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sobre Astudillo
Villa medieval declarada Conjunto Histórico; conserva un trazado urbano interesante con restos de muralla y un convento de gran valor artístico; famosa por sus bodegas subterráneas.
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El silencio de una mañana de otoño en Astudillo se cuela por las ventanas abiertas de la iglesia de San Pedro. La piedra arenisca tira a pardo cuando el sol empieza a subir y atraviesa los vitrales con una luz tibia, más dorada que brillante. Dentro huele a cera y a madera vieja. A esa hora apenas pasa nadie por la plaza y el pueblo parece moverse más despacio, como si la mañana aún estuviera decidiéndose.
Astudillo ronda el millar de habitantes y conserva un casco antiguo pequeño, bastante compacto, que se recorre sin darse cuenta. Calles cortas, casas de piedra o ladrillo, soportales donde todavía quedan escudos algo gastados. La historia de Pedro I —al que unos llamaron “el Cruel” y otros “el Justiciero”— aparece varias veces cuando se habla del pueblo, sobre todo al mencionar a María de Padilla y el convento de Santa Clara. Son episodios del siglo XIV que aquí siguen formando parte del relato local.
Iglesias de piedra dorada
La iglesia de Santa Eugenia levanta su torre sobre el caserío con esa mezcla de estilos que suele aparecer en los templos muy antiguos. Hay partes góticas, añadidos posteriores y una portada románica que delata etapas distintas de construcción. No siempre está abierta; en pueblos de este tamaño lo normal es encontrarla cerrada y preguntar si alguien tiene la llave o esperar a los momentos en que suele abrirse.
Algo parecido ocurre con la iglesia de Santa Marina. Forma parte del conjunto monumental del pueblo y aparece pronto cuando uno empieza a caminar por el centro, entre calles tranquilas donde el sonido más constante suele ser el de una puerta que se abre o el motor de algún coche que pasa despacio.
El convento de Santa Clara y la historia de la villa
El convento de Santa Clara es uno de los lugares que más se mencionan cuando se habla de Astudillo. Su origen se remonta al siglo XIV y durante mucho tiempo estuvo ligado a la figura de María de Padilla. El claustro conserva todavía ese aire sobrio de los edificios monásticos castellanos: piedra clara, arcos simples y un silencio bastante denso incluso cuando entra gente.
Cerca aparecen también fragmentos de muralla medieval integrados en algunas calles. No forman un recinto completo ni monumental; son más bien tramos sueltos, muros que asoman entre viviendas o portales. Pero ayudan a imaginar cómo era la villa cuando tenía función defensiva.
Casas nobles y calles tranquilas
El Palacio de los Marqueses de Astudillo, levantado en el siglo XVI, aparece casi de repente al doblar una calle. La fachada blasonada es seria, con líneas rectas y pocas concesiones decorativas. En conjunto encaja bien con el carácter del pueblo: arquitectura noble, pero sin exceso.
Caminar por el centro no consiste tanto en ir de monumento en monumento como en fijarse en los detalles. Un arco que conecta dos casas, un escudo medio borrado sobre un portal, ventanas estrechas protegidas por rejas oscuras. Son cosas que se ven mejor sin prisa, a media mañana o al caer la tarde, cuando la luz lateral marca mejor las texturas de la piedra.
El paisaje del Cerrato alrededor
Al salir del casco urbano el paisaje cambia rápido. Astudillo está en El Cerrato palentino, una comarca de lomas suaves, viñas dispersas y campos de cereal que ondulan más de lo que parece desde lejos. En verano todo se vuelve amarillo pálido; en primavera, el verde ocupa casi cada ladera.
Los caminos agrícolas que rodean el pueblo son anchos y fáciles de seguir, sin grandes pendientes. Eso sí: en los meses de calor conviene llevar agua y protección para el sol. Hay tramos sin sombra durante bastante tiempo y el viento, que aquí sopla a menudo, engaña con la temperatura.
A primera hora de la tarde es frecuente oír solo el roce del cereal moviéndose y algún ave cruzando el cielo. El horizonte queda muy abierto, algo que llama la atención a quien viene de zonas más montañosas.
Un pequeño museo para entender la zona
El museo local reúne piezas arqueológicas encontradas en la comarca y ayuda a situar la historia del territorio mucho antes de la Edad Media. Parte del material procede de yacimientos cercanos de época romana y de hallazgos repartidos por la provincia. Es una parada breve, pero sirve para entender que estas llanuras han estado habitadas desde hace mucho tiempo.
Lo que se come en esta parte de Palencia
La cocina que aparece en los bares y comedores del pueblo sigue bastante pegada al producto de la zona. El lechazo asado es uno de los platos más conocidos, junto a morcillas, legumbres de guiso largo y quesos elaborados con leche de oveja.
Son recetas directas, de horno o de cazuela, pensadas más para alimentar que para adornar el plato. En invierno resultan especialmente agradecidas, cuando el frío del Cerrato se mete entre las calles y apetece algo caliente al terminar de caminar.
El vino también tiene presencia discreta en la zona. En los alrededores todavía quedan pequeñas viñas y bodegas familiares que trabajan con producciones cortas. No es un territorio de grandes marcas, pero sí de vinos que reflejan bastante bien la tierra seca y caliza donde crece la uva.
Si se visita Astudillo en verano o en festivos, conviene llegar temprano para aparcar con calma en las calles próximas al centro. El pueblo es pequeño y muchas calles son estrechas, pensadas más para caminar que para mover el coche. Una vez aparcado, lo mejor es recorrerlo a pie y dejar que el ritmo del lugar marque la visita.