrarte con algún bar cerrado entre semana o con horarios cambiantes: aquí se madruga poco en fiestas.

El invierno es frío y algo áspero, con días cortos, nieblas y heladas. Si buscas “postal rural”, igual te choca; si quieres ver cómo es la vida fuera de temporada, es cuando el pueblo se muestra más tal cual es.

Errores típicos al visitar Bermellar

  • Esperar demasiada “oferta turística”: Bermellar es pequeño y se ve rápido. Encaja bien como parte de una ruta por El Abadengo o por los Arribes, no como único destino de varios días.
  • Contar con servicios que no siempre están: bares, tiendas y otros servicios pueden tener horarios irregulares o no abrir todos los días, sobre todo fuera del verano. Mejor llevar algo de comida y agua en el coche por si acaso.
  • Subestimar las distancias en coche: en el mapa todo parece cerca, pero las carreteras son secundarias y vas enlazando pueblo tras pueblo. Los trayectos se alargan más de lo que marca el GPS si vas parando a mirar el paisaje.

Lo que no te cuentan de Bermellar

Bermellar es pequeño de verdad: un paseo tranquilo por el núcleo urbano puede llevarte media hora larga. El atractivo está más en el entorno y en la calma que en acumular “cosas que ver”.

Las fotos de dehesas frondosas y cielos azules corresponden sobre todo a primavera; en verano el campo se agosta y el paisaje se vuelve más duro, más amarillo. No es peor, es otro carácter.

Si buscas ambiente continuo, tiendas de recuerdos o una lista interminable de visitas, mejor pensar en Bermellar como una parada dentro de un viaje más amplio por el occidente salmantino.

Si solo tienes…

Si solo tienes 1–2 horas

  • Paseo por el pueblo, fijándote en la iglesia y las casas de granito.
  • Asomarte a los caminos que salen hacia las dehesas para hacerte una idea del paisaje.
  • Charlar un rato con algún vecino si se da la ocasión: aquí la información no está en paneles, está en las personas.

Si tienes el día entero

  • Combinar Bermellar con otros pueblos de El Abadengo.
  • Hacer una ruta a pie por las dehesas cercanas (preguntando antes por el mejor camino según la época).
  • Acercarte a algún mirador de la zona de Arribes o cruzar a Portugal para completar la jornada.

Información práctica

Cómo llegar: Desde Salamanca capital, Bermellar se encuentra a unos 90 kilómetros en dirección noroeste. Se accede por la carretera que conduce hacia Vitigudino y posteriormente desviándose hacia las localidades de El Abadengo. El trayecto dura aproximadamente una hora y cuarto, atravesando paisajes típicamente salmantinos. No hay transporte público frecuente hasta aquí, así que, en la práctica, necesitarás coche propio o compartir vehículo.

Mejor época para visitar: La primavera (abril-mayo) y el otoño (septiembre-octubre) son las estaciones más recomendables, con temperaturas agradables y paisajes en su mejor momento. El verano puede ser caluroso, aunque las noches refrescan y es cuando el pueblo tiene más vida. El invierno es frío y algo áspero, con días cortos, pero refleja bastante bien la realidad de la vida rural fuera de temporada.

Consejos prácticos: Bermellar es un destino para tomárselo con calma. Lleva calzado cómodo, algo de ropa de abrigo incluso en verano para las noches y, sobre todo fuera de temporada, algo de comida y agua por si no coincides con los bares abiertos. Aquí no vas a encontrar muchas distracciones artificiales: si te gusta caminar, observar y bajar el ritmo, encajarás bien.

Datos de interés

Comunidad
Castilla y León
Comarca
El Abadengo
Código INE
37049
Costa
No
Montaña
No
Temporada
primavera

Habitabilidad y Servicios

Datos clave para vivir o teletrabajar

2024
Conectividad5G disponible
Vivienda~5€/m² alquiler · Asequible
CostaPlaya cercana
Fuentes: INE, CNMC, Ministerio de Sanidad, AEMET

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