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sobre Fabero
Histórica cuenca minera del Bierzo; conserva un importante patrimonio industrial visitable como el Pozo Julia
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El Pozo Julia baja más de doscientos metros bajo tierra. La jaula original —la que aún se conserva en el complejo— podía transportar a casi una veintena de mineros por viaje. Hoy permanece como parte de la visita al antiguo pozo, pero el mecanismo y el sonido del cable sobre las poleas recuerdan bien lo que fue este valle cuando Fabero superaba los ocho mil habitantes y los turnos de la mina marcaban el ritmo del día y de la noche.
El carbón que dibujó un pueblo
Fabero no se entiende sin la geología. El antracito —duro, de combustión lenta— aparece en las capas de pizarra de esta parte del Bierzo desde tiempos muy antiguos, aunque durante siglos apenas tuvo explotación. El cambio llegó en el siglo XIX, cuando empezaron a tramitarse concesiones mineras y el carbón comenzó a tener salida en los mercados industriales.
A partir de mediados del siglo XX el crecimiento fue rápido. Entre los años cuarenta y sesenta llegaron trabajadores de otras zonas de León, de Galicia y de Asturias. El casco urbano se expandió con barrios levantados deprisa: casas sencillas, de adobe o ladrillo, tejado de pizarra y calles rectas pensadas más para la funcionalidad que para la estética. Muchos de aquellos mineros mantenían todavía pequeñas huertas o ganado, de ahí que en algunas calles antiguas aún se vean patios amplios o corrales.
La central hidroeléctrica de Fontoria, puesta en marcha en los años veinte, formó parte de ese mismo sistema productivo. La electricidad alimentaba la maquinaria de extracción y el carbón sostenía el resto del circuito económico. Durante décadas todo giró alrededor de la mina. El cierre del Pozo Julia en los años noventa marcó un cambio profundo del que el municipio todavía se está recomponiendo. Aun así, los castilletes, las escombreras y algunas viviendas ligadas a las antiguas compañías mineras siguen definiendo el paisaje del valle.
La iglesia vieja y la nueva
Fabero conserva dos iglesias dedicadas a San Nicolás. La más antigua se remonta al siglo XVI, aunque ha tenido reformas posteriores. Es un edificio sencillo, de mampostería y cubierta de pizarra, propio de la arquitectura rural de la zona.
Cuando la población creció con la llegada de los mineros, el templo quedó pequeño y se levantó otro de mayor tamaño en la parte alta del pueblo. La iglesia más reciente responde a una arquitectura del siglo XX bastante sobria: arcos de medio punto, ladrillo visto y una torre de líneas rectas. No tiene grandes retablos ni decoración destacada, pero desde el atrio se ve parte de las antiguas escombreras mineras, una imagen que resume bien la relación entre el pueblo y su pasado industrial.
La iglesia vieja sigue utilizándose en momentos concretos del calendario. La festividad de San Blas, a comienzos de febrero, suele reunir a muchos vecinos que mantienen la costumbre de sacar al santo en procesión por las calles del entorno.
Un valle que huele a cocido
La cocina de Fabero forma parte de la tradición berciana más ligada al trabajo duro. Son platos pensados para alimentar jornadas largas, muchos de ellos de olla y cocción lenta.
El cocido berciano sigue una secuencia muy reconocible: primero la sopa, después los garbanzos con el botillo y, al final, el repollo acompañado de las carnes. El botillo del Bierzo —producto protegido por indicación geográfica— es el elemento central del plato.
En otoño también aparecen en las mesas las manzanas reineta del Bierzo, que se utilizan para compotas y tartas. En los pueblos cercanos, como Bárcena de la Abadía, las romerías y ferias tradicionales siguen siendo momentos en los que estas comidas se preparan en el campo o en casa de familiares.
Andar entre castaños y castilletes
La antigua mina del Pozo Julia se ha adaptado como espacio visitable y centro de interpretación de la minería. Las visitas suelen hacerse con guía y recorren tanto las instalaciones exteriores como algunas galerías recreadas, lo que permite entender cómo funcionaba la extracción del carbón y cuáles eran las condiciones de trabajo bajo tierra. En muchos casos los guías han trabajado en la mina y explican los detalles con bastante precisión.
Para caminar por el entorno sin entrar en las instalaciones mineras, el valle del río Cúa ofrece varios paseos sencillos. Desde el barrio del Mercadillo parte un camino que sigue el cauce durante varios kilómetros, entre castaños y vegetación de ribera. En algunos tramos aparecen restos de infraestructuras ligadas al transporte del carbón, como viejos apoyos metálicos o taludes de la antigua línea ferroviaria minera.
En otoño el castañar cambia el aspecto de todo el valle y es cuando más gente sale a recorrer estos senderos.
Cómo llegar y moverse
Fabero se encuentra en el suroeste de la comarca de El Bierzo, a algo menos de cuarenta kilómetros de Ponferrada por carretera. El acceso habitual se hace en coche siguiendo la vía que atraviesa el valle del Cúa y conecta varios pueblos mineros históricos.
El núcleo urbano se recorre andando sin dificultad. Para entender mejor la historia reciente del municipio conviene acercarse al entorno del Pozo Julia y a los barrios que crecieron durante el auge de la minería, donde todavía se percibe cómo se organizaba la vida alrededor del trabajo en el carbón.