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sobre Castropodame
Situado en las laderas que dominan el Bierzo Bajo; zona de transición con minas abandonadas y viñedos
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A primera hora, cuando el sol todavía tarda en superar las lomas, el turismo en Castropodame empieza con algo muy simple: silencio y olor a leña. Alguna persiana se levanta despacio. En la plaza, la piedra todavía guarda el frío de la noche. La torre de la iglesia aparece por encima de los tejados, sin imponerse demasiado. Forma parte del paisaje, como las chimeneas o los viejos muros de las huertas.
Castropodame está en la parte baja de los Montes Aquilianos, en El Bierzo. El pueblo ronda los 750 metros de altitud y vive entre viñas, castaños y pequeñas fincas que aún se trabajan. No es un lugar que se transforme mucho para quien llega de fuera. Aquí las cosas siguen girando alrededor del campo y de los ritmos de siempre.
Un pueblo de piedra y bodegas
Las calles son estrechas y a ratos irregulares. Muchas casas conservan muros gruesos de piedra oscura. Algunas tienen corredores de madera que crujen cuando corre el aire de la tarde. En las afueras aparecen bodegas excavadas en pequeños taludes, con puertas bajas y tierra compacta encima.
Los hórreos todavía se ven en algunas fincas. No son muchos, pero recuerdan la forma tradicional de guardar el grano lejos de la humedad. En otoño el olor cambia: humo de chimenea, castañas asándose y mosto reciente que sale de las bodegas durante la vendimia.
Castropodame supera por poco los mil quinientos habitantes. Se nota en el ritmo del día. Por la mañana hay movimiento; a media tarde el pueblo se vuelve más quieto.
La iglesia y el centro del pueblo
La iglesia parroquial marca el centro. La piedra tiene un tono gris apagado que cambia con la luz. Al mediodía parece casi blanca; al caer la tarde se vuelve más cálida.
El edificio actual se levantó en el siglo XVI, aunque ha tenido reformas con el tiempo. La portada es sobria. En algunos canecillos todavía se distinguen figuras talladas, ya gastadas por la lluvia y el viento. Dentro hay bancos de madera muy usados y un retablo barroco que concentra la mirada en el altar mayor.
Alrededor quedan varias casas con balconadas largas y corredores cubiertos. Son detalles pequeños, pero ayudan a entender cómo se construía aquí hace generaciones.
El paso del Camino de Invierno
Por el término municipal pasa el llamado Camino de Invierno del Camino de Santiago. Esta ruta se utilizaba cuando el paso por O Cebreiro se volvía complicado con la nieve. Muchos peregrinos optaban por descender hacia el valle del Sil y seguir por tierras bercianas.
Hoy no tiene el mismo tránsito que otros tramos jacobeos, pero todavía se ven caminantes de vez en cuando. Cruzan el pueblo con paso tranquilo, mochila ligera y bastón. Suelen parar un momento en la plaza antes de continuar hacia otros pueblos del Bierzo.
Castaños y caminos alrededor
Las laderas cercanas están llenas de castaños. Algunos son muy antiguos, con troncos anchos y corteza rugosa que parece retorcida. En otoño el suelo se cubre de hojas ocres y erizos abiertos.
La recogida de castañas sigue siendo habitual entre la gente de la zona. Se hace a mano, recorriendo caminos que a veces apenas se distinguen entre la hierba.
Desde Castropodame salen pistas y senderos hacia aldeas próximas como Las Ventas o Valdecañas. No son rutas exigentes. Más bien caminos rurales que atraviesan viñedos en terrazas, huertas y pequeños sotos. Conviene llevar calzado cómodo, sobre todo si ha llovido: la tierra del Bierzo se vuelve pegajosa con facilidad.
Viñas, botillo y días de fiesta
El vino forma parte del paisaje. Muchas parcelas cercanas están plantadas con mencía, la variedad más extendida en la zona. La vendimia suele empezar a comienzos de septiembre, aunque cada año depende del tiempo y de la maduración de la uva.
Durante esos días se ven remolques cargados de cajas y gente trabajando desde primera hora. También hay momentos de descanso. En las casas se prueban vinos jóvenes y platos contundentes donde aparecen el cerdo, las patatas y el repollo. El botillo sigue siendo uno de los sabores más ligados al Bierzo.
Las fiestas de San Pedro, hacia finales de junio, cambian el ambiente del pueblo durante unos días. Hay procesiones sencillas y reuniones en la calle. Nada demasiado grande. Más bien encuentros entre vecinos y familiares que vuelven esos días.
Castropodame funciona así: sin grandes gestos. Un pueblo donde el paisaje, las viñas y los castaños siguen marcando el paso de las estaciones. Si vienes, merece la pena hacerlo en días tranquilos. Entre semana y sin prisa se entiende mejor cómo respira este rincón del Bierzo.