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sobre Castrillo de Onielo
Localidad cerrateña con restos de murallas y un aire medieval; destaca por su iglesia y la arquitectura de piedra caliza.
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En el corazón silencioso de El Cerrato palentino, donde las lomas de tierra arcillosa se suceden como olas petrificadas, Castrillo de Onielo se alza a 820 metros de altitud como un testimonio vivo de la España interior más auténtica. Este pequeño núcleo de apenas un centenar de habitantes conserva ese sabor a tiempo detenido que caracteriza a las aldeas castellanas, donde el rumor del viento entre los campos de cereal y el vuelo pausado de las rapaces son la banda sonora cotidiana.
Lejos de las rutas turísticas masificadas, Castrillo de Onielo es, sobre todo, un sitio para bajar revoluciones: casas de adobe y piedra, calles tranquilas y horizonte infinito. Aquí no hay grandes monumentos ni oferta de ocio, pero sí calma, paisaje abierto y esa luz especial que baña la meseta castellana al atardecer.
La comarca de El Cerrato, territorio fronterizo entre Palencia, Burgos y Valladolid, ha sido históricamente una tierra de paso y asentamiento, cuna de pequeños pueblos que guardan siglos de historia entre sus muros de tapial. Castrillo de Onielo es uno de esos lugares donde la arquitectura popular se funde con el paisaje, una imagen muy reconocible de la Castilla rural.
¿Qué ver en Castrillo de Onielo?
El principal atractivo de Castrillo de Onielo está en su conjunto urbano tradicional, un ejemplo claro de arquitectura popular castellana que se ha mantenido bastante fiel a sus orígenes. Las construcciones de adobe, ese material hecho de tierra, paja y agua, dominan el paisaje arquitectónico del pueblo. Pasear por sus calles es como hojear un manual básico, pero real, sobre las técnicas constructivas tradicionales de la meseta.
La iglesia parroquial, como en tantos pueblos castellanos, marca el centro neurálgico de la localidad. Templo sobrio, sin grandes alardes, pero clave para entender cómo se articula la vida en un pueblo pequeño: allí se cruza la gente, allí se conversa y allí se ve quién está y quién vuelve solo en verano.
El entorno natural de Castrillo de Onielo es uno de sus puntos fuertes. Los páramos del Cerrato ofrecen un paisaje de horizontes amplios donde la vista se pierde entre campos de cultivo, barbechos y pequeñas manchas de encinar. Este territorio interesa a quien disfruta con la observación de aves esteparias, con especies como la avutarda, el sisón o el aguilucho cenizo que encuentran aquí su hábitat natural.
Los caminos rurales que parten desde el pueblo permiten adentrarse en este mar de cereales y comprobar de primera mano esa “meseta infinita” de la que tanto se habla. Al atardecer, cuando la luz baja y se enfría el día, es cuando mejor se entiende este paisaje.
Qué hacer
El senderismo y las rutas por los caminos tradicionales son la actividad principal en Castrillo de Onielo. Los antiguos caminos que comunicaban las aldeas del Cerrato ofrecen recorridos de dificultad baja o media, asumibles para caminantes sin gran experiencia si se dosifican bien las distancias. Aquí las cuestas no matan, pero las tiradas largas y el viento sí se notan. Estas rutas permiten descubrir el paisaje cerratense en toda su extensión, atravesando campos de cultivo, pequeños barrancos y elevaciones desde donde contemplar el territorio circundante.
La observación de la naturaleza y la fotografía de paisaje tienen aquí buen material: cielos abiertos, cambios de luz muy marcados y estaciones bien diferenciadas. El cielo de la meseta, con sus amaneceres rosáceos y sus atardeceres anaranjados, funciona muy bien para quien busca fotografías de gran paisaje sin elementos urbanos. Durante los meses de primavera, los campos se tiñen de verde y amarillo con los cereales y las pequeñas flores silvestres; en verano y tras la siega, dominan los tonos pajizos.
La gastronomía local, aunque modesta, refleja los sabores directos de la cocina castellana tradicional. En El Cerrato se mantienen recetas basadas en el lechazo asado, las sopas castellanas, las legumbres de la tierra y los productos de la matanza. Conviene tener claro que en Castrillo de Onielo no hay apenas servicios, así que lo normal es desplazarse a las localidades cercanas para comer y comprar. Aquí se viene con el plan hecho y, si puede ser, con algo de comida y agua ya en el coche.
Fiestas y tradiciones
Como muchas localidades castellanas, Castrillo de Onielo mantiene vivas sus tradiciones festivas a lo largo del año. Las fiestas patronales, que suelen celebrarse durante el verano [VERIFICAR fecha exacta], concentran el calendario festivo del pueblo. Es el momento en que la aldea recupera vida con el regreso de antiguos vecinos y familias que mantienen sus raíces en el pueblo.
A mediados de agosto, muchos pueblos del Cerrato celebran sus fiestas mayores con actos religiosos, verbenas populares y comidas comunitarias que refuerzan los lazos de la comunidad. En Castrillo de Onielo ocurre algo similar, aunque la programación concreta cambia según el año y el impulso que le den los propios vecinos.
Cuándo visitar Castrillo de Onielo
La primavera (abril-junio) y el otoño (septiembre-octubre) son las épocas más agradecidas: temperaturas más suaves, campo verde o recién cosechado y menos horas de sol duro. El verano puede ser muy caluroso debido a la altitud y la ausencia de sombra en la meseta, y si sopla el aire se hace pesado. El invierno resulta crudo y ventoso, con días cortos y sensación térmica baja; el paisaje tiene su interés, pero conviene ir preparado.
Si te interesa ver cereal verde y flores, apunta a finales de abril y mayo. Para cielos limpios, colores ocres y labores agrícolas, mejor finales de verano y primeros de otoño. En días de lluvia o niebla el paisaje cambia por completo: el pueblo se recoge y los caminos pueden embarrarse, así que el plan se limita a un paseo corto por el casco y poco más.
Lo que no te cuentan
Castrillo de Onielo es pequeño y se ve rápido. El casco urbano se recorre en menos de una hora con calma. El viaje solo compensa si lo combinas con otros pueblos del Cerrato o con una ruta más amplia por la comarca; venir solo hasta aquí “a pasar el día” suele saber a poco.
Las fotos de atardeceres y campos infinitos son reales, pero están muy ligadas a la época del año y al estado de los cultivos. En pleno invierno o justo después de la siega, el paisaje es mucho más seco y uniforme. No decepciona si sabes a lo que vienes: amplitud, viento y tierra.
El acceso es sencillo por carretera, pero aquí no hay tiendas, bares ni alojamientos turísticos. Si llegas esperando “vida de pueblo” constante, te encontrarás tranquilidad y poco movimiento, sobre todo entre semana y fuera del verano. Es más un lugar de paso tranquilo o de paseo largo por caminos que un destino con mucha actividad.
Errores típicos
- Pensar que es un destino de día completo por sí solo: el pueblo se recorre rápido. Lo sensato es encajarlo dentro de una ruta por El Cerrato (Baltanás, Torquemada, otros núcleos rurales y miradores).
- Llegar en las horas centrales de verano: el sol cae a plomo y apenas hay sombra. Mejor primeras horas de la mañana o últimas de la tarde, sobre todo si quieres caminar.
- Subestimar los caminos: los perfiles parecen suaves, pero las distancias engañan. Lleva agua, gorra y algo de abrigo si corre aire; en la meseta el viento marca mucho la sensación térmica.
- Contar con servicios que no existen: no des por hecho que habrá bar abierto, tienda o cajero. Revisa combustible, agua y comida antes de salir a dar vueltas por los pueblos.
Si solo tienes…
Si solo tienes 1–2 horas
Paseo tranquilo por el casco, vuelta alrededor de la iglesia, fijarse en las casas de adobe y salir por alguno de los caminos cercanos al pueblo para asomarte al paisaje. Con eso te haces una idea bastante real de lo que es Castrillo de Onielo.
Si tienes el día entero
No lo centres solo en el pueblo. Combínalo con otros municipios de El Cerrato, algún mirador de páramo y, si cuadra, visita a bodegas tradicionales de la zona o a un núcleo algo mayor para completar con algo de patrimonio y restauración.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Palencia capital, Castrillo de Onielo se encuentra a aproximadamente 40 kilómetros. El acceso se realiza por carreteras comarcales en buen estado, enlazando con las vías principales del Cerrato. Conviene consultar el mapa antes de salir, porque no es un pueblo señalizado en grande desde todas las rutas.