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sobre Molinaseca
Preciosa villa en el Camino de Santiago con puente romano y calles empedradas; declarada Conjunto Histórico
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El agua del Meruelo corre despacio bajo el Puente de los Peregrinos. A última hora de la tarde la piedra se vuelve dorada y el río refleja el arco casi perfecto del puente. Ahí empieza casi todo el turismo en Molinaseca: gente que se sienta en las losas junto al agua, peregrinos que se quitan las botas, vecinos que cruzan sin mirar demasiado porque lo han hecho toda la vida.
El sonido es constante. Agua, pasos sobre piedra, alguna conversación corta. Molinaseca vive pegada a ese puente desde hace siglos.
El puente y la entrada al pueblo
El puente suele fecharse en época medieval, aunque el paso por este punto es mucho más antiguo. Era la entrada natural antes de llegar a Ponferrada y todavía hoy marca el ritmo del pueblo.
Desde aquí empiezan las calles empedradas. Casas de pizarra y granito oscurecido por el tiempo, balcones de madera con la pintura desconchada. Algunas fachadas están restauradas con cuidado; otras conservan grietas y vigas torcidas que hablan del tiempo sin demasiados retoques.
El conjunto está protegido como Bien de Interés Cultural. Más allá del título, lo que se percibe es continuidad: edificios que siguen cumpliendo su función, no un decorado.
La plaza y la iglesia de San Nicolás
El casco urbano se abre poco a poco hasta llegar a la plaza. Allí aparece la iglesia de San Nicolás de Bari. La fachada es sobria y la torre barroca se eleva un poco más de lo que uno espera al caminar por calles tan estrechas.
Dentro hay retablos oscuros y madera envejecida. Nada grandilocuente. Cuando cae la tarde y baja el ruido del día, el interior queda casi en silencio. Es un buen momento para entrar, sobre todo si el pueblo está lleno de caminantes.
La subida al santuario
En uno de los extremos del pueblo arranca la cuesta hacia el Santuario de Nuestra Señora de las Angustias. No es una caminata larga, pero la pendiente se nota si llegas después de una etapa del Camino.
Desde arriba se entiende mejor el lugar: el río dibujando una curva, las casas agrupadas y, detrás, los Montes Aquilanos cerrando el valle. Al atardecer la luz cae de lado sobre los tejados y el sonido de la carretera llega amortiguado.
El río cuando llega el calor
Junto al puente se forman pequeñas pozas naturales. El agua baja fría incluso en pleno estío. En los meses más calurosos siempre hay gente sentada en las piedras o saltando desde los bordes más bajos.
A mediodía el lugar cambia bastante: toallas, niños jugando, conversaciones que rebotan en la piedra del puente. Si buscas un rato más tranquilo, lo mejor es acercarse temprano por la mañana o entre semana.
El Camino y la salida hacia Ponferrada
El Camino de Santiago atraviesa Molinaseca sin rodeos. Entra por el puente y sigue calle arriba hasta salir hacia Ponferrada. Muchos peregrinos paran lo justo: rellenar agua, descansar un rato junto al río y seguir.
La siguiente etapa suele ser corta y bastante llevadera. El camino avanza entre huertos, viñas y pequeñas parcelas agrícolas que todavía se trabajan en esta parte de El Bierzo.
Cuándo se llena el pueblo
En verano el ambiente cambia bastante. Las pozas del río atraen a mucha gente de la zona y también a quienes llegan desde Ponferrada para pasar la tarde.
Los meses centrales del verano son los más movidos. Si prefieres ver Molinaseca con más calma, conviene venir fuera de los fines de semana o a primera hora del día. A esas horas el pueblo vuelve a su ritmo habitual: pasos lentos sobre piedra, agua corriendo bajo el puente y persianas que se abren poco a poco.