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sobre Magaz de Pisuerga
Importante nudo de comunicaciones y localidad residencial; destaca por su castillo-cementerio y la proximidad a Palencia y Venta de Baños.
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En el corazón de El Cerrato palentino, donde las onduladas lomas de cereal se funden con el valle del río Pisuerga, se encuentra Magaz de Pisuerga, un pueblo de poco más de mil habitantes que conserva bastante bien la forma de vida de la Castilla rural. A unos 720 metros de altitud, este municipio resume bien la comarca: tierras de pan llevar, bodegas excavadas en el subsuelo, iglesias con siglos de historia y una tranquilidad que, según de dónde vengas, puede resultar casi chocante.
Pasear por Magaz es recorrer un trozo reconocible de historia castellana. Sus calles angostas, algunas casas de piedra y adobe, y la silueta elevada de su iglesia parroquial hablan de un pasado ligado a la agricultura, al vino y a las rutas que comunicaban las comarcas cerealistas con los puertos del norte. Aquí el tiempo no se ha parado, pero va a otro ritmo, y eso es lo que buscan quienes se acercan hasta este rincón de Palencia.
El Cerrato, tierra de contrastes suaves, encuentra en Magaz de Pisuerga un ejemplo bastante representativo de pueblo castellano que ha intentado mantener su identidad mientras se adapta a la vida actual. Es un lugar para tomarse las cosas con calma, salir al campo sin grandes complicaciones y asomarse a un patrimonio menos conocido que el de otras zonas de Castilla, pero con su interés, sobre todo si te atraen los paisajes abiertos y la vida rural de verdad.
¿Qué ver en Magaz de Pisuerga?
El patrimonio de Magaz de Pisuerga gira en torno a su iglesia parroquial de San Pedro, un templo que combina elementos románicos con posteriores reformas góticas y barrocas. Su torre cuadrada domina el perfil del pueblo y en su interior se conservan retablos que merece la pena mirar con algo de tiempo, no solo entrar y salir. Como en muchos pueblos de El Cerrato, la iglesia fue durante siglos el centro neurálgico de la vida social y religiosa.
Uno de los elementos más característicos del municipio son sus bodegas tradicionales, excavadas en las laderas que rodean el núcleo urbano. Estas construcciones subterráneas, con sus chimeneas cónicas que emergen del suelo, servían para la elaboración y conservación del vino. Aunque muchas están en desuso o son de propiedad privada, pasear por la zona de bodegas permite hacerse una idea bastante clara de la importancia que tuvo la viticultura en estas tierras. Conviene recordar que no es un parque temático: son fincas privadas y hay que respetar accesos y cerramientos.
El entorno natural invita a caminar por los alrededores del río Pisuerga, que discurre cerca del pueblo y ofrece un paisaje de ribera que contrasta con los páramos cerealistas. Los paseos fluviales, especialmente en primavera, muestran una cara más verde y fresca de esta comarca. Conviene ir atento, porque en cuanto te alejas del cauce vuelves rápido a la meseta abierta, con poco árbol y mucho horizonte.
No hay que olvidar el conjunto urbano tradicional, con sus casonas de piedra y adobe, algunas con escudos nobiliarios, que recuerdan la entidad económica que tuvo el municipio en siglos pasados. El urbanismo popular castellano se muestra aquí sin grandes alardes, pero con soluciones prácticas a un clima duro y a una vida ligada al campo: calles pensadas para cortar el viento, patios interiores y fachadas sobrias.
Qué hacer
Magaz de Pisuerga es un buen punto de partida para rutas de senderismo por El Cerrato. Los caminos que conectan los pueblos de la comarca permiten descubrir un paisaje agrícola de gran belleza, especialmente durante la época de la siega o cuando los campos están en flor. Las distancias y los desniveles son moderados, pero conviene recordar que hay pocos árboles: en verano el sol pega fuerte y no hay muchas sombras, así que toca madrugar o dejarlo para última hora de la tarde.
La observación de aves es otra actividad recomendable, ya que los páramos y riberas de la zona acogen especies propias de los ecosistemas cerealistas y fluviales. Águilas, milanos y avutardas pueden avistarse con paciencia y discreción, preferiblemente a primera hora de la mañana o al atardecer y siempre respetando las zonas de cultivo y los caminos rurales. No es un “safari fotográfico” montado, aquí manda el campo y su ritmo.
La gastronomía del Cerrato merece una atención especial. El lechazo asado, las sopas castellanas, las morcillas y los productos de la matanza tradicional forman parte de una cocina contundente y sabrosa. El pan, elaborado en hornos de leña, y el vino de la tierra completan un conjunto culinario muy ligado a la estacionalidad y al calendario agrícola. Si te interesa más comer que hacer fotos, en esta zona se entiende muy bien.
Visitar las bodegas cercanas o conocer cómo se elaboraba tradicionalmente el vino en esta comarca es otra forma de acercarse a la cultura local. Aunque la producción ha disminuido y muchas instalaciones ya no están en funcionamiento, todavía existen iniciativas que mantienen viva esta tradición, sobre todo en época de vendimia. Conviene informarse con antelación, porque no todo está abierto al público de forma regular.
Cuándo visitar Magaz de Pisuerga
La primavera y el otoño son las estaciones más agradecidas para ver el pueblo y su entorno. En primavera, los campos verdes y las temperaturas suaves invitan a pasear sin prisas. En otoño, los tonos dorados de la cosecha y de los rastrojos dan ese paisaje castellano que muchos vienen buscando, con poca gente y mucho cielo.
El verano puede ser muy caluroso durante el día, con jornadas largas de sol y poca sombra fuera del casco urbano, aunque las noches refrescan y se agradece salir a la calle. El invierno es frío y ventoso; si vienes entonces, piensa más en dar un paseo corto y refugiarte bajo techo que en hacer largas rutas por los páramos.
Si llueve, las calles se recorren igual en poco tiempo, pero los caminos de tierra pueden embarrarse bastante. Para salir al campo en esas fechas, mejor calzado que no resbale y asumir que acabarás con algo de barro.
Errores típicos al visitar Magaz de Pisuerga
- Esperar un pueblo monumental grande: Magaz es pequeño y se ve rápido. La visita al casco urbano, la iglesia y un paseo por las bodegas y la ribera se pueden hacer en medio día sin correr. Tiene más sentido combinarlo con otros pueblos de El Cerrato que plantearlo como destino único de varios días.
- Subestimar el clima: En verano, el sol y el calor en los páramos se notan mucho. En invierno, el viento corta. No está de más llevar gorra y agua en verano, y ropa de abrigo en capas en invierno, incluso si vas “solo a dar una vuelta”.
- Confiarse con el coche: Como en muchas localidades pequeñas, no conviene meterse con el coche por cualquier calle. Hay giros cerrados, zonas estrechas y algún que otro callejón sin salida. Mejor dejar el coche en una zona amplia a la entrada del núcleo y recorrer el pueblo a pie.
Si solo tienes…
Si solo tienes 1–2 horas
- Vuelta rápida por el casco urbano.
- Visita a la iglesia de San Pedro si está abierta.
- Paseo hasta la zona de bodegas y una mirada al paisaje cerealista desde las laderas.
Si tienes el día entero
- Mañana de paseo por el pueblo, iglesia y bodegas.
- Comida tranquila con producto local.
- Tarde de caminata sencilla hacia la ribera del Pisuerga o por algún camino agrícola hacia los pueblos cercanos, para hacerse una idea más completa del Cerrato.