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sobre Castrillo de Don Juan
Pueblo del Cerrato limítrofe con Burgos; situado en una ladera con vistas al valle del Esgueva; conserva arquitectura tradicional.
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¿Sabes cuando conduces por una carretera secundaria de Castilla y, de repente, aparece un pueblo en medio del cereal como si siempre hubiera estado ahí, sin hacer ruido? Castrillo de Don Juan funciona un poco así. Un municipio pequeño de El Cerrato, con algo menos de doscientos vecinos, que vive a su ritmo mientras alrededor todo son campos abiertos y cielo grande.
Aquí no hay nada montado para el visitante. Y dicho así puede sonar a advertencia, pero en realidad es parte de la gracia. Castrillo de Don Juan sigue siendo, ante todo, un pueblo donde vive gente.
Un casco urbano sencillo, muy de Cerrato
El pueblo no tiene grandes monumentos ni plazas espectaculares. Lo que hay es arquitectura muy ligada a la vida agrícola de esta zona: casas de adobe y piedra, portones grandes para carros, alguna fachada con escudo familiar y muchas paredes que llevan ahí más años de los que parece.
La referencia más clara es la iglesia parroquial, dedicada a San Juan Bautista. Su torre sobresale lo justo para que, cuando vienes por la carretera o te mueves por las calles, siempre tengas un punto al que mirar para orientarte.
El resto del casco urbano son calles tranquilas y bastante recogidas. Ventanas pequeñas, muros gruesos y esa sensación de pueblo pensado para inviernos fríos y veranos de sol fuerte.
Detalles que cuentan cómo se vivía aquí
Castrillo no impresiona a primera vista. No es ese tipo de sitio donde sacas el móvil nada más bajar del coche.
Pero si caminas sin prisa empiezan a aparecer detalles curiosos: portones de madera enormes, antiguas cuadras reconvertidas, fechas grabadas en piedra o restos de bodegas tradicionales excavadas bajo las casas. Son pistas de cómo funcionaba la vida aquí cuando todo giraba alrededor del campo y del ganado.
Es de esos pueblos donde uno entiende rápido que cada pared tenía una función práctica.
El paisaje del Cerrato alrededor
El verdadero escenario está fuera del casco urbano. El Cerrato es una comarca de horizontes amplios, con páramos y lomas suaves donde el cereal manda casi todo el año.
En primavera los campos están verdes y el paisaje cambia bastante. A finales de verano, cuando el grano ya está dorado, todo adquiere ese tono amarillo intenso que parece no acabarse nunca.
No hay montañas ni bosques cerrados. Aquí lo que hay es cielo. Mucho cielo. Y si levantas la vista con calma, es fácil ver rapaces planeando sobre los campos.
Caminar por los caminos agrícolas
Una de las formas más simples de conocer el entorno es salir del pueblo por cualquiera de los caminos agrícolas que lo rodean. Son pistas anchas, de las que usan tractores y maquinaria, así que caminar es fácil.
Eso sí: no siempre están señalizadas como rutas. Si te gusta explorar un poco, conviene llevar el mapa del móvil descargado o un GPS sencillo.
Lo bueno es que son recorridos tranquilos, sin tráfico y con buenas vistas del paisaje del Cerrato.
Cuándo merece la pena pasar por aquí
Castrillo de Don Juan gana bastante con la luz baja del día. Al amanecer o al atardecer los campos reflejan esa luz suave que hace que todo parezca más amplio.
Para quien disfrute haciendo fotos de paisaje rural, esas horas funcionan especialmente bien. No hay grandes monumentos en el encuadre, pero sí líneas de cultivo, caminos que se pierden y horizontes muy limpios.
Comer y ver el pueblo con calma
En esta zona la cocina tradicional sigue girando alrededor de lo que da la tierra. El lechazo asado es uno de los platos más conocidos de la provincia y suele aparecer en celebraciones o reuniones familiares.
Las fiestas locales suelen girar en torno a San Juan Bautista, el patrón del pueblo, y es cuando más ambiente se nota en las calles.
Mi consejo con Castrillo de Don Juan es sencillo: no vengas buscando un “plan” concreto. Párate un rato, date una vuelta por el pueblo, sal a caminar un poco por los caminos y mira el paisaje con calma.
A veces el Cerrato funciona así: parece que no pasa nada… hasta que te das cuenta de que precisamente de eso va todo.