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sobre Villafranca del Bierzo
La 'Pequeña Compostela'; villa monumental con la Puerta del Perdón donde se gana el jubileo
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Enclavada en el corazón de la comarca berciana, Villafranca del Bierzo se despliega como una sorpresa bastante seria para el viajero que recorre el Camino de Santiago. Esta villa de unos 2.500 habitantes, situada a unos 505 metros de altitud, conserva un patrimonio monumental que habla de su importancia histórica como última parada “grande” antes de afrontar la subida a O Cebreiro. Sus calles empedradas, sus casonas señoriales y sus iglesias centenarias convierten el paseo por su casco histórico en algo más que “ver piedras”: aquí se nota que hubo dinero, órdenes religiosas y mucho paso de gente durante siglos.
El paisaje que rodea Villafranca es típicamente berciano: una transición entre la llanura leonesa y las montañas gallegas, con viñedos que trepan por las laderas y castaños que anuncian la proximidad de Galicia. El río Burbia atraviesa la villa aportando frescura y verdor, mientras que en el horizonte se perfilan las primeras estribaciones de los Ancares. Esta ubicación ha convertido a Villafranca en un cruce de caminos, culturas y tradiciones que se percibe en cada rincón… y también en el tráfico de camiones de la A-6 que pasa cerca: no es un pueblo aislado en mitad de la nada, se nota que es nudo de paso.
¿Qué ver en Villafranca del Bierzo?
La Iglesia de Santiago es, seguramente, el monumento más reconocible de la villa. Su famosa Puerta del Perdón permitía a los peregrinos que no podían continuar hasta Santiago de Compostela obtener el jubileo, una dispensa muy excepcional en todo el Camino. Esta iglesia románica del siglo XII, con sus posteriores modificaciones, conserva una portada que ha visto pasar a millones de caminantes a lo largo de los siglos. Por fuera parece pequeña y sencilla, pero la carga simbólica es grande, sobre todo si llegas con la mochila puesta y las piernas ya quejándose.
El Castillo-Palacio de los Marqueses de Villafranca domina la villa desde lo alto. Aunque es de propiedad privada y no siempre es visitable [VERIFICAR], su silueta renacentista es uno de los mejores ejemplos de arquitectura palaciega de la comarca. Tiene más presencia vista desde abajo que como “visita de interior”, así que no te hagas demasiadas ilusiones con lo de entrar. Aun así, compensa pararse un momento a admirar sus torres y murallas desde el exterior, especialmente al atardecer cuando la luz baja y la piedra se vuelve más dorada.
La Colegiata de Santa María de Cluniaco, fundada por monjes cluniacenses en el siglo XVI, llama la atención por su fachada sobria y su volumen, muy distinto de las iglesias pequeñas del entorno. El Convento de San Francisco, del siglo XIII, y el Convento de la Anunciada, fundación de la familia Toledo, completan un conjunto monástico que deja claro el peso religioso y señoril que tuvo Villafranca. No es un decorado: muchas de estas instituciones han marcado la vida del pueblo hasta hace muy poco, y se nota en las devociones y en la forma de organizar las fiestas.
Pasear por la Calle del Agua, el eje principal del casco histórico, permite descubrir casonas blasonadas, balcones de hierro forjado y rincones que cuentan mejor la historia que cualquier panel informativo. Es una calle para ir despacio, fijarse en los escudos, en los patios asomando tras los portones, en las galerías de madera. La Plaza Mayor conserva soportales y edificios nobles que invitan a sentarse un rato y ver cómo se mueve la vida local: gente mayor con su rutina, peregrinos buscando credencial, niños cruzando en bici… No es un pueblo-museo: hay bancos ocupados, coches pasando y bolsas de la compra.
Qué hacer
El Camino de Santiago es, naturalmente, el hilo conductor. Tanto si eres peregrino como si simplemente quieres caminar un tramo, la etapa que parte de Villafranca hacia O Cebreiro es una de las más exigentes físicamente de todo el itinerario. La subida se las trae, así que no la tomes como un paseíto dominguero: madruga, lleva agua y plantéatelo como montaña, no como un paseo urbano. A cambio, las vistas y el cambio de paisaje según vas ganando altura compensan la sudada.
Para los amantes del senderismo que no quieran ceñirse al Camino, las rutas por el valle del Burbia tienen bastante juego. Hay pistas y senderos de diferentes longitudes que se van adentrando en un valle muy cerrado, con pueblos pequeños, huertas y tramos de vegetación muy densa. El camino hacia los pueblos de la sierra permite ver arquitectura tradicional berciana de verdad, la de pizarra y madera, y algún que otro mirador natural sin barandillas ni selfies masivos. Eso sí, conviene mirar bien el mapa: las distancias engañan y las cuestas, también.
La ruta del vino del Bierzo tiene en Villafranca uno de sus puntos fuertes. Varias bodegas de la zona organizan visitas y catas donde conocer la variedad mencía, que aquí no es teoría: la ves plantada en las laderas que rodean el pueblo. El otoño, época de vendimia, funciona especialmente bien para este tipo de visita: hay movimiento en el campo, los colores cambian y se entiende mejor de qué vive la gente, más allá del Camino.
La gastronomía local merece una parada sin prisas. El botillo berciano, embutido tradicional de la comarca, el bacalao al ajo arriero y las castañas en sus múltiples preparaciones son los clásicos. No es cocina ligera, así que mejor combinarla con algo de caminata. En el casco histórico encontrarás locales que mantienen una cocina bastante pegada al producto de temporada: setas en otoño, castañas, berza, embutidos, vinos de la zona… Si vas en pleno verano, asume que los platos son contundentes igual.
Fiestas y tradiciones
La Semana Santa se vive con especial devoción en Villafranca, con procesiones que recorren las calles empedradas del casco antiguo. Las cofradías sacan sus pasos centenarios creando una atmósfera de recogimiento bastante intensa, sobre todo de noche y si el tiempo acompaña. No es un espectáculo para la foto rápida: aquí manda el silencio y la gente del pueblo.
Las fiestas patronales se celebran en septiembre, con actos religiosos, verbenas y actividades para todos los públicos. Es un buen momento para ver el pueblo con más vida de lo habitual, con gente que vuelve solo esos días, peñas, música hasta tarde y mucha mesa compartida. El ambiente es más de cuadrillas y reencuentros que de turismo organizado.
La festividad de Santiago Apóstol, el 25 de julio, tiene especial relevancia por la vinculación de la villa con el Camino. Ese día, la Puerta del Perdón adquiere su pleno significado para los peregrinos que llegan hasta ella, y el ambiente en torno a la iglesia y la Calle del Agua cambia: se mezclan lo litúrgico y lo festivo de una manera muy propia del Bierzo.
Cuándo visitar Villafranca del Bierzo
La primavera y el otoño son, por clima, los momentos más agradecidos. En primavera los valles se vuelven muy verdes y el tiempo suele permitir caminar sin achicharrarse ni pelarse de frío. El otoño tiñe El Bierzo de ocres y dorados, coincide con vendimia y castañas, y el pueblo tiene un punto más activo en cuanto a trabajo en el campo y movimiento en las bodegas.
En verano hace calor, pero las noches suelen refrescar algo y el río y las sombras ayudan. También es cuando más peregrinos hay, así que el ambiente está más animado, pero los alojamientos se llenan antes. El invierno es tranquilo, con días cortos y posibilidad de frío serio y nieblas; puede tener su encanto si sabes a lo que vienes (paseo corto, comida contundente y poco más).
Errores típicos al visitar Villafranca del Bierzo
- Pensar que es un “pueblo de foto” y ya está: el casco histórico se ve rápido, pero la gracia está en callejear sin prisa y, si puedes, enlazar con alguna ruta corta por el valle o por el Camino.
- Calcular mal los tiempos hacia O Cebreiro: mucha gente subestima la etapa. Si sales tarde de Villafranca, con calor y sin agua suficiente, el día se puede hacer muy largo.
- Olvidar que pasa una autovía al lado: algunas fotos parecen sacadas de un pueblo aislado entre montañas. La realidad es que el ruido de la A-6 se oye en varias zonas; si buscas silencio absoluto, toca elegir bien alojamiento y zona de paseo.
Información práctica
Cómo llegar: Desde León capital, Villafranca del Bierzo se encuentra a unos 120 kilómetros por la A-6 en dirección a Galicia. El trayecto en coche suele rondar la hora y veinte, dependiendo del tráfico. También cuenta con conexiones regulares de autobús desde Ponferrada, la capital comarcal, situada apenas a 20 kilómetros, que sirve como base logística para gran parte de la zona.
Si llegas caminando por el Camino Francés, Villafranca funciona como buen punto para hacer noche antes de la subida seria hacia Galicia. Si vienes en coche, ten en cuenta que el casco histórico tiene calles estrechas y con pendiente: mejor aparcar en zonas más llanas y entrar andando.