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sobre Cubillas de Cerrato
Pequeño municipio del Cerrato; destaca por su iglesia y la arquitectura tradicional de la zona; entorno agrícola y ganadero.
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A primera hora, cuando la bruma todavía se queda baja sobre los campos del Cerrato, Cubillas de Cerrato apenas hace ruido. Algún mirlo en un tejado, el viento rozando las espigas si es temporada de cereal, y poco más. Con unos 60 vecinos censados, este pequeño núcleo del sur de la provincia de Palencia vive rodeado por un paisaje de lomas suaves donde el horizonte siempre queda lejos.
Llegar hasta aquí implica aceptar el ritmo del campo. No hay tráfico ni escaparates; lo que domina es el color de la tierra y las parcelas que cambian con las estaciones.
Calles de adobe y piedra
El pueblo se organiza en pocas calles, sin complicaciones. Casas bajas de adobe, algunas reforzadas con piedra, portones de madera que crujen al abrirse y fachadas donde el sol marca bien las grietas y las capas de cal antigua. Se nota que es un lugar levantado para trabajar la tierra más que para lucirse.
La iglesia parroquial de Santa María es el edificio que más presencia tiene. Desde fuera se aprecian bien los volúmenes sobrios y algunos detalles en las esquinas de la fábrica de piedra, que con la luz de la tarde ganan relieve. No siempre está abierta —como ocurre en muchos pueblos pequeños—, así que lo normal es verla por fuera y seguir el paseo.
Bodegas, corrales y palomares
Al caminar sin prisa aparecen pequeños elementos que cuentan cómo se ha vivido aquí durante generaciones: corrales excavados en el suelo, almacenes pegados a las casas y alguna bodega semienterrada donde antes se guardaba el vino del año.
También quedan palomares, algunos todavía en pie y otros medio vencidos por el tiempo. Son construcciones muy propias del Cerrato. Desde lejos parecen simples cilindros de adobe; de cerca se ven las hileras de huecos donde anidaban las palomas y la textura terrosa de los muros.
El paisaje del Cerrato alrededor del pueblo
Basta salir unos minutos por cualquiera de los caminos que parten del casco urbano para entender el territorio. El Cerrato es una sucesión de lomas suaves cubiertas de cereal. En primavera el verde es casi continuo; en verano llega el dorado intenso; después de la cosecha quedan tonos ocres y grises que el viento mueve con facilidad.
No hay miradores señalizados. Aquí el paisaje se observa caminando por pistas agrícolas, con la sensación de estar en un espacio muy abierto. Al atardecer, cuando el sol cae bajo sobre las lomas, la luz se vuelve anaranjada y las sombras se alargan mucho sobre los rastrojos.
Si te gusta mirar aves, conviene llevar prismáticos. En estos campos no es raro ver cernícalos o aguiluchos planeando sobre los cultivos.
Caminos entre pueblos del Cerrato
Desde Cubillas salen caminos rurales que conectan con otros pueblos de la comarca. Son recorridos fáciles, con poco desnivel, utilizados sobre todo por agricultores. Caminar por ellos es sencillo siempre que se respete algo básico: los sembrados no son senderos.
En días de viento —algo habitual en estas lomas— el paseo cambia bastante. Conviene llevar ropa de abrigo incluso fuera del invierno.
Comer por la zona
En Cubillas de Cerrato no hay bares ni restaurantes. Para comer hay que acercarse a otros pueblos cercanos o a alguna de las localidades mayores de la comarca.
En la zona es habitual encontrar platos muy ligados al campo: legumbres de la tierra, asados de cordero o embutidos curados. También se producen vinos en comarcas cercanas del sur de Palencia y norte de Burgos, que suelen acompañar estas comidas cuando llega el frío.
Cuándo acercarse
Primavera y principios de otoño suelen ser los momentos más agradables para recorrer los caminos del Cerrato. En verano el sol cae fuerte y apenas hay sombras en el campo.
Si vienes en coche, lo normal es aparcar sin problema en las calles del pueblo. Eso sí: conviene hacerlo sin bloquear accesos agrícolas, porque los tractores siguen entrando y saliendo a diario.